jueves, 23 de mayo de 1996

Los Rumores y los Malos Deseos

 

Pulso Económico


Los Rumores y los Malos Deseos


Por: Jonathan Heath


El rumor es un fenómeno sociológico interesante.  Se ha estudiado mucho cómo se origina, cómo se difunde y los efectos que tiene sobre la economía, la política y la sociedad en general.  A veces existe un rumor que por su propia fuerza se convierte en realidad.  Un ejemplo bien claro es el rumor de una devaluación.  La gente empieza a escuchar el rumor y compra dólares.  Se agotan las reservas de divisas y se provoca una devaluación.

En estos casos, es muy importante tratar de entender cómo se origina.  En el caso especifico de una devaluación, el rumor normalmente empieza porque existe uno que otro indicador que apunta hacia la necesidad de un ajuste cambiario.  Por ejemplo, la existencia de un déficit muy elevado en la cuenta corriente o un periodo largo en que el peso se ha apreciado y por lo tanto, ha perdido competitividad.  Dado que hemos tenido varias experiencias muy negativas con las devaluaciones, el rumor se extiende rápidamente y la gente empieza a comprar más dólares, provocando al final de cuentas la propia devaluación.

Sin embargo, existe otro tipo de rumores que son más bien de origen político.  A veces estos rumores empiezan porque alguien averiguó anticipadamente un hecho y lo empieza a difundir, por ejemplo, la renuncia de algún funcionario público.  En otras ocasiones, resulta que algún grupo político dentro del propio gobierno lanza un buscapiés para tratar de medir el sentimiento popular sobre algún tema, por ejemplo, el rumor de hace unos años de que Salinas quería modificar la Constitución para poder reelegirse.

No obstante, existe otro tipo de rumor cuyo origen no está basado en algún hecho concreto o información privilegiada, sino más bien en los deseos de algunas personas.  Empiezan a expresar su opinión sobre algo que les gustaría que pasara, aunque saben bien que sería casi imposible, y se inicia la difundir como un rumor distorsionado sobre algo que pudiera pasar.  Este es el caso específico del rumor de la supuesta renuncia presidencial.

Algunas personas de oposición, aprovechando la situación tan delicada del país, empiezan a expresar su opinión de que el Presidente debería renunciar.  Aunque dicen que es por falta de liderazgo y resultados económicos tan pobres, la razón de fondo, es que quieren aprovechar la situación política para tratar de jalar agua a su molino.  Dado que la economía está sufriendo su crisis más grave desde los años treinta y el sistema político está en plena transición, algunas personas compran la idea y la empiezan a difundir.  Poco a poco se va convirtiendo en un rumor.  En particular, este rumor cobró algo de fuerza el año pasado, pero la fue perdiendo con el tiempo por lo absurdo de su contenido.

No obstante, existen algunas personas a las que les encantaría que pasara lo peor para aprovechar la ocasión, más por sus ambiciones personales que por el bien del país.  Este es el caso de Humberto Musacchio, quien dedicó su columna editorial en este periódico el pasado martes 21 de mayo al tema.  Es un ejemplo clásico de confundir un rumor que tiene sustento, con los deseos personales de una persona o un grupo.  Es un artículo sumamente sesgado y amañado, con profundas manipulaciones para expresar un punto de vista personal como si fuera una realidad generalizada.

El editorial empieza con la afirmación de que el rumor de la renuncia presidencial es generalizado y que ya no es sobre la factibilidad del hecho, sino en torno a la fecha más conveniente.  Aquí quiere dejar la impresión de que toda la sociedad acepta el rumor como un hecho y ya nada más queda definir cuándo.  Podrá ser que esta persona y un grupo amplio de intelectuales y miembros de la oposición opinen que esto es lo que les gustaría que pasara.  Pero pensar que sea algo cercano a la realidad raya en lo absurdo.

Según esto, hoy cobra fuerza este rumor porque a los 18 meses de la asunción presidencial las cosas no mejoran, aunque se haya pasado de lo peor a lo simplemente malo.  Este es un juicio muy parcial, equivalente a ver el vaso medio vacío y concluir que está completamente vacío.  Tenemos que reconocer que todavía falta mucho, más bien muchísimo por mejorar.  Sin embargo, la situación de hoy en día dista mucho de lo que era hace un año.

Hace un año teníamos un problema grave de iliquidez, que amenazaba pasar a uno de insolvencia.  Hoy hemos superado este problema, amortizando el saldo total de los Tesobonos y poco a poco reestructurando la deuda externa a más largo plazo.  Hoy en día el tipo de cambio se ha estabilizado y la inflación va a la baja.  Las tasas de interés, que contienen un componente importante de riesgo país, van bajando rápidamente.  Gracias a la apertura económica, hemos podido incrementar nuestras exportaciones, creando nuestra propia fuente de divisas.  Las políticas monetaria y fiscal se han manejado con prudencia, garantizando una estabilidad que será la base futura de la recuperación.  Hoy tenemos indicios de que la economía podrá recuperarse y el tropiezo no será permanente.

Definitivamente tenemos mucho por recorrer.  Pero esto no significa que nos hemos estancado en una crisis sin fin y sin remedio.  El camino hacia la recuperación es lento y largo.  Pero eso no significa que no exista el camino.

Estoy totalmente de acuerdo que es innegable la profunda insatisfacción que recorre el país.  Sin embargo, a pesar de todo, cada vez escucho más gente que empieza a hablar bien de los esfuerzos del gobierno y que comenta que existe esperanza.  Hace un año, nadie hablaba de esperanza sino únicamente de desesperación.

Afortunadamente, el Presidente ha sido obstinado en su enfoque de estabilizar la economía y sentar las bases para el crecimiento futuro.  Si hubiera escuchado a los seudo-líderes empresariales o a otro grupo de opinión, estaríamos en una situación peor.  Tenemos que aceptar el hecho de que no existen caminos fáciles.  No existen opciones viables mejores al camino tomado.  Claro está que a nivel de detalle, algunas decisiones podrían haber sido mejores.  Pero el rumbo general de la política económica es la adecuada.

