martes, 30 de mayo de 2000

Los Candidatos y la Privatización

 

Pulso Económico


Los Candidatos y la Privatización


Por: Jonathan Heath©


Este es el séptimo de una serie de artículos en los que se analiza el pensamiento de los candidatos viables a la presidencia.  En esta ocasión veremos el tema de la privatización.

En la actualidad, el tema de la privatización es uno de los más polémicos.  Nuestra historia nos enseña que hemos pasado por periodos muy difíciles que han terminado para bien o para mal en expropiaciones.  En 1938 se expropió la industria petrolera ante los abusos de los extranjeros.  Siguió la industria eléctrica a principios de los sesenta y finalmente se nacionalizó la banca en 1982.  Cada uno de estos momentos se dio ante un emotivo nacionalismo en respuesta a momentos de crisis en nuestro país.

Posteriormente vino la ola de privatizaciones como contrarrespuesta ideológica cuando el país estaba cerca de un quebranto total.  Aunque la privatización tenía su lógica, se dio mediante operaciones sospechosas y muchas terminaron en fracaso.  Por lo mismo, la sociedad empezó a cuestionar la venta de activos públicos y a exigir mayor transparencia.  Finalmente, cuando se quiso privatizar la industria eléctrica, la iniciativa de ley murió en el debate legislativo.

Llegó un momento en que parecía en que privatizar absolutamente todo parecía mandato del gobierno.  Esto nos lleva a preguntar a los candidatos cuáles son los límites de la privatización  ¿Hasta dónde conviene y cuándo deja de convenir?

La mejor respuesta pertenece a Cuauhtémoc Cárdenas.  Para él la privatización no debe ser una cuestión ideológica, sino simplemente un mecanismo político económico dentro de una gama de opciones para resolver problemas.  Si algo opera bien en manos de quien sea, hay que dejarlo así.  Si algo funciona mal, hay que analizar por qué y después tomar una decisión.  Pero privatizar, o nacionalizar no se debe abordar como una cuestión ideológica o como un fin en sí mismo.

En el caso específico del petróleo se trata de un bien que en un futuro terminará por acabarse.  Cárdenas piensa que si se deja simplemente al manejo privado, en función del interés particular, se puede convertir al país en un productor de crudo sin valor agregado.  El desarrollo de esta industria debe realizarse en función del interés público y no del interés privado.  Sin embargo, mientras queda claro en los casos de exploración, extracción y refinación, existen otras fases del manejo del petróleo en las que es indistinto, siempre y cuando la función se cumpla con toda eficiencia para el usuario del servicio y para el consumidor del producto.

Vicente Fox ve la privatización como un instrumento político que habría que perseguir únicamente cuando conviene.  Por ejemplo, en la actualidad no se necesita privatizar la industria petrolera para poder crecer a tasas de 7 por ciento.  Si no hay la conveniencia política en determinado momento y si no hay la aprobación del pueblo de México, no se debe privatizar.

Para Fox la privatización debe ser funcional, es decir, debe ser un proceso que termine en mejorar el servicio o el producto.  ¿Qué caso tiene introducir un sistema privado de agua potable a una ciudad si se encarece el costo del liquido?  Por ejemplo, Salinas privatizó carreteras en las que el costo de transitar termino por ser mayor, a tal grado que ahora muchas son demasiado caras y se utilizan poco.  Adicionalmente, Fox no visualiza el proceso de privatización como algo que necesariamente se debe vender al mejor postor.  La bursatilización de estas empresas es una opción que le quita el control al gobierno y pulveriza las acciones en manos de muchos.  Pasar de un monopolio público a un monopolio privado no resuelve el problema de fondo.

Para que sea exitosa una privatización, lo primero es garantizar que los precios de esos productos bajan.  Fox ve que el sustento de la apertura de la industria eléctrica tiene que descansar en una mayor competencia que sirva para bajar los precios del recibo de luz para cada familia en México.

Al final de cuentas Vicente Fox favorece la privatización.  El piensa que se deben convertir todas las empresas públicas del Estado en empresas de la sociedad a través de la bolsa de valores.  Sólo en la medida en que el mercado no cuente con la capacidad de administrarlas se puede justificar su permanencia con el Estado.  Sin embargo, pone mucho énfasis en el apoyo popular.

Cuauhtémoc Cárdenas ve la inversión privada como un complemento de la inversión pública, que debe fomentarse cuando haga falta ampliar la inversión.  La venta de las instalaciones eléctricas existentes no va a aumentar la capacidad de generación.  Se puede justificar abrir el sector a la inversión privada para aumentar la capacidad, como un complemento al acervo existente.  Pero sería un error tratar de vender algo que actualmente funciona bien en manos del gobierno.  Esta es la diferencia principal entre la propuesta de Cárdenas y las propuestas de los demás candidatos.

Labastida ha puesto mucho énfasis en que no privatizará la industria petrolera.  En su caso queda claro que el razonamiento es simplemente político.  Su partido ha expropiado, privatizado y nacionalizado las mismas industrias, siempre envuelto en manejos obscuros.  Si ahora promete no privatizar, no existe ninguna certeza que al tomar posesión no cambiará de parecer.  Parece irónico que ahora Labastida acusa a Fox de cambiar de opinión y de expresar propuestas diferentes a audiencias distintas.  Hasta ahora Fox se ha presentado como pragmático, como alguien que no impondría su voluntad por encima de los intereses de la mayoría.  No obstante, en esta lucha de acusaciones mutuas, el que más ha mostrado consistencia es Cuauhtémoc Cárdenas.

