lunes, 22 de diciembre de 1997

El Salario (muy) Mínimo

 Pulso Económico


El Salario (muy) Mínimo


Por: Jonathan Heath


El viernes de la semana pasada, el Gobierno anunció que los salarios mínimos tendrán un aumento de 14.2 por ciento y llegarán a 30.20 pesos diarios (en el Distrito Federal).  En términos mensuales, esto significa 906 pesos que equivalen a un mil 342 dólares al año.  En esta ocasión, al igual que el año pasado, el aumento propuesto es un par de puntos porcentuales por arriba de la meta de inflación del Gobierno.  Esto quiere decir que por lo menos a nivel de intención, se está tratando de otorgar un pequeño aumento real.

El año pasado se otorgó un aumento de 17 por ciento a los mínimos, cuando la meta de inflación era de 15 por ciento.  Todo parece indicar que la inflación de fin de año pudiera quedar ligeramente abajo del 16 por ciento, lo que siguiere un pequeño aumento real.  Sin embargo, no es así, dado que el último aumento fue concedido a partir de diciembre de 1996; mientras que ahora el nuevo salario entra en vigor el primer día de enero de 1998.  Esto no solamente significa que no hubo un aumento a los mínimos durante 1997, sino que además se tiene que medir contra la inflación acumulada de los últimos trece meses.  Entre el primero de diciembre de 1996 y el 31 de diciembre de 1997, hubo una inflación acumulada de aproximadamente 19.5 por ciento, por lo que de nuevo hubo una caída importante en los salarios mínimos reales.

Dado que no hubo un aumento este mes, el poder adquisitivo del mínimo llegó a su punto más bajo de los últimos treinta años.  El récord anterior pertenecía a noviembre de 1996, justo un mes antes del aumento del 17 por ciento de diciembre pasado.  Dado que ya se acumuló 19.5 por ciento de inflación desde ese último incremento, ahora llegó a su punto más bajo.

Simplemente, para poner lo en la perspectiva correcta, el poder adquisitivo del mínimo durante este mes es 22.3 por ciento de lo que fue en octubre de 1976, justo cundo llegó a su pico.  Esto significa que quien gana cinco veces el salario mínimo apenas tiene un poder adquisitivo similar al de hace 21 años.  Según los datos del INEGI, apenas el 11.6 por ciento de la población ocupada percibe un ingreso superior a los cinco salarios mínimos, que equivalen a un salario mínimo de 1976.

En otras palabras, el 88.5 por ciento de nuestra población ocupada no tiene un poder adquisitivo superior a un salario mínimo de 1976.

Desde octubre de 1976 a la fecha, ha existido un deterioro continuo del mínimo hasta llegar a estos niveles.  El único periodo en que no hubo una baja en su poder adquisitivo fue en 1994, cuando la inflación (7.1 por ciento) alcanzó su nivel más bajo desde 1972 (5.5 por ciento).  Ese año, el mínimo aumentó 7 por ciento, prácticamente lo mismo que la inflación.

Sin embargo, a partir de 1995 se reinicia su tendencia a la baja, acumulando una caída real de 16.4 por ciento a partir de enero de 1995, cuando hubo un aumento adicional del 7 por ciento.  Como podemos observar, la historia de los mínimos es realmente triste, pero más aún lo es la de las personas que lo perciben.

Es interesante observar los efectos de un salario mínimo en el mercado laboral.  Hace todavía diez años, podíamos decir que este salario era relativamente elevado, dado que era superior a lo que era el salario mínimo de facto, es decir, no en términos legales sino el que el mercado reconocía como tal.  Por ejemplo, nadie le pagaba el mínimo a una persona que se desempeñaba como sirvienta en una casa.  Más bien, se acostumbraba pagarle como la mitad del salario mínimo legal, simplemente porque se consideraba un salario demasiado elevado.  En cambio, hoy en día es casi imposible conseguir a una señora que quisiera trabajar como sirvienta por el equivalente a un mínimo.  Más bien se le tiene que pagar por lo menos un mínimo y medio.

Esto significa que hace diez años el mínimo legal era más elevado que el mínimo de mercado.  En estos casos, la imposición de un piso legal pudiera servir como una barrera a la generación de trabajos, especialmente en el caso de empleos en el sector formal, donde no se puede pagar un salario menor.

En cambio, hoy en día, el mínimo legal es inferior al mínimo del mercado.  En la mayoría de las industrias y comercios se puede observar que el salario más bajo que se paga no es el mínimo legal, sino un poco más alto.

Las cifras del INEGI, correspondientes a su encuesta mensual de empleo urbano, confirman este fenómeno.  Hace diez años, el 30 por ciento de la población ocupada percibía menos de un salario mínimo legal.  En la medida en que fue bajando este salario en relación al mercado, esta proporción también se fue reduciendo hasta representar apenas el 7.1 por ciento para fines de 1994.  Como resultado de la crisis, aumentó el porcentaje de personas que perciben menos que el mínimo, llegando a 13.8 por ciento en el segundo trimestre de 1996. Hoy en día, el 11.9 por ciento de la población ocupada percibe menos de un mínimo legal.

Desafortunadamente, la imposición de un salario mínimo legal al mercado es muy difícil.  Como la cifras lo demuestran, si es demasiado elevado, simplemente aumento la proporción de personas que perciben un monto inferior.  Dado que es ilegal pagarle menos a una persona, se fomenta la economía informal, es decir, los negocios que operan al margen de las leyes laborales y fiscales.

Si el mínimo es muy bajo, el mercado no encuentra suficientes personas que estarían dispuestas a trabajar por ese monto y tiene que ofrecer más.  Por lo mismo, baja la proporción de personas que ganan menos que el mínimo legal.  A pesar de que existen muchas personas necesitadas, llega un momento en que sus percepciones son tan bajas, que ni siquiera vale la pena el esfuerzo.  Pueden ganar más que un mínimo pidiendo limosna en la calle.