Se menciona que el disgusto se expresa en todas partes y que proviene de algo más que el desastre económico.  Sin lugar a dudas tenemos muchos problemas, como los tienen la gran mayoría de los países.  En estos tiempos, la disidencia y la crítica son elementos esenciales para presionar el cambio y buscar fórmulas mejores.  Hay evidencia concreta de avances logrados gracias a estas presiones.  Sin embargo, la crítica debería ser constructiva y no destructiva.  Debemos buscar soluciones y no quedarnos en el análisis del problema.  Hasta ahora la gran mayoría ha presentado diagnósticos impresionantes de lo que está mal, pero escasamente acompañado de políticas concretas y viables.  No hay duda de que estamos mal, pero sí hay dudas acerca de las opciones presentadas.

Sin lugar a dudas, nuestro sistema político es obsoleto.  Un sistema autoritario, sin representación genuina, sin la aplicación del estado de derecho y con arbitrariedades generalizadas no solamente ha dejado de ser funcional, sino que representa todo lo que queremos cambiar como sociedad.  No obstante, estamos en una etapa de transición.  El cambio se manifiesta todos los días y en muchos aspectos.  La aparente vulnerabilidad y falta de poder del Presidente actual es precisamente producto de esta transición.  Pero una cosa es que nos gustaría que el cambio se diera más rápido o más ordenado y otra es que nos gustaría que el cambio nos favoreciera en lo personal.  Al final de cuentas, lo último no sería un cambio del sistema sino únicamente de las personas.

Si bien como nos dicen que los rumores influyen en decisiones sobre la inversión y en otros proyectos, ¿como nos explicamos los 6,964 millones de dólares de inversión extranjera directa que entraron al país el año pasado, siendo este monto el segundo más alto para un año en nuestra historia?  Los verdaderos hombres de negocios saben bien que nuestro país no ha muerto y que existen todavía muchas oportunidades.

No es un hecho grave el que se discuta la dimisión del Presidente, voluntaria o negociada.  Este es el derecho innegable de la disidencia.  Más bien el hecho grave es pretender generalizar una opinión minoritaria como un clamor generalizado de la sociedad.  La solución está en las urnas.  Si no nos gusta la crisis y su manejo, simplemente votemos por otro partido.


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jueves, 16 de mayo de 1996

¿Por qué no Podemos Crecer Como Antes?

 

Pulso Económico


¿Por qué no Podemos Crecer Como Antes?

                                                                                                    Por: Jonathan Heath


Mucha gente ha preguntado por qué no podemos volver a crecer como lo hicimos entre 1940 y 1980.  Bajo el esquema de sustitución de importaciones, nuestro país logró una tasa de crecimiento superior al 6 por ciento promedio anual por un periodo de cuatro décadas.  Durante ese tiempo, teníamos mucho de los hoy llamados pecados económicos: subsidios, proteccionismo, intervención gubernamental, empresas públicas y regulaciones.  Sin embargo, los resultados fueron muy buenos.
Inclusive, durante una parte importante de ese periodo teníamos una inflación similar a la de nuestros socios comerciales, el sueño eterno del Banco de México.  Antes de los años setenta, el tipo de cambio estaba fijo, sin problemas de valuación y no teníamos un endeudamiento excesivo.  Parte de la clave era que teníamos políticas fiscal y monetaria prudentes.  Sin embargo, teníamos una economía cerrada que funcionaba muy bien.  ¿Por qué se han empeñado las autoridades en abrir la economía y dejar de proporcionar una protección fundamental a nuestra industria?
Antes crecíamos y ahora no.  Hoy en día la mortandad empresarial es enorme, mientras que bajo el esquema anterior surgían cada día nuevas empresas.  En aquel entonces no teníamos problemas de inflación ni de sobre endeudamiento, mientras que ahora ambos nos ahogan.  El costo del capital era muy accesible y hoy no lo es.  Todo parece indicar que la solución obvia y relativamente fácil es regresar al esquema anterior: prudencia fiscal y monetaria con una economía cerrada en la que el gobierno corrige las múltiples fallas del mercado.  ¿Por qué se ha escogido un camino tan tortuoso y complejo, cuyos resultados son desastrosos?
Las respuestas a estas preguntas son vitales.  Resulta sumamente importante entender por qué funcionaba ese esquema anteriormente, pero que hoy en día ya no podría.  Son dos las razones básicas.  Primero, fue un esquema de desarrollo que sí bien dio resultados en un momento dado, terminó por agotarse.  Segundo, las condiciones iniciales fueron muy distintas y sería imposible regresar a ellas.
En el esquema de sustitución de importaciones, la industria crece bajo una protección fundamental del exterior.  Esto brinda a las empresas la oportunidad de desarrollarse sin presiones para ser competitivas.  Aunque no con mucha eficiencia, las empresas empiezan a crecer y a generar empleos.  Sin embargo, eficiencia y competitividad son conceptos que se relegan a un segundo término, dado que el desarrollo de la base industrial apenas se empieza a dar.  El resultado es que la tasa de retorno sobre cualquier actividad interna es muy superior a cualquier actividad de exportación.  Por lo mismo, cada vez las exportaciones son menores, ya que todas las inversiones van hacia el mercado interno.
Dado que el país no tiene un nivel de ahorro interno muy elevado, siempre se ha necesitado traer capital del exterior.  Visto desde otro ángulo, dado que se necesita importar ciertos insumos básicos, siempre ha sido esencial tener una fuente de divisas para financiar estas importaciones.  Sin embargo, dado que el incentivo para exportar era cada vez menor, las divisas se tenían que conseguir a través de otros medios.  Como no se estimulaba mucho la inversión extranjera directa, la única forma era a través del endeudamiento externo.  Este se fue acumulando con el tiempo hasta que llegó a un nivel insostenible.  Parte del problema era que las divisas que pedíamos prestadas al exterior no se invertían en actividades que pudieran generar más divisas para pagar las deudas.  De esta forma, al exportar cada vez menos y contratar cada vez más deuda, la brecha entre la oferta y la demanda de divisas simplemente dejar de cuadrar.  Llegó un momento en que la carga de la deuda era demasiada elevada y el riesgo de prestarnos más era muy grande.