En este proceso se deben tomar en cuenta las experiencias pasadas.  ¿A dónde fue a dar el dinero de la venta de los bancos?  ¿De la venta de Altos Hornos?  Tanto Cárdenas como Fox ven la corrupción en los procesos de privatización de los gobiernos priístas como uno de los obstáculos principales.  En un momento dado pudiera convenir privatizar alguna empresa o abrir cierto sector a la inversión privada.  Pero a diferencia del PRI, Fox y Cárdenas proponen transparencia efectiva y un claro manejo de los fondos.


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martes, 23 de mayo de 2000

El Corto

 

Pulso Económico


El Corto


Por: Jonathan Heath®


El Banco de México anunció la semana pasada un incremento en el “corto”, con el fin de fortalecer su postura restrictiva de la política monetaria y así contrarrestar los factores que podrían poner en riesgo el abatimiento de la inflación.  No obstante el uso intensivo de esta política, muchas personas siguen sin entender bien a bien cómo funciona.

Con este año, la política de cortos inicia su sexto año de operación y se ha consolidado como el instrumento principal para inducir un sesgo a la política monetaria.  Sin embargo, a la fecha predominan concepciones equivocadas sobre su operación y sus efectos.  Está falta de entendimiento no se limita a personas ajenas a los temas económicos y financieros, sino también incluye a muchos iniciados.  En este tema no podemos culpar exclusivamente al Banco de México por una falla en su comunicación.  Debemos admitir que los mismos medios de comunicación no han hecho su tarea de investigar y reportar bien su funcionamiento.

Entre los errores de apreciación más comunes se encuentra el de considerar al corto como un retiro de dinero de la circulación.  Por ejemplo, al día siguiente del anuncio, uno de los periódicos de mayor circulación y que presume de un manejo predominante de temas financieros, reporta en primera plana que el Banco de México retirará cada día 200 millones de pesos del circulante.  El mismo día, el Director General de otro periódico similar dice lo mismo en su comentario diario en radio.  Sin embargo, el Banco Central siempre proporciona el crédito suficiente para atender plenamente la demanda de billetes y moneda, incluso cuando esta en vigor el “corto”.

¿Cómo funciona esta política?  En la última semana recibí muchos correos electrónicos con preguntas muy similares, por lo cual intentaré responder por esta vía.

La gran mayoría de las operaciones de efectivo se hace a través de los bancos.  Si a una persona o empresa le sobra dinero, por lo regular lo deposita en un banco y si le falta acude al banco para hacer un retiro.  En sus operaciones diarias para satisfacer a su público, los bancos también tendrán faltantes y sobrantes, por lo que existe un mercado interbancario, es decir, entre los mismos bancos se cubren los faltantes de unos con los sobrantes de otros.

En este mercado interviene el Banco de México como regulador de efectivo para asegurar que la demanda global sea igual a la oferta.  Para este fin, calcula la demanda día a día y a través de una subasta diaria, inyecta o retira dinero para asegurar que no haya faltante o sobrante.  Para ayudar a que el mercado funcione eficazmente, el Banco Central permite que los bancos depositen o giren dinero diariamente a través de una cuenta en el instituto central.

Todas las tardes, después de haber realizado las operaciones del día, los bancos conocen el saldo preliminar de cierre de sus cuentas con el Banco de México.  A partir de ese momento, se permite a los bancos realizar transferencias de fondos entre ellos, con el fin de cubrir la mayoría de sus faltantes con los sobrantes de otros bancos y no con un sobregiro con el Banco Central.

Para este propósito, el Banco de México sostiene una política que castiga cualquier saldo que a través del tiempo no sea igual a cero.  Cada 28 días, el instituto central calcula el saldo acumulado que tiene cada banco en su cuenta.  Si es a favor del banco, es decir, existe un saldo positivo depositado en el Banco Central, éste le da las gracias pero nada más a cambio.  Obviamente, no le conviene a ningún banco depositar en forma continua sus sobrantes en el Banco de México, ya que no recibe intereses.  Más bien, busca depositar este dinero en cualquier otro banco mediante el mercado interbancario.

Igual sucede cuando un banco tiene un sobregiro acumulado, es decir, que el promedio total de sus depósitos y giros en un periodo de 28 días sea a favor del Banco Central.  En este caso, las autoridades monetarias le cobran una tasa de interés muy elevada, equivalente a la tasa de Cetes a 28 días multiplicado por dos, para que el banco prefiera cubrir sus faltantes con los otros bancos.  De esta forma, a todos los bancos les conviene mantener un saldo promedio de cero en sus cuentas con el instituto central.

La mayoría de los bancos centrales en todos los países que sostienen regímenes cambiarios similares, acomoda la oferta de dinero para asegurar que sea igual a la demanda.  Cuando percibe que la demanda es excesiva, busca disminuirla a través de un aumento en la tasa de interés.  Por ejemplo, la Reserva Federal de Estados Unidos establece la tasa que utiliza en sus operaciones interbancarias, llamada la tasa de fondos federales.  En el caso de México, en vez de establecer directamente la tasa interbancaria, el Banco de México busca influir indirectamente en la tasa a través de ciertas señales.  Este es precisamente el caso de los “cortos”.

Cuando el Banco Central quiere inducir hacia arriba la tasa de interés, establece un “corto”, que consiste en abastecer al mercado interbancario vía el mecanismo normal un monto ligeramente menor a la demanda estimada.  De esta forma obliga a los bancos a sobregirarse con el Banco Central por la cantidad faltante y a pagar una tasa de Cetes por dos.  Dado que a ningún banco le conviene quedarse con este sobregiro, están dispuestos a pedirle prestado a los otros bancos, aunque sea a una tasa mayor al mercado, con tal de no quedarse cortos.  Este mecanismo es lo que presiona al alza la tasa de interés.