En la medida en que funcionan las fuerzas del mercado, podemos medir qué tan lejos o cerca está el mínimo legal del mínimo del mercado, a través de la proporción de personas que perciben menos del mínimo legal. Dado que hoy en día es una proporción tan baja, resulta fácil concluir que éste se encuentra por debajo del mercado.

Esto es muy importante, ya que siempre que se quiere aumentar el mínimo, los empresarios y algunos funcionarios públicos alegan que simplemente va a causar más inflación y que por lo tanto, no habrá un aumento real.  Sin embargo, en la medida en que el mínimo se pueda independizar de otros aumentos de precios, su efecto sobre la inflación no necesariamente es directo.  Si el mínimo del mercado, se debería de poder aumentar sin afectar mayormente los precios.

El problema radica en que el mínimo es utilizado como una referencia para aumentar los salarios contractuales y muchos otros precios en la economía.  El Gobierno, especialmente durante los sexenios de De la Madrid y de Salinas, ha tratado de desligar uno del otro, pero con un éxito muy moderado.

Todo indica que el aumento del 14 por ciento en los mínimos no debería de transmitirse a un aumento importante en los precios.  Sin embargo, ya lo veremos a partir del mes entrante.


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jueves, 18 de diciembre de 1997

¿Autonomía en el Banco de México?

 

Pulso Económico


¿Autonomía en el Banco de México?


Por: Jonathan Heath


El día de hoy el Licenciado Miguel Mancera Aguayo cumple 65 años de edad. Por una cláusula de la Ley Orgánica del banco central que él mismo propuso, ya no puede seguir al frente del Banco de México y tiene que ceder su lugar a un nuevo gobernador.

El legado que deja el Licenciado Mancera después de 187 meses (15 años y medio) es impresionante y vasto.  Entre muchas otras cosas, le debemos la existencia de los Cetes como instrumento principal de la política monetaria, la desaparición de la administración centralizada de las tasas de interés, la eliminación tanto del encaje legal como de los cajones selectivos de crédito y la modernización general del banco central,  Quizás su logro principal fue hacer evitado la hiperinflación en nuestro País, en un momento en que casi todas las demás nacionales latinoamericana experimentaron inflaciones de cuatro dígitos o más.  Su perseverancia en contra del uso de la política monetaria, como instrumento para financiar el déficit público, no solamente fue tenaz y consistente, sino por momentos solitario, remando contra la corriente.

El último gran proyecto del Licenciado Mancera fue la autonomía del banco central, como una forma de asegurar que el enfoque de la política monetaria fuera siempre hacia la estabilidad de precios, aislado de los vaivenes de la política fiscal.  Desafortunadamente, se va el Licenciado Mancera sin poder consolidar este proyecto, en medio de una designación presidencial que hace burla del concepto mismo.

El Doctor Guillermo Ortíz Martínez como persona, cumple ampliamente todos los requisitos técnicos y legales.  Es economista de profesión, con maestría y doctorado en economía de la Universidad de Stanford, con especialización en teoría monetaria.  Trabajó desde 1977 en el Banco de México, dejándolo únicamente el sexenio pasado para ser subsecretario de Hacienda.  Estuvo como representante del Banco de México en el Fondo Monetario Internacional por cuatro años.  Tiene un carácter fuerte e independiente, con una demostrada capacidad de liderazgo.  Su estancia como secretario de Hacienda es de gran éxito con resultados visibles.

A mí no me queda ninguna duda de que va ser un gran gobernador y que impulsará las políticas monetaria y cambiaria necesarias para lograr la estabilidad de precios. Sin embargo, no podemos hablar ya de un banco central autónomo.

El concepto de autonomía del banco central es para asegurar una visión independiente del Gobierno, en general y de la Secretaría de Hacienda, en particular.  Al nombrar al secretario de Hacienda como el nuevo gobernador del banco central, se está imponiendo la visión del primero sobre el segundo.  De ahora en adelante, la visión del Banco de México es la de Hacienda.

Hasta el 31 de diciembre de este año, podemos caracterizar la visión del Banco de México como de una ortodoxia dogmática. Domina la escuela monetarista (específicamente el enfoque monetario de la balanza de pagos), en la que el concepto de sub o sobrevaluación de la moneda no es muy relevante.  Con un régimen cambiario de flotación, siempre habrá un equilibrio. El déficit en la cuenta corriente es el resultado de un proceso natural de crecimiento económico que no se puede evitar.  Con que dejemos funcionar a los mercados, el tipo de cambio se ajustará.  Las crisis anteriores eran producto de una expansión de crédito demasiado rápida y de shock externos  políticos inevitables.

La visión de los funcionarios de Hacienda, especialmente del Doctor Guillermo Ortíz, es que la crisis de 1994 fue producto de un déficit demasiado elevado en la cuenta corriente y una sobrevaluación de la moneda.  En repetidas ocasiones han manifestado la necesidad de una política cambiaria que evite la sobrevaluación y el crecimiento desmedido del déficit en la cuenta corriente.  Por lo pronto, el régimen cambiario de flotación es el adecuado y ha funcionado muy bien para contrarrestar los efectos de la crisis bursátil asiática.  Sin embargo, más adelante, cuando el déficit empieza a llegar a niveles críticos, necesitamos una postura mucho más flexible para lidiar con el aumento de la vulnerabilidad.

El Presidente Zedillo está complacido con la política actual.  No obstante, anticipa la necesidad de una mayor flexibilidad durante los dos últimos años del sexenio para que no le pase lo mismo que a Salinas.  Esta flexibilidad no se la dan los dogmáticos del banco central.  Por lo mismo, manda a Guillermo Ortiz al Banco de México, imponiendo esta postura, capaz de adaptarse a la circunstancias cambiantes.

El todavía secretario de Hacienda expuso en el Pronafide que el techo para el déficit en la cuenta corriente debe ser del 3 por ciento del PIB.  Sin embargo, las tendencias actuales apuntan hacia un déficit mucho mayor, alrededor de 5 por ciento o más, para el año 2000.  Si la política cambiaria actual sigue produciendo una apreciación real, el dogmatismo podría impedir la realización de las adecuaciones necesarias en los tiempos apropiados.