En pocas palabras, el esquema se agotó.  Para que pudiera volver a funcionar, necesitábamos disminuir de nuevo la carga de la deuda o bien, estimular las exportaciones.  Disminuir la carga de la deuda externa por sí sola era muy difícil y por lo tanto, se escogió la alternativa de la exportación.  Lo primero nos hubiera comprado tiempo, pero tarde o temprano tendríamos que regresar a la misma situación.
No obstante, también debemos tomar en cuenta que las condiciones iniciales (hace más de cincuenta años) fueron muy distintas e imposibles de repetir.  Casi por única vez en nuestra historia, partimos en 1942 de una situación fuera de serie que nos permitió crecer por arriba del 6 por ciento por más de cuarenta años.  En 1942 hubo una renegociación de la deuda externa que limpió por completo el peso de la deuda.  Es decir, arrancamos virtualmente de una situación de cero deuda.  Nunca había sido el caso antes ni parece ser que podrá ser el caso en el futuro.  Tuvimos una oportunidad de oro que desafortunadamente no aprovechamos al máximo.
Dado que el gobierno posrevolucionario repudió la deuda contratada por Victoriano Huerta, la comunidad financiera internacional rehusaba prestarnos dinero.  Como resultado, no pudimos crecer mucho durante las dos décadas siguientes a la revolución.  Sin embargo, en 1942 se logró una quita equivalente al 90 por ciento de nuestra deuda, con un plazo de 30 años para pagar el 10 por ciento restante, de los cuales los primeros 20 fueron de gracia.  En otras palabras, la comunidad financiera internacional, por presiones de la segunda guerra mundial, nos condonó básicamente toda la deuda.
De esta forma, arrancamos a principios de los años cuarenta sin carga de deuda externa.  En ese momento teníamos que buscar un esquema de desarrollo que nos permitiera crecer sin volver a caer en los mismos vicios de antes.  Esto significaba un modelo que pudiera generar sus propias necesidades de divisas y que fomentara el ahorro.
En ese momento, se escogió la sustitución de importaciones dado que nuestra base industrial era incipiente.  Teníamos que proteger la economía al principio de una competencia desmesurada.  Funcionó por un buen tiempo porque se aplicó una política monetaria y fiscal prudente y no se tenía una carga de deuda.  Sin embargo, al final de cuentas fracasó porque se abandonó la prudencia y nunca se quitó la protección interna.  Lo primero aceleró el endeudamiento, mientras que lo segundo nunca pudo alentar la generación adecuada de divisas.
Desafortunadamente, es casi imposible pensar en otra situación que pudiera brindar una quita casi total de la deuda externa.  Sin embargo, las lecciones son importantes.  Primero, la prudencia fiscal y monetaria son básicas.  Ningún esquema de desarrollo funciona sin ella.  Segundo, necesitamos un modelo que estimule la generación de divisas.  Sin divisas no podemos crecer, pero tampoco podemos seguir incrementando nuestro nivel de endeudamiento.
Una solución que, ante las lecciones del pasado, debemos seguir.

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jueves, 9 de mayo de 1996

La Importancia de la Estabilización

 

Pulso Económico


La Importancia de la Estabilización


Por: Jonathan Heath


Mucha gente ha cuestionado la importancia de la estabilidad económica.  Han dicho que la obsesión de abatir la inflación se ha llevado más allá de lo necesario, cuando las prioridades actuales son otras.  Se ha hablado mucho de cambiar el modelo actual y adecuar la política económica hacia el verdadero desarrollo del país.

Este cuestionamiento surge en un momento en que ha existido una convergencia notoria a nivel mundial sobre qué es lo que debe incluir la estrategia de política económica para el desarrollo.  Esta estrategia incluye rectitud fiscal, política cambiaria competitiva, libre comercio, privatizaciones, precios de mercado sin distorsiones y menos intervención del gobierno.  La creencia de la eficacia y necesidad de estas políticas ha unificado a la gran mayoría de los economistas profesionales que se interesan en los temas relacionados con el desarrollo económico.

En este sentido, hemos visto reformas similares en una gran mayoría de los países latinoamericanos como Bolívia, Argentina, Perú, Colombia, Brasil y Chile; en virtualmente todos los países de Europa Oriental, incluyendo a Rusia y los demás países de la ex Unión Soviética; en países de Africa, Asia y el Medio Oriente; e inclusive, en algunos países de la OCDE como Portugal, España, Gran Bretaña y Australia.  Hasta el ejemplo clásico de una economía cerrada, de sustitución de importaciones, como la de la India, también ha participado en estas reformas.

Precisamente por esto, resulta de sumo interés un artículo de Dani Rodrik dela Universidad de Columbia, titulado “Understanding Economic Policy Reform” (Entendiendo la Política Económica de la Reforma) publicado en el último número del Journal of Economic Literature.  Rodrik realiza un análisis por lo demás sumamente interesante para tratar de contestar varias pregundas que han surgido a raíz de todas las reformas que se han realizado a nivel mundial.  ¿Por qué coincidieron ahora tantos países en implantar reformas estructurales, después de décadas de políticas opuestas?  ¿Por qué, en muchos casos, estas políticas no han sido popularmente aceptadas?  ¿Cuáles han sido los motivos políticos que han empujado al cambio?  ¿Cuáles son los costos de las reformas en el corto plazo?