En ningún momento se establece un retiro de dinero de la circulación.  Todos los bancos están obligados a satisfacer las demandas de liquidez de sus clientes.  Si en un momento dado a un banco le falta liquidez, acude ya sea a los otros bancos o al Banco de México para cubrirlo a través del mercado interbancario.  Si realiza esta práctica continuamente, terminará por acumular un saldo en su contra y pagará una tasa mayor.

Dado que el monto del corto es muy pequeño (apenas 0.13 por ciento de la base monetaria), es muy difícil pensar que su aplicación ejerce una gran presión sobre las tasas.  Más bien, termina únicamente por emitir una señal de restricción, la cual interpretan los bancos como una intención firme de limitar la demanda de dinero y evitar las presiones inflacionarias.



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jueves, 18 de mayo de 2000

Crecimiento, Inflación y el Corto

 

Pulso Económico


Crecimiento, Inflación y el Corto


Por: Jonathan Heath®


El martes pasado se dieron a conocer noticias muy importantes que afectan la marcha de la economía.  Existe preocupación por las Bancas Centrales de México y de Estados Unidos por  las presiones inflacionarias que pueden surgir de una actividad económica demasiado acelerada.

El periodo actual de expansión continua de la economía norteamericana está estableciendo un nuevo récord por su duración y fortaleza.  En el transcurso de los últimos nueve años, la Reserva Federal de Estados Unidos ha emprendido dos ciclos claramente identificados de mayor restricción monetaria para ayudar a prolongar el crecimiento sin que surjan presiones inflacionarias.  El primero fue en 1994 cuando incrementó la tasa de fondos federales en seis ocasiones, y el segundo empezó a mediados del año pasado y continúa a la fecha, también con seis aumentos en la misma tasa.  El resultado ha sido sumamente positivo, ya que no solamente se ha mantenido el crecimiento económico, sino que se ha dado en un contexto de poca inflación y niveles muy bajos de desempleo.

Sin lugar a dudas, la economía mexicana se ha beneficiado de este crecimiento.  Nuestras exportaciones se han ampliado a tasas elevadas por varios años.  Sin embargo, la economía interna ha presentado altibajos a raíz de los shocks del exterior y no ha presentado una expansión uniforme.  Pero poco a poco la expansión de las exportaciones ha generado más empleos y poder adquisitivo y finalmente se observa una recuperación vigorosa de la economía interna.  Esta es muy buena noticia, ya que significa que el crecimiento del PIB del primer trimestre de este año de 7.9 por ciento no es resultado exclusivo de las exportaciones, sino más bien es una expansión más homogénea de nuestra economía.

El crecimiento promedio de los últimos cuatro años ha sido superior a 5 por ciento y como resultado ha generado suficiente empleo para que la tasa de desempleo abierto registre sus niveles más bajos desde que se lleva la encuesta mensual.  Esto significa que la gran mayoría de los mexicanos tienen un trabajo hoy.  Puede ser que el empleo no sea el que deseamos:  No todos reciben los beneficios que marca la ley, ni logran trabajar todas las horas que quieren.  Posiblemente muchos de estos empleos no generen un salario decoroso o por lo menos, pensamos que deberíamos ganar más.  Sin embargo, no hay duda que la gran mayoría tiene trabajo.

Esto lo podemos percibir no solamente a través de las estadísticas de desempleo del INEGI, sino también por los montos de los aumentos salariales que se han otorgado en los últimos meses.  Por ejemplo, en el primer bimestre del año el sector manufacturero otorgó un incremento de 4.6 por ciento por arriba de la inflación.  Lo mismo sucedió en los establecimientos comerciales al mayoreo (6.5 por ciento) y en los al menudeo (5.7 por ciento).  Todo esto significa que la población tiene más trabajo y mejores salarios, lo cual se refleja en un aumento en el consumo.

Desafortunadamente, al igual que en Estados Unidos, una economía que crece en forma acelerada con base en el consumo está en peligro de percibir presiones inflacionarias.  El Banco de México advirtió el mes pasado que los factores principales que han ayudado a abatir la inflación son temporales y que no necesariamente van a repetirse en la segunda mitad del año.  Ante esta situación, lo más recomendable sería apretar la política fiscal para incrementar el ahorro público, frenar el ritmo de expansión y asegurar que no se generen desequilibrios que después podrían causar problemas mayores.  Sin embargo, el gobierno está más preocupado por el proceso electoral y por el hecho de que el candidato oficial ya no esta arriba en las encuestas.  Esto significa que el Banco Central tiene que asumir el liderazgo y aplicar los frenos a través de una política monetaria más restrictiva.

La buena noticia es que finalmente el Banco de México está actuando  en forma autónoma del gobierno federal e independiente del proceso electoral.  A menos de dos meses de las elecciones incremento el corto en anticipación a posibles presiones inflacionarias.  En el pasado, las autoridades monetarias hubieran aplicado un “largo” y hecho todo lo posible para que el PRI pudiera ganar, aunque después viniera una crisis traumática.  Esta es una de las primeras pruebas verdaderas de la autonomía del Banco de México y parece ser que la quiere aprobar.

Por último, conviene aclarar que el corto no significa que se esté retirando liquidez de la circulación.  El Banco sigue satisfaciendo todo el dinero que demanda la economía.  La diferencia es que los últimos 200 millones de pesos lo hacen a través de una ventanilla especial a una tasa muy superior a la que prevalece en la economía.