Pero no solamente Zedillo está asegurando que el nuevo gobernador comparta su visión, sino que además está amarrando la mayoría de votos en la Junta de Gobierno.  Hace un año mandó al doctor José Sidaoui, que trabajó directamente bajo el mando de Ortíz.  Ahora provocan la renuncia de un economista excepcionalmente brillante, pero dogmático, para reemplazarlo con alguien que pueda controlar el nuevo gobernador.  El único voto duro que queda, el de Jesús Marcos Yacamán, será eliminado dentro de un año cuando termine su periodo como subgobernador.

De esta manera, Zedillo logra eliminar por completo una visión distinta en el banco e imponer la suya.  Se consolida la autonomía “a la mexicana” del banco central, dado que ahora sí podrá funcionar pues piensan igual que él.  La única autonomía funcional es aquella en la que comparten la misma opinión.

El único cabo sueldo es el control de la política cambiaria. Por lo pronto, ésta la determina la Comisión de Cambios, en donde la Secretaría de Hacienda tiene el voto decisivo. Sin embargo, si la oposición ganara las elecciones en e año 2000 y llegara a la Secretaría de Hacienda alguien con una visión distinta, se pudiera producir un cambio no deseado.  Por lo mismo, Zedillo anunció que va a proponer un cambio en la ley para que ésta quede en manos del Banco de México, asegurando así un control intersexenal de las políticas monetaria y cambiaria.

Estos son dos puntos totalmente distintos.  Podemos estar a favor o en contra del dogmatismo y por lo tanto a favor o en contra de todos estos movimientos recientes.  Sin embargo, independientemente de nuestros puntos de vista, tenemos que admitir que en los hechos, no se está respetando la autonomía del banco central.


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lunes, 15 de diciembre de 1997

¿Qué es el Neoliberalismo?

 

Pulso Económico


¿Qué es el Neoliberalismo?


Por: Jonathan Heath©


Desde hace varios años se ha utilizado la palabra “neoliberalismo” en distintas formas, con significados muy diferentes y en especial como un adjetivo calificativo negativo.  Tradicionalmente, la palabra se ha utilizado para describir una escuela de pensamiento económico que enfatiza la utilización de las fuerzas de mercado como instrumento principal para incrementar el bienestar de la población y pone especial énfasis en la importancia de las libertades individuales.

Con el tiempo se empezó a utilizar en forma despectiva para describir una línea de pensamiento que ponía la libre interacción de las fuerzas del mercado como un fin en sí mismo, por encima de cualquier otro objetivo. El término se asocia con alguien que piensa que la pobreza se puede abatir (o por lo menos minimizar) a través de las leyes de la oferta y la demanda, mientras que la intervención del gobierno únicamente sirve para empeorar el problema.

En el extremo de esta forma de pensar, existen algunos que consideran que la pobreza no es un mal de la sociedad o de la economía, sino simplemente un grupo de personas ignorantes, sin ambición, que no quieren trabajar para salir adelante.  Por lo mismo, no se deberían desviar los fondos del gobierno para tratar de ayudar a quienes no quieren ayudarse a sí mismos.  Inclusive, sienten como un insulto el hecho de que los ricos, los que sí han trabajado duramente durante su vida para acumular su patrimonio, tengan que pagar impuestos para subsidiar a los “flojos”.

En buena medida, existe el sentimiento de que la cantidad de gente que se sitúa en este extremo ha ido creciendo a través de las últimas décadas, a tal grado que su influencia se ha extendido a muchos gobiernos en todo el mundo.  El movimiento hacia la derecha de los gobiernos de Margaret Thatcher (1979-90) en Inglaterra y de Ronald Reagan (1981-89) en los Estados Unidos, es visto como elemento central de esta influencia en el resto del mundo.

Su caracterización hacia América Latina y el resto del mundo es conocida como el “consenso de Washington”, que es una serie de recomendaciones sobre política económica para países en desarrollo.  Dado que el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (al igual que la mayoría de los países latinoamericanos) puso en práctica estas recomendaciones en México, la política económica del sexenio pasado se identifica con el esquema neoliberal.  Pero como terminó con una crisis devaluatoria, lo cual llevó al país a sufrir una recesión profunda y una pérdida generalizada en el poder adquisitivo de la población, se concluye que el neoliberalismo es nefasto y contraproducente para la mayoría.

Como antítesis del esquema neoliberal empezaron a surgir movimientos que proponen el abandono de las practicas de mercado como elemento central de la política económica, para en su lugar, adoptar políticas con sentido social.  Por ejemplo, los Jesuitas han promovido un combate frontal al pensamiento neoliberal en toda América Latina.

Si el neoliberalismo es verdaderamente un movimiento que propone al mercado como un fin y adolece totalmente de una conciencia social, entonces seríamos muchos los que nos uniéramos en su contra.  Sin embargo, como suele suceder en casi todo, no es tan fácil.

Aunque no hay duda de que estos gobiernos fueron más derechistas que sus precursores, no podemos afirmar tan tajantemente que llegan a extremo tal que quieren imponer la libre interacción del mercado como un fin en sí mismo, o que creen que se puede combatir la pobreza a través de la oferta y la demanda.  Los programas de Pronasol y Procampo del sexenio pasado, son dos ejemplos de que el gobierno mantenía la inquietud por resolver los problemas sociales más agudos fuera de los mecanismos tradicionales de mercado.  La caracterización de una política de extrema derecha es un extremo en sí misma.

La aplicación de las recomendaciones del consenso de Washington fue una búsqueda genuina de mecanismos prácticos para lograr un crecimiento sostenido y mejorar el bienestar de la población.  Aunque se utiliza mucho más al mercado para la distribución de bienes y servicios, no es un abandono de las inquietudes sociales.  Más bien, una buena parte del problema es que compramos la ilusión de una respuesta rápida a nuestros problemas.  Pensábamos que estas políticas eran la mejor forma de estabilizar la economía, generar empleo y abatir los rezagos sociales.