En particular, el profesor Rodrik pone mucho énfasis en la distinción entre (a) las políticas macroeconómicas que buscan la estabilidad económica, como son las monetaria, fiscal y cambiaria, y (b) las políticas de liberación, que buscan la reforma estructural y el crecimiento, como son la desregulación, la apertura comercial, la eliminación de distorsiones en precios y la privatización.  Ha sido muy común combinar estos dos grupos de políticas bajo una sola categoría, dado que han coincidido en casi todos los esfuerzos de reforma observados durante la última década.

Para empezar, las dos tienen un fundamento teórico muy diferente el uno al otro.  El consenso sobre qué debe constituir una reforma estructural está basado en fundamentos teóricos y empíricos mucho más débiles que el consenso sobre la necesidad de la estabilidad macroeconómica.  Si examinamos las experiencias exitosas de los países asiáticos, encontramos que la nueva ortodoxia ha tendido a producir una versión muy sesgada sobre qué se debe reformar y qué no.  Se ha difundido que para que un país sea exitoso, debe llevar a cabo muchas políticas orientadas a disminuir la participación del gobierno y utilizar mucho más al mercado como mecanismo principal de asignación de recursos.

Lo que argumenta Rodrik es que bajo el rubro de sustitución de importaciones, se han catalogado muchas políticas que no tienen nada que ver con su funcionamiento como la indisciplina fiscal y el tipo d cambio sobrevaluado.  Esto ha pasado dado que facilita la descripción de una economía cerrada por la coincidencia, en la mayoría de los casos, con un política populista de déficit fiscales.  Sin embargo, esto dificulta el análisis de por qué fracasó este esquema de desarrollo.  El problema generado es que se atribuye el fracaso a las políticas microeconómicas, cuando el verdadero culpable son las políticas macroeconómicas insostenibles.

El ejemplo que utiliza Rodrik es el de un país que lleva a cabo ciertas restricciones a la importación, junto con una política de sobrevaluación cambiaria.  El efecto de la restricción a las importaciones va a hacer que disminuya el comercio y seguramente va a ocasionar una asignación ineficiente de recursos. Sin embargo, por sí solas estas restricciones no van a causar una inestabilidad económica ni deben reducir mucho las posibilidades de crecimiento en el largo plazo.

Sin embargo, el efecto del tipo de cambio sobrevaluado es muy diferente.  Por definición, resulta en un déficit comercial elevado e insostenible, que provoca una crisis en la balanza de pagos.  Por lo tanto, los desajustes en el tipo de cambio están directamente vinculados a la inestabilidad económica y al deterioro de las posibilidades de crecimiento en el mediano y largo plazos.  La confusión entre estas dos políticas lleva a muchos estudios empíricos a concluir equivocadamente que la falta de apertura comercial limita las posibilidades de crecimiento de un país.

Lo que Rodrik concluye es que, sin lugar a dudas, las políticas de déficit fiscal, expansión monetaria y monedas sobrevaluadas, crean inestabilidad económica y limitan seriamente las posibilidades de crecimiento.  Sin excepción, los déficit son malos para el crecimiento.  Esto significa que independientemente de cualquier política de liberación que queramos realizar (privatizaciones, mayor apertura, desregulaciones, eliminación de subsidios, etc.), no vayamos a relajar las políticas monetaria o fiscal.  Podemos discutir la necesidad de acelerar el proceso de privatización y de alargar el periodo de apertura comercial, pero no ceder en la necesidad de eliminar la inestabilidad económica.

Si fallamos en acelerar las políticas de cambio estructural, provocaremos una asignación menor a la óptima en nuestros recursos.  Seremos menos eficientes de lo que pudiéramos ser, pero podremos seguir creciendo.  Sin embargo, si fallamos en eliminar la inestabilidad, provocaremos menos crecimiento econpomico y por lo tanto, menos bienestar para todos.  En pocas palabras, lo primero lo podemos discutir y negociar; lo segundo debería estar fuera de discusión.

Por lo mismo, sorprenden los comentarios de aquellos que promueven abandonar los esfuerzos por estabilizar la economía como primer prioridad y promover el populismo financiero.


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jueves, 2 de mayo de 1996

¿Viene Otra Devaluación?

 Pulso Económico


¿Viene Otra Devaluación?


Por: Jonathan Heath


El rumor de una nueva devaluación ha empezado a surgir por muchos lados.  Mucha gente, sin entender bien la dinámica detrás de la política cambiaria actual, está tomando como un hecho que pronto habrá la necesidad de darle otra ajustadita a la moneda.  Mi dentista me pregunda que si la devaluación va a ser pronto o todavía dentro de unos meses más.  A la mitad del partido de tenis durante el fin de semana, mi compañero me trata de convencer de que todas mis teorías e hipótesis están equivocadas, dado que cuando se empieza a escuchar el rumor es porque ya es un hecho.  Hasta mi cuñado me dice que de muy buena fuente ya le dijeron que más vale comprar dólares.

Los rumores siempre abundan en tiempo de crisis.  Cuando aparece un fenómeno que no se entiende, muchas veces se busca una explicación que hace sentido a la vox populi.  Aunque pueda carecer de lógica y no tenga validez teórica, el rumor se empieza a difundir.  Algunas veces, estos rumores caen por su propio peso, dado que no llegan a convencer a nadie.  Sin embargo, otras veces llegan a circular hasta el último rincón de la ciudad.  A pesar de que muchos sociólogos y sicólogos estudian el fenómeno del rumor, cómo empieza y cómo se difunde, al final de cuentas la pregunta más importante es si es cierto.