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martes, 16 de mayo de 2000

Los Candidatos y la Inflación

 

Pulso Económico


Los Candidatos y la Inflación


Por: Jonathan Heath


Este es el sexto de una serie de artículos en los que se analiza el pensamiento de los candidatos viables a la presidencia.  En esta ocasión veremos el tema de la inflación.

Al examinar la política monetaria y el papel del Banco de México, encontramos una diferencia importante entre Vicente Fox y Cuauhtémoc Cárdenas.  Mientras que Fox respetaría la autonomía del Banco a través de la designación de un Gobernador ajeno a la política y comprometido con el abatimiento de la inflación, Cárdenas piensa que es más importante que el nuevo Gobernador tenga sensibilidad política.  Fox plantea la necesidad de reducir la inflación a un nivel de 2 a 3 puntos porcentuales, mientras que según los medios, Cárdenas estaría contento con una inflación de entre 10 y 15 por ciento.

A muchas personas les han inquietado estas declaraciones de Cárdenas y las han utilizado como “prueba” de que su propuesta es populista y peligrosa.  Hace un par de décadas dominaba la creencia de que era recomendable aceptar un poco de inflación para ayudar a acelerar el crecimiento económico.  Sin embargo, la experiencia de muchos países a través del tiempo ha demostrado claramente que esto no es correcto.  Más bien se ha encontrado que la inflación entorpece el proceso de desarrollo.  Incluso, la mayoría de los gobiernos de izquierda en el mundo han adoptado políticas prudentes para combatir eficazmente la inflación.

No obstante, permanecen tres distintas escuelas de pensamiento acerca de la relación entre la inflación y la actividad económica.  Como herencia de un estudio que hace casi cuarenta años realizó un economista inglés, se llegó a pensar que la inflación y el desempleo tienen una relación inversa, es decir, que se puede combatir una o el otro, pero no los dos al mismo tiempo.  Esta relación se conoce como la curva de Phillips.  Aunque ya son pocos los académicos que argumentan que existe tal relación, todavía prevalece la noción entre mucha gente.

La segunda escuela ve la relación entre la inflación y la actividad económica como neutral, es decir, una no afecta a la otra y son problemas distintos.  Esta idea fue desarrollada inicialmente por la escuela monetarista, que sostenía que si bien una expansión monetaria podría tener un efecto positivo sobre la actividad económica, era únicamente de carácter temporal y con el tiempo lo único que terminaba por producir era mayor inflación.

La tercera, que es la que domina en la mayoría de las universidades, es que la relación entre la inflación y la actividad económica es inversa, es decir, la inflación afecta negativamente al desempeño económico del país, lo que quiere decir que una forma de lograr mayor crecimiento es a través del abatimiento de la inflación.

Tal parece que las declaraciones del Ingeniero Cárdenas, en cuanto a favorecer una inflación de entre 10 y 15 por ciento, fueron sacadas de contexto.  En entrevista directa habló de la importancia de eliminar la inflación y el mal que hace a la sociedad.  Al platicar de estas tres visiones distintas, Cárdenas dijo sin titubear que pensaba que la inflación perjudica al crecimiento económico y que él esta de acuerdo con la tercera escuela de pensamiento expuesto anteriormente.  Al preguntarle directamente su opinión sobre la prioridad que debería tener el abatimiento de la inflación, respondió que es muy importante tener una inflación muy baja o inclusive no tener inflación.  En un país como el nuestro se necesita estabilidad y el abatimiento de la inflación es sin duda muestra de ello.  Para quienes no manejan las cuestiones económicas, para quienes simplemente saben lo que cuestan las cosas, la inflación significa que el ingreso alcanza cada vez menos para nuestras necesidades.  Por lo mismo, no parece correcto etiquetar al Cuauhtémoc Cárdenas de populista o de pertenecer a la izquierda de antaño.

Vicente Fox comparta la visión de que la inflación es un impedimento para el crecimiento económico.  El piensa que se requiere disciplina para llevar la inflación a un nivel inferior a 3 por ciento.  Sin embargo, habría que realizar este esfuerzo en forma gradual y no reventar toda la economía por alcanzar esa tasa en un plazo perentorio e inmediato.  Aunque el abatimiento de la inflación es de suma importancia, no debe ser el ancla de anclas, es decir, el fin último de la economía.

Otra pregunta sobre la inflación y la política monetaria que se hizo a los candidatos fue relativa a las tasas de interés.  ¿Por qué tenemos actualmente una tasa de interés elevada en México?  Para Fox, se debe al alto riesgo país que existe como resultado de la falta de credibilidad y de confianza en el gobierno.  En primer instancia, como resultado de la carencia de planes de mediano y largo plazos que no ha permitido la definición de un proyecto de nación bien estructurado.  En segunda instancia, por la persistencia de una inflación elevada.  En tercer lugar, por el nivel reducido de ahorro interno, que hace que el capital sea un bien escaso en el país.  Por lo mismo, para reducir el costo del crédito se tiene que fomentar el ahorro interno y sostener la salud financiera del propio gobierno federal.  La idea de llegar a tener un superávit fiscal para el cuarto año de gobierno es fomentar el ahorro interno y ayudar a que bajen las tasas de interés.

Para Cárdenas, el diferencial entre tasas pasivas y activas es más alto que el que se tienen en otros países y esto es resultado de la falta de competencia en el sector bancario.  En los últimos años la banca no ha funcionado, lo que ha contribuido a encarecer el crédito.  En la medida en que se pueda reactivar la actividad económica y fomentar más la competencia entre bancos, seguramente podrá darse una baja en el costo del crédito.