De las pocas cosas que queda claro es que debemos evitar las posiciones apasionadas que abandonan la lógica y se atrincheran en lo absurdo.  La semana pasada recibí un email en el que se me acusaba de ser neoliberal porque he defendido la política monetaria actual y en especial al Lic. Miguel Mancera.  Según esta persona, la definición de neoliberal, utilizada en el sentido peyorativo extremo, es cualquier intento de defensa de una política que descansa en el mercado.  En el centro de su ataque, estaba la lógica absurda de que algo es malo simplemente porque lo llamamos neoliberal.  Más allá de entender qué significa realmente esta palabra, la utiliza como una forma de demostrar el mal en sí.  Tú eres neoliberal y por lo tanto pruebo que estás mal.

La mayoría de las propuestas que provienen de los partidos de izquierda son resultado de una inquietud social genuina, pero resultan en algo que va en contra de cierta lógica pragmática.  Al analizar las consecuencias potenciales, en la mayoría de los casos (no todos) se debe rechazar.  Sin embargo, si rechazamos una propuesta porque no es funcional, no debemos nunca rechazar la inquietud social, ni debemos dejar de buscar opciones.

De aquí en adelante debemos adoptar una actitud mucho más pragmática.  Bien sabemos que el populismo de los años setenta no funciona y termina por crear problemas mayores.  Hemos aprendido que debemos manejar las finanzas públicas en la forma más sana posible.  Ya queda poca duda de que no se pueden ignorar las fuerzas del mercado y por lo mismo, debemos trabajar con ellas y no en su contra.  Pero al mismo tiempo, el daño que hace la libre flotación por todo el mundo de los capitales especulativos, es un ejemplo muy claro de lo que puede ocasionar un mercado sin restricciones, regulación y supervisión.

No necesitamos extremos ni aferrarnos a posiciones ideológicas que no contemplan la realidad.  De aquí en adelante tenemos que desechar lo que verdaderamente no sirve y adoptar lo que puede funcionar a nuestras realidades.  Seguramente, esto significa una mezcla heterogénea de todas las posiciones actuales.  Los dogmatismos ideológicos simplemente no funcionan en una economía.  Eso debe quedarnos bien claro.



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jueves, 11 de diciembre de 1997

La Balanza de Pagos

 

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La Balanza de Pagos


Por: Jonathan Heath


El Banco de México dio a conocer esta semana las cifras de la balanza de pagos al tercer trimestre de este año.  Aunque no hubo sorpresas en su comportamiento ya que los números globales estuvieron muy cercanos a lo esperado, es un excelente registro de lo que está pasando en el país y nos ayuda a entender el comportamiento de la economía en general.  A través de sus movimientos podemos vigilar el crecimiento económico, detectar desequilibrios en ciertos mercados, analizar la calidad de las inversiones y anticipar posibles crisis.

En sí el tamaño del déficit en la cuenta corriente para los primeros nueve meses del año (4 mil millones de dólares), confirma las proyecciones de la mayoría de los analistas, que lo esperan de cerca de 7 mil millones de dólares para el año completo.  Esto representa el 1.7 por ciento del PIB, lo cual es una proporción muy razonable y perfectamente manejable en cuanto a su financiamiento.  A pesar de que representa un crecimiento importante en relación a los niveles de los dos años anteriores (0.8 y 1.1 por ciento del PIB en 1995 y 1996 respectivamente), está todavía muy por debajo de los montos que habíamos observado en 1993 y 1994 (de 5.8 y 7.6 por ciento del PIB).

Este crecimiento no debe de sorprendernos, ya que es el resultado natural de la recuperación económica que se ha venido gestando durante los últimos dos años.  El mayor dinamismo en la actividad económica se refleja en un aumento sostenido de la demanda de importaciones.  De hecho, deberíamos terminar el año con cerca de 110 mil millones de dólares en bienes importados, alrededor de 23 por ciento más que el año pasado y 66 por ciento más que lo que importábamos en 1993, el último año antes de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC).

El crecimiento tan marcado en las importaciones se explica principalmente por la actividad económica, ya que está tiene un componente muy importante de exportaciones.  De hecho, las exportaciones contienen una dosis elevada de bienes importados por lo que el crecimiento de las primeras va acompañado del incremento en las segundas. En 1997 las exportaciones de bienes también deberían de terminar por arriba de los 110 mil millones de dólares, casi 16 por ciento más que el año anterior y 114 por ciento más de lo que exportábamos en 1993, antes del TLC.  De hecho, en 1993 las exportaciones representaban casi 13 por ciento del PIB, mientras que ahora han llegado a ser de alrededor de 27 por ciento.

A pesar de la importancia otorgada a la balanza comercial, éste no es el componente más importante de la cuenta corriente.  Casi siempre ha sido la balanza de servicios factoriales, la parte que corresponde a los pagos de interés que realizamos al exterior como parte fundamental del servicio de la deuda externa.  Aunque pagamos 6.7 mil millones de dólares por este concepto durante los primeros nueve meses del año, más otros 3 mil millones por transacciones relacionadas, la buena noticia es que es ligeramente inferior a lo que fue durante el mismo periodo del año anterior.  Esto es reflejo de la política de la Secretaría de Hacienda de contratar deuda nueva a mayor plazo y menor tasa, utilizándola para liquidar deuda de menor plazo y mayor costo.

Este esfuerzo es importante ya que es un monto muy elevado y representa la erogación más significativa de la cuenta corriente.  Inclusive, una forma de analizar la balanza de pagos es ver cómo financiamos los intereses que tenemos que pagar al exterior, en vez de enfocarnos al financiamiento del déficit en la cuenta corriente.