Una devaluación se entiende como un cambio abrupto y repentino del precio en pesos del dólar, comúnmente denominado el tipo de cambio.  Si el tipo de cambio varía de valor en un monto pequeño o empieza a deslizarse lentamente durante un tiempo determinado, se le llama depreciación.  En otras palabras, si el peso pierde valor, se deprecia.  Sin embargo, si la depreciación es grande e inesperada, entonces es una devaluación.

El tipo de cambio es simplemente el precio (expresado en pesos) del dólar, esto es, el precio de un bien determinado.  Al igual que otros bienes, el precio cambia según la oferta y la demanda.  Si hay un cambio repentino en la oferta o en la demanda, entonces lo más probable es que observemos una devaluación.  De otra manera, el tipo de cambio se depreciará o se apreciará dependiendo de las fluctuaciones diarias en la oferta y la demanda.

En este sentido, para saber si puede venir una devaluación, tenemos que preguntarnos si pudiera darse un cambio repentino en la oferta o demanda de dólares.  Anteriormente, cuando teníamos un tipo de cambio semi-fijo (o de reglas preestablecidas), el Banco de México intervenía en el mercado, comprando o vendiendo divisas, para mantener lo dentro de una banda previamente acordada.  En otras palabras, mandaba dólares al mercado cuando  escaseaban y los comproba cuando sobraban.  Para poder realizar este tipo de intervenciones, era fundamental tener una reserva de dólares (la famosa reserva internacional).  La devaluación se daba cuando el Banco de México ya no tenía dólares para vender y por lo tanto, el mercado los buscaba desesperadamente por donde fuera y al precio que fuera.  Es por esto que todos se fijaban en el momento de las reservas que mantuviera el Banco Central.

No todas las devaluaciones se han dado cuando se acaban las reservas del Banco Central.  En noviembre de 1987, el Banco de México decidió dejar de vender dólares al mercado a pesar de que tenía un acervo elevado de divisas.  La idea en aquel momento era la de elevar el precio del dólar para evitar que las reservas se agotara, como un preámbulo al programa de estabilización que estaba a puno de instrumentarse.

Sin embargo, la dinámica detrás de la determinación del tipo de cambio ha cambiado.  El Banco de México ya no interviene en el mercado como antes para garantizar un nivel o rango dados.  De hecho, el nivel de reservas que mantiene el banco, descontando lo que se debe al FMI (activos netos internacionales), es muy bajo.  El tipo de cambio se determina básicamente a través de la oferta y la demanda diarias que existen en el mercado.

No obstante, mucha gente todavía piensa que el Banco de México interviene en el mercado en una forma u otra.  Piensan que la reciente apreciación del tipo de cambio es el resultado de una política deliberada por parte del gobierno.  Resulta difícil convencer a estas personas de la existencia de un régimen cambiario de flotación.

La razón por la cual piensan que pudiera devaluarse pronto la moneda, es una combinación de factores: la apreciación observada le ha restado al peso una parte importante de la competitividad que se ganó con la devaluación de 1994; el tipo de cambio ha permanecido muy estable ante un elevado diferencial de inflación con el exterior: las importanciones han empezado a crecer, incrementando la demanda de divisas; y, las tasas de interés están demasiado bajas, haciendo que las inversiones en pesos ya no sean atractivas.

¿Son éstas razones suficientes para causar una devaluación?  Para esto tendrían que ocasionar un cambio grande y repentino en la oferta o la demanda y no un cambio gradual.  La respuesta, estrictamente hablando, es no.  Los fundamentos del mercado están donde deben estar, es decir, el mercado se encuentra en equilibrio y mantiene básicamente una oferta similar a la demanda.  Si empiezan a aumentar las importancias, causan un aumento en la demanda de dólares, entonces el tipo de cambio se depreciará, pero no necesariamente habrá una devaluación.  En otras palabras, podríamos observar un cambio lento y seguro en el tipo de cambio, más no un cambio grande y repentino.

A todo esto le faltaría algo para ocasionar una devaluación.  Ya no puede ser un agotamiento de las reservas, dado que el régimen cambiario es de flotación.  El elemento que faltaría seria la percepción del mercado.  Si pensamos colectivamente que viene una devaluación, empezaríamos a demandar dólares rápidamente antes de que nos suban el precio.  Habría una devaluación, no porque se necesite, sino simplemente porque la misma percepción del mercado la motivó.  De todas las razones para una devaluación, esta es la más peligrosa, dado que no se puede predecir, ni obedece a ninguna teoría.

Hoy en día, no existe ningún desequilibrio en el mercado, ni es necesaria una devaluación.  Sin embargo, si nadie cree en esta afirmación, poco podemos hacer ante el rumor.  La percepción de la gente es más poderosa que el razonamiento o la teoría.

En pocas palabras, de nosotros depende.


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jueves, 25 de abril de 1996

¿Es Demasiado Restrictiva la Política Monetaria?

 

Pulso Económico

¿Es Demasiado Restrictiva la Política Monetaria? 

Por: Jonathan Heath

En el fondo de la discusión sobre la política monetaria está la crítica de que ha sido demasiado restrictiva, y por lo tanto, ha causado graves daños en el país.  En varias ocasiones hemos discutido sobre la necesidad de una política firme, que evite presiones inflacionarias y que pudiera consolidar la incipiente estabilidad que estamos observando.  También hemos discutido que no es el Banco Central el que ha restado liquidez a la economía, sino más bien han sido los cambios tan dramáticos que se observaron durante el año pasado en cuanto a los flujos de capital del exterior.  A pesar de estas observaciones, queda claro que muchas personas, incluyendo a los seudo-líderes empresariales, se han quedado con la impresión de que la política ha sido más restrictiva de lo necesario.