Aunque con matices, los dos candidatos respetarían la autonomía del Banco Central y le dan importancia a la lucha contra la inflación.  Esto significa que el Banco de México podrá sostener su meta de reducirla al nivel de nuestros socios comerciales para el 2003.  La única parte que quedaría por definir sería la de la política cambiaria, ya que para evitar una mayor apreciación, como proponen ambos, se dificultaría el abatimiento inflacionario.



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jueves, 11 de mayo de 2000

Los Candidatos y la Política Monetaria

Pulso Económico


Los Candidatos y la Política Monetaria


Por: Jonathan Heath


Este es el quinto de una serie de artículos en los que se analiza el pensamiento de los candidatos viables a la presidencia.  En esta ocasión analizamos la política monetaria.

Después de 63 meses, México tiene inflación de un dígito.  A raíz del golpe de la devaluación de diciembre de 1994, la inflación tomó una tendencia alcista en 1995 y llegó a su pico, 51.96 por ciento, en diciembre de ese año.  Después pasaron 51 meses antes de que la inflación volviera abajo de 10 por ciento.

En el transcurso de este periodo, el Banco de México ha enfrentado una crisis de credibilidad, ya que no ha encontrado la manera de abatir la inflación en forma más efectiva.  La política monetaria ha sido básicamente acomodaticia, lo cual significa que no es una política agresiva.  Se le ha criticado por utilizar el instrumento poco efectivo de los cortos, que a través de señales induce un aumento en las tasas de interés para disminuir la demanda de dinero.  Sin embargo, los últimos años han registrado un crecimiento acelerado en la oferta de dinero y la reducción de la inflación ha sido sumamente lenta.

En principio el Banco Central es una entidad autónoma del gobierno federal, que decide en forma independiente las directrices para abatir la inflación.  Por lo mismo, es importante que exista un respeto mutuo entre la autoridad monetaria y el Poder Ejecutivo.  Sin embargo, sigue siendo el Ejecutivo él que nombra a los miembros de la Junta de Gobierno y se necesita su cooperación para erradicar el aumento sostenido en los precios.  Esto nos llevó a preguntar a los candidatos si están de acuerdo con la conducción de la política monetaria actual y por qué.

Cuauhtémoc Cárdenas opina que es un error llevar a cabo una política monetaria que mantenga o promueva la sobrevaluación del peso.  Incluso, las mismas normas del gobierno federal (por ejemplo, el Plan Nacional de Desarrollo) hablan de la necesidad de evitar que el peso se desvié de su valor real con otras monedas.  Por lo mismo, ir a una sobrevaluación, que según distintas estimaciones puede ser entre 15 y 25 por ciento, es volver a prácticas que nos han dejado experiencias amargas.

Vicente Fox ve como algo muy positivo la independencia del Banco de México, aunque asegura que falta avanzar más en esa materia.  En cuestión de la política cambiaria, no es tan importante el sistema que se esté siguiendo, si el de flotación o un Consejo Monetario, sino que atrás haya una disciplina férrea en el cumplimiento de las variables de la economía.  En este sentido, es de suma importancia la cooperación de la política fiscal para no dejar a la política monetaria operando sola, sin apoyo.  Por lo mismo, Fox propone tener un superávit fiscal a partir del cuarto año de gobierno, junto con una balanza de pagos nivelada y equilibrada.  Si se cumple con la disciplina en todas las tareas macroeconómicas que están en manos del gobierno, el resultado es una moneda firme y un sistema monetario estable que le da fuerza y salud a la economía.

Uno de los puntos en que puede influir bastante el Presidente es la designación del siguiente Gobernador del Banco, cuyo periodo empezaría a partir de 2004.  Por lo mismo, se le preguntó a los candidatos sobre cuál sería su perfil ideal, si debiese ser más político y ser sensible a las inquietudes de la población o ser un tecnócrata especializado en el tema.  Aquí las respuestas fueron diametralmente opuestas.

Fox opinó que el Gobernador ciertamente tiene que ser un profesional especializado en el tema, de carácter fuerte, que no se deje manejar de ninguna manera, ni por compasión, ni por el gobierno, ni por el Presidente de la República, ni por ningún elemento que no contribuya a alcanzar la meta que debe tener el Banco de México, que es la estricta disciplina en las políticas monetaria e inflacionaria.

Cuauhtémoc Cárdenas respondió que la sensibilidad respecto a la situación política y la situación social siempre es útil en cualquier función.  Quien solo se maneje con cifras, quien solo se maneje dentro de un escritorio frente a la computadora sin saber lo que sucede a su alrededor está finalmente fuera de la realidad.

Esta diferencia de opinión entre los dos candidatos más importantes, refleja filosofías opuestas.  Mientras que Fox respetaría la autonomía del Banco a través de la designación de un Gobernador ajeno a la política y comprometido con el abatimiento de la inflación, Cárdenas limitaría la autonomía con un Gobernador político, que con un solo instrumento estaría tratando de resolver múltiples problemas en todo el país.

¿Y Labastida?  Como no respondió al cuestionario, suponemos que se manejaría en la ambigüedad de ambos enfoques.


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martes, 9 de mayo de 2000

Los Candidatos y la Disciplina Fiscal

 

Pulso Económico


Los Candidatos y la Disciplina Fiscal


Por: Jonathan Heath®


Este es el cuarto de una serie de artículos en los que se analiza el pensamiento de los candidatos viables a la presidencia.  En esta ocasión continuaremos con el examen de la política fiscal.