Los demás servicios, que son básicamente turismo, presentan números muy balanceados, es decir, nuestros egresos son casi iguales a nuestros ingresos por turismo, terminando con un pequeño remanente (superávit) de 50 millones de dólares en lo que va del año.  Estos números reflejan un trabajo muy pobre por parte del gobierno en términos de promoción turística, ya que nuestras playas y demás atracciones son superiores a las de la mayoría de los países.  Sin embargo, no podemos atraer más turismo que el que mandamos al exterior.

En donde sí tenemos un ingreso muy significativo es en los envíos de mexicanos que viven en el exterior a sus familias aquí en México.  Estas remesas familiares representaron una entrada de divisas al país de casi 3.9 mil millones de dólares durante los primeros tres trimestres del año.

En otras palabras, mandamos casi 9 mil millones de dólares al exterior para cumplir con el servicio de la deuda.  Un poco menos de la mitad la financiamos a través de las remesas familiares de braceros; hasta ahora, parte la financiamos con exportación de bienes, aunque esto dejará de aplicarse de ahora en adelante en la medida en que pasamos de un superávit comercial a un déficit; y nos quedan cuatro mil millones de dólares por financiar, que es el déficit en la cuenta corriente.

Aquí es donde entra el superávit de la cuenta de capital, es decir, las entradas de divisas por concepto de inversión extranjera, colocación de bonos en el exterior y demás flujos de capital con el exterior.  En el pasado, cuando teníamos un déficit muy elevado en la cuenta corriente (como en 1993 y 1994), era sumamente importante tener una gran cantidad de flujos de capital hacia el país para poder cubrir el faltante.  Sin embargo, mucho era capital de corto plazo que se iba tan fácil como llegaba.  Por lo mismo, preocupaba no solamente la cantidad sino además la calidad.

En cuanto a la cantidad, los flujos de inversión extranjera son marcadamente superiores al déficit de la cuenta corriente.  Esto nos ha permitido acumular casi 7 mil millones de dólares en reservas durante los primeros tres trimestres del año.

Hoy en día, afortunadamente tenemos una calidad adecuada en los flujos de inversión del exterior, ya que de los 16.5 mil millones de dólares que han entrado al país, 10 mil millones son de inversión extranjera directa que se destinan a ampliar la capacidad productiva del país y a generar empleos.  De hecho, muchos analistas ven la relación de inversión extranjera directa al déficit en la cuenta corriente (que es del 250 por ciento) como uno de los indicadores más sólidos del país.

Según estas cifras, la inversión especulativa que va dirigida al mercado de dinero representa apenas el 6 por ciento del total de flujos, mientras que la que va al mercado bursátil representa el 21.4 por ciento.  La suma de las dos, conocida como la inversión de portafolio, llega a representar el 27.4 por ciento del total (a diferencia de 1993 cuando llegó hasta el 70 por ciento).  Aunque la proporción es baja en relación a los años anteriores, todavía representa un punto de vulnerabilidad importante que debemos vigilar muy de cerca.  En ningún momento deberíamos permitir que este tipo de flujos de capital llegara a rebasar el 30 por ciento.

En suma, las cifras de la balanza de pagos están bien y no representan ningún desequilibrio o problema potencial.  Sin embargo, sí deberíamos estar atentos a las tendencias de la mayoría de los rubros.  Todo indica que el déficit en la cuenta corriente seguirá creciendo y llegará a representar una proporción cercana al 4 por ciento del PIB para 1999, nivel que ya deberíamos de considerar peligroso.  Esto significa que dentro de un año, año y medio a lo mucho, el gobierno tendrá que tomar algunas decisiones cruciales en cuanto a la política económica que serán muy difíciles.  Por ejemplo, aplicar los frenos a la economía justo cuando se asoma el año crucial de las elecciones presidenciales.

¿Tendrá el valor necesario para evitar una nueva crisis aunque implique perder las elecciones?



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lunes, 8 de diciembre de 1997

El PAN: Gobierno y Oposición

 

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El PAN: Gobierno y Oposición