¿De dónde han tomado esta impresión?.  Creo conveniente examinar este punto para aclarar las malas impresiones.  A mi juicio, todo esto viene de cuatro consideraciones diferentes: el no entender el papel que juegan las variaciones estacionales de la base monetaria durante el año, la confusión que el mismo Banco de México permitió el año pasado sobre las diferentes definiciones de las reservas internacionales y el crédito interno neto; una mala concepción sobre lo que puede y no puede hacer la política monetaria; y una frustración general sobre la prolongación de la recesión actual.

Primero, las variaciones estacionales.  La demanda de dinero y la oferta subsecuente de la base monetaria, muestran un patrón muy marcado durante el año.  Empieza el año con una contracción muy importante, mantiene un incremento pequeño pero sostenido durante el segundo y tercer trimestres, para finalizar el año con un repunte mayor.  Este patrón ha existido desde hace décadas y por lo tanto, no es fenómeno reciente.

El año pasado, el Banco Central dio a conocer la meta (techo) para la expansión de su crédito interno neto.  Dada esta estacionalidad, al principio del año hubo una gran contracción en la base monetaria, que se dio en muy buena parte simplemente por la baja en la demanda que se observa tradicionalmente.  Sin embargo, muchas personas interpretaron este hecho como una sobre-reacción de parte de las autoridades monetarias ante la situación existente y pensaron que el Banco estaba retirando liquidez de la economía innecesariamente.  Hacia el final de año, cuando la base monetaria empezó a crecer bastante, muchos llegaron a la conclusión contraria, de que existía un relajamiento de la política monetaria.  En ambos casos, el Banco de México estaba actuando en función de las demandas estacionales, lo cual no significaba un sobreajuste en ninguna dirección.

Segundo, las diferentes definiciones.  Los problemas creados por la utilización de diferentes definiciones los hemos comentado en varias ocasiones.  No obstante, cada definición resultaba en un monto muy diferente del crédito neto.  La utilizada aquí para el consumo nacional, decía que la contracción del crédito el año pasado fue de cerca de 50 mil millones de pesos.  La utilizada por el FMI para medir nuestra política monetaria, terminó el año con una expansión entre 15 y 20 mil millones de pesos.  Como podrán ver, la diferencia de casa 70 mil millones de pesos, no es trivial.

El problema surgió al comparar los montos con la meta (techo) de una expansión de 10 mil millones de pesos.  Mientras el FMI estaba preocupado porque la expansión realizada fue ligeramente mayor que la permitida, las cifras utilizadas aquí en México apuntaban a que las autoridades monetarias sacaron 50 mil millones de pesos de circulación cuando el compromiso era inyectar hasta 10 mil millones.  La conclusión lógica fue que el Banco de México persiguió una política monetaria brutalmente restrictiva, cuando realmente no fue el caso.

Tercero, lo que puede y no puede hacer la política monetaria.  Las autoridades monetarias tienen un cierto control (no exacto) sobre la liquidez nominal en la economía.  Sin embargo, no controlan ni determinan la liquidez real, y la diferencia entre las dos es lo que más presiona el nivel de precios.  Lo que hace l Banco es tratar de calcular las necesidades reales de liquidez de la economía, para después tratar de igualarlo con la liquidez nominal.  Si el Banco incrementa la liquidez nominal sobre la real, lo único que hace es crear inflación.

La liquidez real de la economía la determina el propio mercado, a través de las relacione de producción, los patrones de pago, la productividad y demás factores de la economía real.  El mito radica en pensar que el Banco puede crear liquidez real.  Algunos estudios han apuntado que existe una relación temporal entre un aumento en la liquidez por parte del Banco y una mayor producción en la economía.  Sin embargo, mientras más memoria inflacionaria tiene una economía, menos tiempo dura este fenómeno temporal y el costo es únicamente mayor inflación

El Baco de México busca disminuir la inflación, para que puedan bajar las tasas de interés y se estimule la economía.  Las tasas de interés contienen dos componentes importantes (en adición a la parte real), que son uno que compensa la inflación, y otro, que compensa el riesgo.  Al bajar la inflación, se reducen normalmente los dos componentes, permitiendo así reducir las tasas de interés.  Esto no funciona al revés.

Finalmente, existe la frustración de la recesión.  Aquí tenemos que entender que todos queremos que se acabe la recesión y que se vuelvan a crear empleos. Al prolongarse la recesión, muchos empiezan a cuestionar la política económica, buscando culpables de la situación actual. En este cuestionamiento, se empieza a olvidar que no existen soluciones mágicas ni panaceas.  En la vida nunca nada es gratis, ni se logra sin mucho trabajo.

La solución radica en el trabajo y en el sacrificio. Al gobierno tenemos que pedirle cambios que faciliten el poder trabajar más.  No obstante, no podemos pedir soluciones mágicas que nos den una mejoría con menos trabajo.  Esto simplemente no existe.

 

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jueves, 18 de abril de 1996

La Credibilidad de la Política Monetaria

 