El financiamiento del desarrollo en nuestro país es uno de los temas que más problemas han ocasionado en el pasado.  El elevado nivel de pobreza, la distribución inequitativa del ingreso y la población creciente, se han combinado para crear una lista casi interminable de necesidades, tanto sociales como económicas.  Sin embargo, la falta de recursos siempre ha sido una de las principales limitantes.  En el pasado se ha recurrido al gasto público sin el respaldo apropiado de ingresos, lo cual ha ocasionado el endeudamiento desmedido y cargas de deuda excesivas.  Al mismo tiempo, ha limitado al sector privado el acceso al crédito y ha creado presiones inflacionarias, con todas las distorsiones que lo acompañan.

La experiencia mexicana, latinoamericana y de muchos otros países del mundo, nos ha enseñado que el tema de la disciplina fiscal es de vital importancia.  Afortunadamente, todos los candidatos a la Presidencia, independientemente de su posición ideológica, están de acuerdo en que ya no podemos recurrir al déficit público como mecanismo viable de financiamiento.  Los partidos de izquierda en todo el mundo, que eran los que proponían el gasto deficitario como instrumento efectivo de política económica, han aceptado que no es viable gastar lo que no se tiene.  Afortunadamente, la izquierda mexicana (en su mayor parte) se ha modernizado al mismo paso.

No obstante, no todos han adoptado en la misma magnitud la idea de la disciplina fiscal.  Mientras nadie propone un déficit de 5 por ciento o más, sí hay quien piensa que un déficit de 3 por ciento es aceptable y hasta manejable para el servicio de la deuda pública.  No todos comparten la idea de que un superávit fiscal ayudaría a incrementar el ahorro interno, reduciría la carga de la deuda y ayudaría a un mejor desenvolvimiento del sector privado.  Por otro lado, todos los candidatos han expresado múltiples necesidades de gasto sin ser muy explícitos en cómo lo financiarían.

Por lo mismo, se le preguntó a cada candidato si estaría de acuerdo o no en una legislación, como ha ocurrido en otros países (inclusive a nivel Constitucional), para forzar a los gobiernos a manejar finanzas equilibradas.  Vicente Fox respondió que ciertamente habría que consolidar la autonomía total del Banco de México como autoridad monetaria para que efectivamente no pueda ser manoseado, como un primer paso definitivo para evitar los déficit elevados.  Además, sería conveniente llevar a ley un tope para el déficit fiscal.  Valdría la pena legislar para que en ninguna circunstancia éste pueda rebasar el 1.5 por ciento del PIB.

Con esta respuesta, nos damos cuenta de que Fox no está dispuesto a tomar las medidas necesarias para equilibrar totalmente las finanzas, aunque sí establecer ciertas limitaciones. Es conocida la propuesta del panista de llegar a registrar un superávit fiscal a partir del cuarto año de gobierno.  Sin embargo, ante la duda de qué tipo de compromisos pudiera llegar a heredar, prefiere comprar tiempo para impulsar la reforma fiscal y combatir la evasión, antes de llegar a las finanzas sanas.

Para Cuauhtémoc Cárdenas es importante manejar con orden las finanzas y asegurar que no se nos dispare los déficit, dado que se estarían creando huecos que luego no se pueden tapar.  La política hacendaria en general debe llevar un sentido equilibrado, esto es que no tenga déficit, por que es cuando se presentan los problemas.  Sin embargo, cuando un país enfrenta tantas necesidades como el nuestro ahora, introducir la obligatoriedad del equilibrio en la norma constitucional parece que puede ser riesgoso en un momento dado, en el sentido de que puede ser un principio muerto.  Pudiera presentarse una situación en que por las condiciones mismas no se puede respetar cómo se muevan las fuerzas económicas de un país.  Pero como tendencia general y como compromiso político, a Cárdenas le parece válido tener finanzas equilibradas y desde luego manejadas con cuidado.

Al igual que Vicente Fox, Cuauhtémoc Cárdenas está de acuerdo en el manejo prudente de las finanzas públicas, pero no al extremo de comprometerse con un mandato constitucional.  No queda claro cuál sería el limite para un déficit aceptable, aunque en caso de incurrir en él, se manejaría como una situación temporal para enfrentar una condición adversa.  Ninguno de los dos comparte la tesis monetarista de promover el equilibrio fiscal ante cualquier cosa.

¿Cuál sería la posición de Labastida?  Aunque aquí no contamos con una respuesta directa, nos la podemos imaginar muy bien a través de la experiencia de los gobiernos priístas.  Carlos Salinas prometió la disciplina fiscal hasta el final de su sexenio y se le debe acreditar con el solo hecho de haber eliminado el déficit elevado que heredó del Presidente De la Madrid.  Sin embargo, ante la necesidad de incrementar el gasto en el último año de su sexenio, manipuló la definición del déficit de tal forma que aparentó sostener un balance en las finanzas públicas, mientras aumentaba el gasto en rubros excluidos del déficit económico manejado.

Si examinamos las finanzas públicas en la actualidad, todavía podemos encontrar indicios de prácticas similares.  Por ejemplo, mientras la Secretaría de Hacienda reporta que el déficit fiscal del año pasado fue de 1.14 por ciento del PIB, mejor que la meta de 1.25 por ciento, la estimación de los requerimientos financieros del Sector Público realizada por el Banco de México se acerca a 1.9 por ciento del PIB.  Igual, sabemos que existen muchos conceptos de gasto público que no están contemplados en el déficit reportado.  Estimaciones de los analistas del PRD llegan a cifras muy por arriba de las que se manejan oficialmente.