Por: Jonathan Heath

Después de una muy buena racha de victorias en las urnas durante varios años, que se tradujo en su fortalecimiento a nivel nacional, el PAN ha sufrido una serie de derrotas importantes este año.  Primero, fue el descalabro tan impresionante que sufrió en el Distrito Federal en las elecciones del 6 de julio.  Había iniciado el año con una sólida ventaja de 46 por ciento del voto popular, muy por arriba del PRD y el PRI.  Sin embargo, en cuestión de meses fue perdiendo su ventaja hasta terminar en un distante tercer lugar.  No solamente perdió la elección para jefe de gobierno del Distrito Federal, sino que además no pudo ganar un solo asiento uninominal en la Asamblea Legislativa de la capital.
Después de haber ligado importantes victorias en las elecciones del Estado de México en noviembre del año pasado, al capturar los municipios de Naucalpan, Atizapán, Tlalnepantla y algunos más, este año tuvo que ceder al PRD su posición como primer partido de oposición.  Aunque todavía puede presumir de gobernar a seis estados de la República, la sola derrota del Distrito Federal pesa más por la forma tan vergonzante en que se produjo.
Segundo, fue la derrota en el estado de Jalisco, que después de haber ganado la gubernatura y la mayoría en la Cámara de Diputados local, perdió su control. Parece ser que la población ya no está dispuesta a votar en contra del PRI simplemente por acabar con la hegemonía tradicional, sino que ahora la nueva democracia significa que perderá el partido que no pueda cumplir con el electorado.  Esto significa que deberíamos observar una alternancia en el poder mucho más en función de resultados, y marca la pauta para las diez elecciones de gobernador que tendremos el año entrante.
Después hemos observado algunos reveses adicionales del PAN pero ya fuera de las urnas.  Primero, involucrando al gobernador de Nuevo León, Fernando Canales Clariond, en el escándalo de Jorge Lankenau Rocha.  Posteriormente, al gobernador de Baja California, Héctor Terán Terán, por un problema de ausentismo y por el atentado contra el periodista Jesús Blancornelas.  Después, al presidente municipal de Naucalpan, José Luis Durán Reveles, por tácticas de terrorismo fiscal que tiene en ascuas a los propietarios de viviendas.  Finalmente, por la actitud tan inmadura e irresponsable que están mostrando los diputados en relación a la iniciativa de ley de la Miscelánea Fiscal para 1998.
En el caso específico de Naucalpan, José Luis Durán, junto con el tesorero municipal José Jurado Cobos, han iniciado primeramente una campaña de recaudación más que agresiva, pues están exigiendo a los propietarios de vivienda que entreguen, en un término de 3 días hábiles, una serie de documentos legales (que la mayoría no tiene a la mano, pero que el Municipio sí debería de tener), con la amenaza de aplicar multas y procedimientos administrativos.  Parece ser que ante la urgencia de recaudar fondos, están buscando todos los caminos posibles sin considerar las molestias que ocasionan a los electores.  Es sumamente fastidioso tener que recurrir al Palacio Municipal cada tres años para demostrar documentos que existen o deberían existir en sus propios archivos para evitar que las autoridades abusen de los ciudadanos.  Justamente este tipo de tácticas y actitudes son las que ocasionaron muchas derrotas, a nivel municipal, de los gobiernos anteriores.  Existe un cambio de partido pero no de actitud.
No conforme con las incomodidades, el gobierno panista ha justificado su campaña informando que ha sido necesario, dado que el gobierno anterior no dejó ningún archivo o documentación que acredite la propiedad.  A través de averiguaciones, encontré que éste no es el caso e inclusive si lo fuera, los responsables durante el régimen anterior estarían tras las rejas.  Sin embargo, ni siquiera existe alguna averiguación o procedimiento legal en este sentido.
En el caso de la Cámara de Diputados, el PAN logró a través de negociaciones políticas con los demás partidos, que se aceptara la reducción del IVA del 15 al 12 por ciento, a cambio de la aprobación de la Miscelánea Fiscal.  Sin embargo, cuando llegó la hora de la votación los Diputados negaron su aprobación simplemente porque no querían que se les identificara con la propuesta priísta.  No importan el país ni los beneficiados con las modificaciones fiscales.  Para ellos es más importante el juego político y demostrar el poder que tienen al rechazar estas iniciativas.
Es muy importante que nuestro País avance en el camino de la democracia.  No podemos permitir que se impongan a la mayoría los intereses particulares de una minoría.  Sin embargo, necesitamos mucho más que una pluralidad en la Cámara para asegurar que funcione nuestro sistema político. Necesitamos madurez y responsabilidad en las decisiones.  Esto significa que nuestros legisladores deben votar, cada quien dentro de su afiliación ideológica, por lo que creen que es mejor para el País.  No podemos permitir que voten por las apariencias o por venganza.
El hecho de que los legisladores estén votando en contra de iniciativas por estos motivos, en vez de representar los intereses genuinos de los electores, no significa ningún avance.  El hecho de que los gobiernos municipales tomen actitudes autoritarias por encima de los derechos de los ciudadanos, es simplemente más de lo mismo.  Todo parece indicar que el PAN sufre de las mismas dolencias que el PRI cuando empieza a ocupar posiciones dentro del gobierno.  El futuro de la democracia en México va a necesitar mucho más que un cambio de partido para que sea el camino hacia un mayor progreso social.
Durante el sexenio pasado, el PAN apoyó en forma importante muchas de las reformas económicas de Salinas.  En principio, como lo dijo en su momento Diego Fernández de Cevallos, el PRI estaba adoptando la plataforma económica que el PAN había propuesto por muchas décadas en el pasado.  Sin embargo, cuando llegó la crisis y fue plenamente identificada con Salinas, el PAN empezó a tratar de desasociarse con las políticas neoliberales que siempre habían sido su bandera.
Todo parece indicar que ahora el PAN se encuentra atrapado sin una ideología específica, cobijándose detrás del PRD en muchas de las propuestas legislativas y con miedo de mostrar su propia definición.  El gran avance que había logrado en las urnas, bajo la dirección de Carlos Castillo Peraza, lo está perdiendo al demostrar su incapacidad de gobernar con firmeza, liderazgo y convicción.
La realidad es que gobernar no es tan fácil ni tan lucidor como ser oposición.

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jueves, 4 de diciembre de 1997

Las Lecciones de la Crisis

 

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Las Lecciones de la Crisis


Por: Jonathan Heath


La semana pasada, el Presidente Zedillo expuso ante el pleno de la Quinta Cumbre del Consejo Económico Asia-Pacífico (APEC) en Vancouver, Canadá, la receta que aplicó su gobierno en 1994-95 para salir de la crisis económica.  En sí fue muy oportuno compartir las experiencias mexicanas con los representantes máximos de estos países, dado que existen en estos momentos algunas situaciones comparables en varios países asiáticos.

La primera reacción del Primer Ministro japonés reflejó una sensibilidad herida que compartieron varios líderes asiáticos, quienes cuestionaron la autoridad moral de México para otorgar este tipo de lecciones a países mucho más desarrollados.  Incluso, el Primer Ministro recalcó que lo fundamental para la recuperación mexicana había sido el paquete de rescate financiero que otorgó Estados Unidos y que Zedillo minimizó en cuando a su importancia.

No obstante, acaparó mucha atención la fórmula de cinco puntos que presentó el Presidente.  Ahora que el país está creciendo a un ritmo de 8 por ciento anual, con una inflación a la baja y con todos los préstamos otorgados por Estados Unidos liquidados por anticipado, Zedillo sintió que nuestra experiencia puede tener cierta validez para otros países que buscan superar una crisis similar a la que pasamos hace tres años.

Los cinco puntos que expuso fueron: (1) afrontar inmediatamente el problema; (2) presentar un plan de estabilización sólido y creíble; (3) buscar un respaldo financiero internacional; (4) proteger el sistema bancario; y (5) morder la bala de inmediato, aceptando el alto costo político.  Inclusive, recalcó que no se puede esperar ni siquiera unas semanas, con un problema financiero como ocurrió en algunos países asiáticos.