Pulso Económico


La Credibilidad de la Política Monetaria


Por: Jonathan Heath


La semana pasada comenté que existían algunas señales incipientes de que el Banco de México podría contemplar un relajamiento prematuro en la política monetaria.  Los seudo-líderes empresariales han estado ejerciendo presión en este sentido, pensando que una política laxa sería como una panacea.  Hasta hoy en día el Banco Central ha aplicado una política correcta, asegurando que la liquidez existente corresponda a las necesidades reales de la economía, con lo que evita una circulación excesiva que únicamente provocaría mayor inflación.  Mis comentarios estaban más bien dirigidos a la preocupación de que las autoridades monetarias empezaran a cambiar el rumbo cediendo a la presión de varios sectores de la sociedad.
No creo que éste sea el caso.  Los funcionarios del Banco entienden bien la problemática actual.  La autonomía se les otorgó precisamente para lidiar con situaciones como la de hoy en día.  La función del Banco es remar contra la corriente para abatir la inflación, pues conoce los efectos perversos que ocasionarían si hiciera lo contrario.  En el fondo, el Banco ha hecho justamente lo que tiene que hacer.  Aquí no tengo ninguna crítica ni objeción.
No creo que el Banco esté comenzando una política laxa.  Mi preocupación radica más bien en las críticas absurdas de los líderes empresariales y otros grupos, que pudieran ir tomando fuerza.  Ahora resulta que el lunes pasado, un periódico dio a conocer la noticia de que hasta la consultora Ciemex-Wefa de Estados Unidos se dedica a vender ilusiones.  Es importante contraatacar estas posiciones peligrosas y al mismo tiempo monitorear la política monetaria para cualquier cambio en esta dirección.
Mis señalamientos han sido más bien a la forma y no al fondo.  Resulta muy importante restablecer la credibilidad en nuestras instituciones y crear una mayor dosis de confianza.  Esto se hace a través de una política de información totalmente transparente, que evite siempre posibles confusiones.  Esto se hace a través de la publicación de metas trimestrales concretas con un cumplimiento cabal posterior de las mismas.  Sin embargo, en varias ocasiones el Banco Central ha utilizado diferentes definiciones o diferentes números para diferentes personas.  Esto no se vale dado que perjudica la credibilidad de la institución.  Hace que cosas buenas parezcan malas.
Los funcionarios del Banco tienen razón cuando señalan que existe un programa de comunicación perfectamente calendarizado, en el que dan a conocer las cifras correspondientes del estado de cuentas (base monetaria, crédito interno neto, etc.) del Banco en fechas preestablecidas.  La coincidencia de la Semana Santa con el fin del trimestre no es culpa del Banco.  Ofrezco disculpas por haber insinuado lo contrario.
Sin embargo, donde ya no estoy de acuerdo es en el cumplimiento de la meta principal de la expansión de la base monetaria.  Pero antes que nada, quiero aclarar que en el fondo, este incumplimiento no es grave.  Se dio más bien por razones estacionales (de Semana Santa) y la semana pasada hubo una corrección, ahora la base esta muy cerca del compromiso adquirido.  También vale la pena mencionar en términos de abatimiento inflacionario, que lo importante es el monto promedio de la base durante un cierto periodo y no el monto exacto en un día determinado.  Otra vez insisto, en el fondo la política está bien, mi preocupación radica en la forma.
El Banco insiste (Cartas a Negocios de este periódico, página 21 A del viernes 12 de abril), en que el techo para la expansión de la base monetaria es la que señalan en el documento oficial “Exposición sobre la Política Monetaria para 1996”, cuadro 1, página 41.  Sin embargo, el miércoles 31 de enero a las 6 de la tarde, fuimos invitados a una exposición sobre la política monetaria, a la cual asistieron varios funcionarios de la institución.  En aquella plática nos dijeron que “si bien el saldo de cierre de la base monetaria en 1995 (66,809 mp) fue mayor al esperado (63,000 mp), dicha diferencia se revirtió durante enero.  Por ello, el Banco de México no estima conveniente hacer el ajuste correspondiente al límite establecido del crédito interno neto en el año”.  Esto signifícaba, según nos explicaron, que el punto de referencia para la expansión del crédito interno y de la base monetaria serían los 63 mil millones de pesos que habían estimado para el cierre de la base y no el cierre actual.
En algún artículo o columna mencioné este hecho, advirtiendo que era un error no haber dejado esta aclaración o nuevo compromiso por escrito.  Amablemente, dos funcionarios del Banco, cada quien por separado, me mandaron una copia del discurso que el Lic. Miguel Mancera pronunció el 15 de marzo pasado en la Convención Bancaria de Cancún.  Inclusive, uno de ellos incluía una nota explícita que decía “favor de poner atención al pie de página 3 de la página 14”.
Lo que dice esa nota de pie de página es que “el saldo del crédito interno neto del Banco de México al cierre de 1995 fue de 67,073 millones de pesos.  El saldo que hubiese correspondido a una base monetaria de 63 mil millones de pesos habría sido de 63,264 millones de pesos.  Por consiguiente, para ejecutar con el debido rigor el programa monetario para 1996, será la última cifra mencionada la que se tomará como punto de partida par determinar la expansión permisible del citado crédito”.
Tenemos que recordar que el crédito interno del Banco es el instrumento utilizado para manejar la expansión de la base monetaria.  Por lo mismo, sería absurdo pensar que el Banco toma un número como referencia para la expansión del crédito y otro para la base.  Esto significa que el punto de referencia para la expansión permitida de la base monetaria tiene que ser 63 mil millones de pesos, tal como lo mencioné la semana pasada.
Para mí, esto significa que no se cumplió la meta acordada al final del trimestre en la expansión permitida de la base monetaria.  Sin embargo, antes de escribir mi columna la semana pasada hablé por teléfono con un funcionario del Banco simplemente para asegurarme que estaba en lo cierto.  Al explicarle lo antes expuesto, me dio la razón.
Ahora el Banco está negando lo que nos dijeron en enero pasado y lo que confirmó el Lic. Mancera en su discurso en Cancún.  En el fondo, no es un problema grave el hecho de no haber cumplido con esta meta revisada, ni significa un relajamiento de la política monetaria.  Sin embargo, se me hace una falta de seriedad muy grave, negar el compromiso adquirido y ahora tratar de cubrirlo.
Lo que yo hubiera esperado del Banco era simplemente un comentario de que si se falló en la meta techo de la expansión de la base, acompañado de una explicación del por qué y con una nota en la que se aclara que no significa en ningún momento un relajamiento de las metas propuestas.
Insisto, la claridad en el manejo de la información es una política sana que inspira confianza y fomenta la credibilidad.

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jueves, 11 de abril de 1996

¿El Comienzo de una Política Monetaria Laxa?

 

Pulso Económico


¿El Comienzo de una Política Monetaria Laxa?