Esto nos lleva a pensar que es irrelevante lo que pudiera prometer el PRI ya que al final de cuentas acomodaría la definición del déficit para reflejar el gasto que le conviene y no el que realmente se dio.  Este es otro ejemplo de por qué no existe la rendición de cuentas en el régimen actual.


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jueves, 4 de mayo de 2000

Los Candidatos y la Política Fiscal

 

Pulso Económico


Los Candidatos y la Política Fiscal


Por: Jonathan Heath®


Este es el tercero de una serie de artículos en los que se analiza el pensamiento de los candidatos viables a la presidencia.  En esta ocasión examinamos el papel que juega la política fiscal en la economía.

Todos los candidatos han hablado de la necesidad y urgencia de una reforma fiscal en México.  ¿Por qué es necesaria?  Vicente Fox piensa que hacen falta más ingresos para el Estado para atender los rezagos y resolver problemas de inequidad en el país.  Tenemos una base fiscal muy débil, producto de las políticas incoherentes de los gobiernos priístas.  Resulta necesario simplificar la estructura fiscal para reducir los estímulos a la evasión y realizar ajustes en la política fiscal para promover el ahorro y la inversión.

El gobierno actual ve la limitación fiscal principalmente en la baja recaudación tributaria.  Aunque Fox está de acuerdo, piensa que el gobierno ha sido cómplice en los resultados de la recaudación, dado que ha fomentado la economía informal a través del trámite excesivo y la corrupción existente.  Para aumentar la recaudación hay que hacer más atractiva la parte formal de la economía.

Cuauhtémoc Cárdenas ve que el sistema fiscal actual no aporta los recursos suficientes para la inversión pública en el desarrollo que requiere el país.  No es un sistema que resulte promotor de la inversión productiva.  Por lo mismo, habría que cambiar el sistema para que estimule la inversión y que genere los recursos suficientes para enfrentar las necesidades de acelerar el crecimiento y atender las demandas de carácter social.

Cárdenas pone énfasis en la necesidad de suprimir las excepciones que contempla la ley que permite la evasión y elusión en el pago de impuestos.  Al simplificar el sistema fiscal debe aumentar la recaudación.  No obstante, el instrumento principal debe ser el aceleramiento del propio crecimiento económico.  Si no aumentamos el producto, difícilmente habrá aumentos sustanciales en la recaudación.

En principio, no existe una diferencia sobre los por qué de la necesidad de una reforma.  Sin embargo, existe una brecha muy amplia entre lo que tendría que contener.  Mientras que Fox recomienda la eliminación de impuestos especiales para concentrar la atención únicamente en el Impuesto Sobre la Renta (ISR) y el Impuesto al Valor Agregado (IVA), Cárdenas pone más énfasis en la necesidad de tener impuestos más progresivos.  Los dos sostienen que sus propuestas aumentarían la recaudación y que serían sistemas más justos.

Sin embargo, ninguno de los dos ha pensado a fondo las implicaciones de sus propuestas.  Más bien, son pensamientos que reflejan el sentir popular, pero que no necesariamente funcionarían.  Por ejemplo, Fox propone eliminar los impuestos especiales para aumentar la recaudación, pero sin tomar en cuenta que son precisamente éstos los más fáciles de administrar y que representan una fuente importante de recursos para el Estado.  En el pasado, el gobierno ha acudido a los impuestos sobre la gasolina, automóviles nuevos, cerveza, cigarros y otros bienes similares, por ser una fuente segura de ingresos.  Si se eliminan estos impuestos antes de reducir la evasión fiscal en el pago del ISR y el IVA, podría ocasionar un pérdida importante de ingresos al Estado.

Igual sucede con la propuesta de Cárdenas.  La utilización de impuestos directos progresivos ha dejado de ser la base central de los sistemas impositivos en la mayoría de los países desarrollados.  Se ha visto que crea distorsiones y estímulos perversos o negativos a la producción.  En cambio, los impuestos más eficientes y fáciles de administrar son los indirectos, como el IVA, siempre y cuando se simplifique su estructura a una sola tasa sin exenciones.  Sin embargo, un impuesto al consumo no suena equitativo para las personas de menores ingresos.

En el fondo, no se puede tener un sistema que sea justo, que estimule la inversión productiva y al mismo tiempo, aumente la recaudación.  Lo que aparenta ser justo para los de bajos ingresos, no va a premiar la productividad y la eficiencia.  Los impuestos más fáciles de recaudar no necesariamente apoyan la inversión productiva.  Por lo mismo, el nuevo gobierno tendrá que decidir cual de los objetivos es el más importante y sacrificar parte de lo demás.

Este mismo dilema se ha observado a través de los últimos años y es una de las principales causas por las que no hemos tenido una reforma fiscal hasta la fecha.  Aunque todos están de acuerdo en que la necesitamos, no existen los consensos necesarios para definir las prioridades.  Esto significa que independientemente de quien gane la presidencia en julio próximo, va ser difícil que tengamos la tan anhelada reforma.


Sugerencias y comentarios al email: heath@infosel.net.mx


martes, 2 de mayo de 2000

Los Candidatos y el Mercado

 

Pulso Económico


Los Candidatos y el Mercado


Por: Jonathan Heath®


Este es el segundo de una serie de artículos en los que se analiza el pensamiento de los candidatos viables a la presidencia.  En esta ocasión examinamos el papel que juega el mercado en la economía.