Sin embargo, lo que no mencionó es que estas lecciones las aprendimos después de cometer errores y no llevar a cabo justamente lo que hoy en día recomienda el Presidente.  De haberlo hecho, seguramente el tamaño de nuestra crisis hubiera sido mucho menor y no hubiéramos tenido una recesión tan profunda.  En buena parte, los famosos errores de diciembre fueron no tomar en cuenta lo que ahora como país estamos recomendando a los demás.

Por ejemplo, el punto (1) dice que deberíamos afrontar el problema inmediatamente.  No lo hicimos en abril de 1994, cuando las tasas de interés en los Estados Unidos estaban aumentando en forma importante, había grandes fugas de capitales a raíz del asesinato de Luis Donaldo Colosio, teníamos ya un déficit exageradamente elevado en la cuenta corriente en proporción al PIB, la moneda presentaba una sobrevaluación dentro de una política cambiaria que no permitía la flexibilidad necesaria y nuestro ahorro interno estaba disminuyendo rápidamente.  Aunque era el momento apropiado para modificar la política cambiaria, las autoridades decidieron mantenerla intacta ante las elecciones de agosto de ese año, dado que no estaban dispuestas a aceptar el alto costo político (violación a la lección 5).

Posteriormente se presentó una oportunidad adicional, en noviembre, para modificar la política económica y aceptar el hecho de que ya no podíamos financiar un déficit tan grande en la cuenta corriente a través de flujos de capital de corto plazo.  Era el momento adecuado para dejar el camino sin obstáculos a la nueva administración.  Sin embargo, en una reunión histórica (como por el 20 de noviembre de 1994), se decidió no modificar nada.

La tercera oportunidad se presentó con la entrada de Zedillo al poder.  Era ya obvio que se tenía que presentar un programa económico que pudiera aterrizar suavemente el desequilibrio externo que traíamos.  Simplemente era imposible esperar que los flujos de capital del exterior pudieran alcanzar para financiar nuestro déficit y ya no teníamos las reservas internacionales necesarias para hacerlo.  Aparte, ya traíamos una deuda externa de corto plazo que rebasaba los 40 mil millones de dólares.  Sin embargo, el nuevo Secretario de Hacienda presentó unos Criterios Generales de Política Económica que dejaban mucho que desear.  El primer intento del nuevo régimen fue no hacer absolutamente nada (violación a las lecciones 1, 2 y 5).

Posteriormente, cuando el gobierno anunció la devaluación el 20 de diciembre de 1994 hubo de nuevo otra oportunidad.  Casi siempre cuando un gobierno decide devaluar su moneda, lo hace acompañado de un programa económico para ayudar a acomodar el shock que representa.  Sin embargo, no fue así, dado que no hubo ningún programa ni cambio anunciado en forma inmediata (otra vez, violación a las lecciones 1, 2, 3 y 5).

De hecho, no fue hasta los primeros días de enero, ya con el cambio de Secretario de Hacienda, que se anunció un nuevo programa económico.  Sin embargo, de nuevo no se hizo caso a las lecciones que expuso Zedillo, dado que lo que se presentó fue un programa poco creíble y nada sólido.  No hubo tal “sobrerreacción de la política económica” que apuntó el Presidente como única respuesta inteligente.  Más bien fue un programa que simplemente no aceptó el mercado como suficiente y la reacción fue la agudización de la crisis.  Por ejemplo, el programa de enero no mencionaba el problema de los Tesobonos, que era la preocupación máxima del mercado cambiario en aquel momento.

No solamente se cometió el error de esperar unas semanas, sino que se esperó unos meses hasta que por fin presentó el gobierno un programa sólido y creíble.  En marzo de 1995, casi tres meses después de haberse desatado la crisis, por fin el gobierno presentó las medidas necesarias para afrontar la crisis.  Por ejemplo, no fue hasta el primero de abril que se aumentó el IVA.

Esta no fue muestra de morder la bala de inmediato ni de afrontar rápidamente el problema.  La devaluación inicial, a fines de diciembre, llevó el tipo de cambio a 5 pesos por dólar para fines del año.  Sin embargo, se esperó a que el tipo de cambio llegará casi a 8 pesos por dólar antes de tomar las medidas necesarias.

La política económica adoptada a partir de marzo de 1995 finalmente dio los resultados necesarios.  Ayudó a contener la inflación y la recesión, propiciando una recuperación a partir del año siguiente.  Sin embargo, hubo titubeos y errores graves en la instrumentación inicial, a tal grado que se agravó la crisis y se produjo una pérdida más allá de lo necesario en el poder adquisitivo de la población.  Si el gobierno hubiera mordido la bala inmediatamente, aceptado el costo político anticipadamente y presentado un programa sólido y creíble a tiempo, seguramente nuestra crisis hubiera sido de una dimensión mucho más pequeña de lo que fue.

Al final de cuentas, lo que se le olvidó al Presidente mencionar no fue dar las gracias a los Estados Unidos; eso se hizo a su debido tiempo.  Más bien fue haber admitido que estas lecciones las aprendimos después de cometer errores que tuvieron un costo político, social y económico demasiado grande para nuestro país.  Afortunadamente, la política económica a partir de marzo de 1995 fue la correcta para corregir los desequilibrios e iniciar el camino difícil de la recuperación.



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lunes, 1 de diciembre de 1997

La Política Educativa

 

Pulso Económico


La Política Educativa


Por: Jonathan Heath


La política educativa en México siempre ha dejado mucho qué desear.  El énfasis ha sido sobre la cantidad y nuca sobre la calidad.  Cada vez que el Gobierno formula su Presupuesto para el año siguiente, presume del incremento en los recursos que se van a asignar a este rubro.  Sin embargo, la educación que se ofrece al pueblo mexicano está orientada para tener a una población subordinada, ignorante y dependiente de una casta superior.  Por lo mismo, es racista y atenta contra los derechos básicos de la población.