Por: Jonathan Heath


Durante la Semana Santa, cuando todos estábamos de vacaciones, el Banco de México discretamente reportó las cifras semanales de su estado de cuentas.  Sin comentarios, calladito, aprovechando que todos estábamos distraídos, se dieron a conocer las cifras del fin del trimestre para la expansión del crédito interno neto, de los activos internacionales netos y de la base monetaria.  Estas cifras son importantes, dado que por primera vez podemos constatar si las autoridades monetarias están cumpliendo con sus compromisos trimestrales.

Qué sorpresa nos llevamos cuando vimos que se falló en el cumplimiento de la meta principal: el techo para la expansión de la base monetaria.  La violación de este compromiso se da justo cuando iniciamos un mes de mucha inflación, cuando existe el peligro de una nueva escalada de precios y de que se inicie una nueva tendencia alcista en la inflación.  También se da precisamente cuando hemos visto que aumentan las críticas contra el Banco de México y una política monetaria que se ha catalogado como demasiados restrictiva.

¿Estamos en el umbral de un relajamiento de la política monetaria?  Aunque las tasas de interés registraron una subida esta semana, habíamos observado tres semanas consecutivas de descenso.  También se ha dado un incremento de 6,400 de millones de pesos en el crédito interno neto del Banco Central desde mediados de marzo.  Como resultado, la base monetaria se ha contraído únicamente en 2,100 millones de pesos al 3 de abril, cuando el compromiso del Banco era una contracción de 5 mil millones de pesos para estas fechas.

Al parecer, existe algo de evidencia de que las autoridades monetarias están cediendo a la presión del gobierno y de los líderes empresariales para aflojar la política monetaria y ante las criticas de ser demasiados obsesivos con la lucha anti-inflacionaria.

En el programa de política monetaria dado a conocer en diciembre pasado y reiterado en enero de este año, el Banco se comprometió a cumplir con ciertos limites en cuanto a la expansión del crédito interno neto y de la base monetaria.  El techo para la expansión de la base para el primer trimestre se estableció en menos 5 mil millones de pesos de la circulación durante los primeros tres meses del año.  Los números reportados para el 29 de marzo, fin de trimestre, indican que únicamente se retiraron 3,501 millones de pesos, lo cual significa una falla en el cumplimiento de esta meta, que fue acordada con el FMI y el Congreso mexicano

Mientras que la Constitución marca claramente que el Banco de México es una institución autónoma y que su objetivo primordial es estabilizar el poder adquisitivo de nuestra moneda, es decir, abatir la inflación, los líderes empresariales han estado abogando por una política monetaria expansiva.  Algunos han sugerido que la política monetaria actual es la causa de la recesión y del desempleo.  Han estado presionando para que el Banco Central modifique su política y empiece a aumentar la base monetaria.

Durante la Convención Bancaria anual en Cancún el mes pasado, el Gobernador del Banco, Miguel Mancera, nos volvió a aclarar que todas las metas acordadas sobre la expansión de las variables monetarias, se tenían que tomar en relación al estimado de la base monetaria de 63 mil millones de pesos para el fin de año que, se dio a conocer a mediados de diciembre y no los 67073 millones que resultó ser el cierre del año.  La razón fue que hubo un incremento extraordinario en la oferta monetaria en las últimas dos semanas del año.  Esto significa que los 7.3 mil millones de pesos que el Banco reportó como la disminución de la base monetaria (boletín de prensa número 34 del 2 de abril), no es el número relevante para medir el cumplimiento de las metas.

Este detalle técnico esconde el hecho de que la meta no se logró.  En este sentido, el dato proporcionado por el Banco es engañoso.  El Banco había hecho un esfuerzo importante para este año en presentar las cifras en una forma más transparente.  Sin embargo, no aclara esta confusión y no admitirlo públicamente, se presta a malas interpretaciones.

Este relajamiento se da justamente cuando el gobierno otorga un incremento adicional a los salarios mínimos, autoriza aumentos importantes en los precios de la tortilla y la leche y cuando estaban programados aumentos extraordinarios en los precios de la gasolina y la electricidad.  Como resultado, la mayoría de los analistas esperan una inflación entre 2.8 y 3.5 por ciento para el mes de abril, sustancialmente por arriba de la inflación de 2.2 por ciento reportada para el mes de marzo.  Inclusive, una de las empresas que realizan proyecciones económicas, Ciemes-Wefa, pronostica que la inflación de abril va a llegar hasta 4.5 por ciento, un punto porcentual completo por arriba de todos los demás.

Esta supuesta expansión monetaria se está dando en un mal momento. Por un lado, el Banco Central trata de alcanzar una mayor credibilidad al establecer límites trimestrales por adelantado, mostrando que existe una seriedad completa en el abatimiento inflacionario.  Por el otro lado, los líderes empresariales están n plena campaña en contra del Banco para que abandone la lucha anti-inflacionaria.  Al no cumplir en la meta de la expansión de la base monetaria, la credibilidad en una institución autónoma disminuye.

Mientras que el techo para la expansión de la base no se respetó, en las otras metas sí hubo cumplimiento.  Los activos internacionales netos aumentaron 1,776 millones de dólares, por arriba de su meta-piso de menos 500 millones de dólares.  La contracción del crédito interno neto fue de 21,141 millones de pesos durante el trimestre (o de 17,333 millones de pesos desde el punto de referencia correcta), mientras que tenía que haber sido por lo menos de 1,150 millones de pesos.  Sin embargo, el Banco tenía que retirar todavía más crédito interno para compensar la mayor acumulación de reservas y así evitar que la base monetaria creciera más de lo deseado.  Aquí fue donde falló.

Durante las últimas semanas hemos criticado la posición de los líderes empresariales, dado que de tomarse en cuenta, podría existir el peligro de una mayor inflación.  ¿Acaso el Banco de México los está escuchando en vez de las voces de la prudencia?


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