La semana pasada vimos que Vicente Fox critica la fe ciega en el mercado como promotor del desarrollo, mientras que Cuauhtémoc Cárdenas censura el hecho de que se ponga el interés en el mercado como un fin en sí mismo y no como un medio para lograr el bienestar de toda la población.  En cambio, Francisco Labastida ve a “una economía de libre mercado como la mejor opción para generar riqueza, empleo y crecimiento”, lo cual significa la continuación de la política económica aplicada en el transcurso de los sexenios de Carlos Salinas y de Ernesto Zedillo.

A cada candidato le preguntamos si cree en los mecanismos del mercado para la asignación de bienes y servicios en la economía.  Cuauhtémoc Cárdenas respondió inmediatamente que “sin duda alguna, sólo que el mecanismo no es la finalidad en sí”.  Para Cuauhtémoc Cárdenas lo que hay que entender es que lo que estamos persiguiendo es elevar niveles de vida a través de mayores ingresos y salarios, con la creación de empleos.  Por lo mismo, hay que organizar la economía y aprovechar los mercados abiertos para alcanzar estos objetivos.  La diferencia con el régimen actual es que el objetivo no sería abrir los mercados y ver qué sucede, sino utilizar los mercados con propósitos claros para nuestro provecho.

Vicente Fox cree en los mecanismos del mercado pero de manera limitada.  Para él, sirven para generar riqueza pero no se pueden utilizar siempre y en todos los casos.  Para ejemplificar su pensamiento, pone de evidencia el sistema financiero comercial que cubre a lo mucho el 25 por ciento de la población.  El 75 por ciento restante son mexicanos que están excluidos del acceso a crédito, no son “bancables”.  Dado que no producen una utilidad en la operación de crédito para la banca, el sistema formal los ignora.  Por lo mismo, se necesita la intervención del gobierno para aplicar sistemas de banca y ahorro que sean accesibles a la gente de menores recursos.  No se trata de subsidios, sino de la búsqueda de una alternativa al mercado que sin generar distorsiones ni crear una carga fiscal, pueda servir a la población de menores recursos.

Vicente Fox no está a favor de los precios controlados, precios de garantía, subsidios y demás mecanismos para resolver las imperfecciones del mercado.  Más bien lo que él busca es el impulso del desarrollo económico desde el Estado y la sociedad en armonía con el mercado.  Al mercado no se le pueden imponer precios, fronteras o controles sin consecuencias peligrosas.  Por lo mismo, no hay por qué reñir y pelear entre la acción del gobierno y el mercado, sino trabajar en armonía.

Si en un momento dado surge un problema de escasez de un producto en el país, la primera opción para Vicente Fox sería la de revisar la estructura del mercado para buscar imperfecciones en la libre interacción de la oferta y la demanda para corregirlas y dejar que el mercado funcione.  En cambio, Cuauhtémoc Cárdenas discriminaría entre los diferentes productos antes de reaccionar.  Si se tratara de un producto como el maíz, el gobierno no puede esperar a que funcionen las fuerzas del mercado.  Habría que ayudarlo y orientarlo para que no haya desabasto de un producto básico.  En cambio, si estamos hablando de la escasez de Mercedes 300, pues habría que dejar que el mercado se acomode solo.  Por lo mismo, la respuesta del gobierno tiene que responder a cada caso en forma particular y no aplicar una política general.

En términos generales, Cuauhtémoc Cárdenas está a favor de los precios controlados y de garantía, al igual que del uso de subsidios y demás mecanismos para corregir las imperfecciones del mercado.  Para ejemplificar, pone el caso de los productos agropecuarios y compara nuestra situación con la de nuestros socios comerciales.  Son países que en forma directa o indirecta dan grandes subsidios a sus productores agropecuarios.  Tanto Estados Unidos como Europa utilizan subsidios para sus productores agropecuarios.  Entonces, México tiene que pensar en crear condiciones equitativas para una buena competencia.  En este caso, la intervención en el mercado obedece a la necesidad de corregir una competencia injusta por parte de nuestros socios.

Queda claro que Cuauhtémoc Cárdenas no está en contra de que se mantengan abiertos nuestros mercados ni de insertarnos en los procesos de globalización.  Se opone a las políticas proteccionistas a ultranza como hubo en alguna época.  Más bien su punto de vista medular es que necesitamos aprovechar los mercados y las fuerzas mismas de la globalización para beneficio del país.  Esta es la diferencia principal con el régimen actual, que piensa que si se aplica la lógica del mercado en toda instancia, los problemas del país se resolverían por sí mismos.  Detrás de su discurso, Labastida propone hacer lo menos posible, al igual que sus precursores, ante la creencia de que las fuerzas del mercado pueden resolver todo.

Vicente Fox piensa que el mercado opera muchas veces en contra del que tiene menos recursos.  La idea de proporcionarle un rostro humano es la de ayudar al segmento más necesitado de la población a tener las mismas oportunidades.  Si esperamos a que funcione el mercado por si solo, podrían pasar 10 o 15 años antes de que el desarrollo gotee y llegue a los bolsillos y a las mesas de la mayoría de las familias.  No solamente es importante generar riqueza, sino además asegurar que se distribuya adecuadamente.  Es indispensable buscar la generación de empleos antes que la racionalidad económica de las utilidades, ya que hasta ahora el crecimiento económico ha sido de beneficio exclusivo para la población de altos ingresos.

Ni Vicente Fox ni Cuauhtémoc Cárdenas están peleados con el mercado.  Los dos lo ven como el mecanismo ideal para asignar la mayoría de los bienes y servicios dentro de la sociedad.  Sin embargo, ninguno de los dos piensa que es un mecanismo infalible que habría que utilizar ciegamente en todos los casos.  ¿Lo pensará Francisco Labastida?


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