La educación correcta es la asimilación de conocimientos útiles junto con la habilidad para transformar estos conocimientos en decisiones adecuadas, que nos permitan avanzar, progresar y desarrollarnos durante la vida.  Una educación pobre produce personas que no pueden ser empleadas, es decir, que no son capaces de producir lo mínimo necesario para justificar su salario.  Es por esto que tenemos tantos mexicanos que no ganan ni siquiera un salario mínimo legal.

Si tomamos como base un salario mínimo real de 1976, resulta que más del 88 por ciento de la población gana su equivalente o menos.  Esto significa que la inmensa mayoría no ha recibido la educación adecuada y por lo mismo, son improductivos.

Necesitamos escuelas que tomen la excelencia como una norma rutinaria y no como simple lema en latín inscrito arriba de su escudo.  Las escuelas tienen que involucrar al alumno en el proceso de aprendizaje a través de un uso intensivo de la discusión, la experimentación, el debate y la racionalización de los hechos.  La filosofía principal tiene que ser la de enseñar a pensar.

Este no es un tema aislado o exclusivo de México.  Muchos países, aun con sistemas educativos muy superiores al nuestro, se han preguntado qué pueden hacer para mejorar la educación.  Un ejemplo lo podemos observar en la revista Time, que hace poco le dedicó uno de sus números a explorar la idea de cómo se puede enseñar mejor a los niños en los estados Unidos.  Como resultado de su estudio, encontraron cuatro puntos que ayudan a una escuela a destacar y ser mejor que otra.

El primer punto es la existencia de un buen programa de actividades extra curriculares, que se desarrollan básicamente en las tardes, después de la escuela formal.  Encontraron que este tipo de actividades, que involucran a los alumnos y maestros en temas de interés común fuera de la formalidad del salón de clases, puede llegar a tener resultados increíbles.  En general, suelen ser mucho mas formativos que la alternativa de tener a los niños viendo televisión o jugando en la calle.  Sin embargo, resulta primordial asegurar que estén bien organizados y que no se limiten simplemente a un tipo de guardería para mantener a los alumnos ocupados.

El segundo punto involucra la exposición a la tecnología.  Todos los niños, no únicamente los que tiene recursos, deberían de crecer con un mouse en sus manos, es decir, con acceso a las computadoras.  Como instrumento de aprendizaje, las computadoras incrementan el sentido de aventura en los niños y desarrollan su imaginación.  Sin embargo, el costo elevado de su adquisición es apenar un primer paso, ya que los maestros deben integrarlos en forma adecuada a sus materias, para que sirvan como algo más que una máquina de escribir muy cara.

El tercer punto está relacionado con el tamaño óptimo del salón de clases.  Entre más reducido sea el número, puede existir una mayor interacción entre los maestros y los alumnos. Algunos estudios han demostrado que los salones pequeños funcionan mejor, especialmente para la enseñanza de lectura y matemáticas a nivel primaria.  Sin embargo, se eleva el costo, dado que se necesitan más maestros y salones de clase por escuela.

Finalmente, el cuarto punto cubre la preparación misma de los maestros.  Se ha encontrado que uno de los puntos más endebles del sistema educativo es la falta de preparación de los mentores.  Para incrementar la calidad de la enseñanza y el respeto por la profesión, muchas escuelas y universidades están elevando los requisitos y estándares de los maestros.  Difícilmente podemos exigir una mejor educación, si el propio maestro es el limitante.

Podemos tomar estos puntos como elementos para mejorar nuestro sistema educativo.  Sin embargo, nuestros problemas van mucho más allá de las fallas que se presentan en otros países.  En nuestro caso, se sugiere una revisión total y profunda del sistema mismo, empezando por sus raíces.

En la mayoría de los casos, cuando un alumno en la universidad tiene un desempeño irregular anómalo, es porque su formación básica desde la primaria fue deficiente.  Nos enfrentamos constantemente a alumnos universitarios que no saben redactar bien que tiene un sinnúmero de faltas de ortografía.  Esta falla viene desde los orígenes de su proceso de aprendizaje, cuando les enseñaron a leer y escribir.  Desafortunadamente, esta mala preparación ni es culpa de los mismos alumnos por falta de desempeño o habilidad de aprendizaje.  Más bien es culpa directa de nuestro sistema educativo.

Lo primero que tenemos que hacer es erradicar los métodos de enseñanza que privilegian la memorización, sin cuestionar lo básico.  No necesitamos alumnos sumisos que tomen los datos como artículos de fe.  Más bien necesitamos enseñar a los alumnos a racionalizar los hechos, a discutir su validez y a investigarlos.  Debemos enseñarles la historia no como un compendio de hechos pasados, sino como una serie de hipótesis sobre las decisiones que tomaron nuestros antepasados.  Después llevarlos a un debate ordenado y respetuoso sobre los hechos y que deriven sus propias conclusiones.

Para poder realizar este esfuerzo, tenemos que proporcionarles las bases a los maestros.  Tenemos que mejorar su preparación, subir los estándares y exigirles resultados.  Tenemos que rehacer por completo los libros de texto gratuitos, con base en esta nueva orientación.  Tenemos que establecer pruebas e indicadores de calidad para poder mediar adecuadamente su desempeño.  Por último, tenemos que estar dispuestos a mejorarles substancialmente sus salarios,en base a una mejor calidad para poder medir adecuadamente su desempeño.  Por último, tenemos que estar dispuestos a mejorarles substancialmente sus salarios, en base a una mejor calidad de enseñanza y una nueva productividad.

Por último, tenemos que resolver los conflictos de interés que tienen las universidades privadas.  Dado que son instituciones de lucro, les conviene reprobar a los alumnos para cobrarles de nuevo las colegiaturas.  Existen escuelas que ponen cuotas mínimas para los alumnos que presentan examen extraordinario dado que cada uno representa una cuota adicional.  Se necesita diseñar una forma efectiva que evite por completo estas situaciones.

Existe mucho por hacer en materia de política educativa.  Sin embargo, parece ser que el Gobierno no comparte esta preocupación.


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