jueves, 15 de febrero de 1996

El Otro Lado de la Moneda

 

Pulso Económico


El Otro Lado de la Moneda


Por: Jonathan Heath


La crisis devaluatoria ha sido de una magnitud y complejidad tales que la discusión y estudios sobre sus causas y consecuencias han de durar no solamente muchos años más, sino décadas.  Ya ha aparecido una gran cantidad de ensayos, artículos, tesis y estudios profundos que contienen hipótesis muy diversas.  Lejos de llegar a las conclusiones finales, cada vez nos encontramos con más y más preguntas.

De vez en cuando aparecen algunos de estos estudios que valen más la pena que otros.  A veces por su profundidad, otras veces por su originalidad en cuanto a su enfoque y otras, simplemente por sus autores.  Un ejemplo es el estudio que en ocasiones pasadas he comentado, del Consejo de Relaciones Exteriores (The Council on Foreign Relations) de los Estados Unidos.  Este estudio vale la pena porque trata de expresar la opinión independiente de un grupo grande de personas de alto prestigio.  Es de una organización independiente, no lucrativa y sin afiliación política.

Otro estudio que bien vale la pena, y que representa el otro lado de la moneda, es el escrito por Francisco Gil Díaz y Agustín Carstens, ambos del Banco de México.  El estudio, publicado por el Banco como parte su serie de documentos de investigación, fue presentado en enero pasado en la junta anual de la Asociación Americana de Economía (American Economic Association).  El estudio es una apología semi-oficial del Banco de México, que pretende atacar algunas de las hipótesis más aceptadas y ofrece la conclusión ya conocida del Banco Central: las causas de la crisis fueron la combinación del régimen semi-fijo del tipo de cambio, el incremento explosivo en el capital internacional y los acontecimientos políticos inesperados de 1994.

Este es un contraste interesante con la conclusión del primer estudio: que las políticas monetaria y fiscal no respondieron adecuadamente a las condiciones cambiantes del mercado, que fueron los factores principales de la crisis.

El estudio de Gil Díaz y Carstens es una apología excelente, y está bien presentado y argumentado.  Sin embargo, contiene dos puntos que bien vale la pena comentar.  Primero, el haber sido escrito por dos personas del propio Banco Central, le resta el carácter de imparcialidad.  Por un lado es importante escuchar y entender a fondo la posición del banco.  Pero por el otro lado, nos gustaría leer los mismos argumentos y conclusiones de alguien que está fuera del ojo del huracán.  Es importante subrayar que esto no le resta mérito alguno al estudio, pero sí lo caracteriza.

Segundo, el ensayo tiene un defecto notorio en cuanto a forma.  Da la impresión de que quienes lo escribieron están bien ardidos.  Está escrito con un tono de burla y poco respeto hacia quienes no comparten la opinión de los autores.  En varias ocasiones, los comentarios de los autores ridiculizan a personas, que bien o mal, tienen cierta reputación internacional.  Esto, desafortunadamente, le resta seriedad al estudio.  Me sorprende que personas tan bien reconocidas no solamente por su trayectoria profesional, sino por su inteligencia y solidez como economistas, utilicen estas tácticas.  Ojalá que corrijan este defecto, dado que por lo demás, es una apología y réplica brillante, de dos de los mejores economistas del país.

En el escrito, los autores presentan contra-argumentos a seis de las hipótesis más manejadas (fuera del Banco de México) sobre las causas de la crisis: 1) la sobrevaluación de la moneda; 2) la expansión del crédito interno neto del propio banco; 3) la falta de, u obscuridad en la información; 4) el estímulo excesivo a la demanda agregada; 5) la falta de ahorro interno; y 6) el exceso de endeudamiento.

Los argumentos presentados en cada caso tienen fundamentos razonados e importantes que deben tomarse en cuenta.  Inclusive, en algunos puntos aportan argumentos nuevos (por lo menos para mí) que son temas de reflexión.

En lo personal, he manejado una hipótesis adicional, que si bien no explica totalmente la crisis, sí aporta una dimensión adicional: los costos de la transición de una economía cerrada a otra abierta, fueron subestimados o ignorados durante el sexenio pasado.  Como dijo hace diez años Michael Bruno, es más importante la transición misma que el producto final, cuando se va de una economía pre-reformista a una post-reformista.

Una segunda hipótesis que no maneja el estudio, que tambien es complementaria más no sustituta de las demás, es la del poder del mercado en cuanto a realizar sus expectativas, aunque no tienen fundamento.  Es decir, aun en el caso de que el tipo de cambio no estaba sobrevaluado, si el mercado piensa lo contrario, se va a llegar a una situación de devaluación.

Por último, una de las conclusiones del estudio es que los eventos políticos de 1994 fueron fundamentales para crear la vulnerabilidad en que se desarrolló la economía antes de la devaluación.  Un aspecto que faltaría investigar es la relación entre los eventos mencionados y las reformas económicas llevadas a cabo en años anteriores.  ¿Fueron estos eventos consecuencia directas de las reformas?  Si la respuesta es positiva, entonces se debe considerar esto como parte de los costos de instrumentar las reformas tan profundas como las que observamos durante la última década.

Todavía falta mucho por investigar, pensar y escribir sobre las causas de la crisis devaluatoria.  Pienso que es importante escuchar todos los argumentos, independientemente del lado que adopten y sin importar si están a favor o en contra.  Lo más seguro es que al final de cuentas la verdad se encuentre en una combinación de un poco de todo.


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jueves, 8 de febrero de 1996

La Impunidad Económica

 

Pulso Económico


La Impunidad Económica 


Por: Jonathan Heath


Recientemente, el Consejo de Relaciones Exteriores (The Council on Foreign Relations) de los Estados Unidos, encomendó a una comisión independiente, un estudio sobre las lecciones de la crisis mexicana del peso.  Este Consejo es una organización independiente, no lucrativa, sin afiliación política y de mucho prestigio, que publica entre otras cosas la revista Foreign Affairs.

La comisión encargada de realizar el estudio estuvo integrada por 28 personas, entre académicos, profesionales y periodistas de diferentes espectros políticos y económicos.  Gente de mucho prestigio como David Asman de Wall Street Journal y Martin Feldstein, del National Bureau of Economic Research, hasta algunos más radicales y controversiales como Steven Hanke de la John Hopkins University.  Aunque no todos estuvieron de acuerdo en todos los puntos de discusión, el estudio en sí es una visión interesante de afuera sobre nuestros problemas y algunas lecciones derivadas de la crisis.

Una de las conclusiones principales del estudio es que la devaluación no es una panacea o sustituto sin costo para políticas monetaria y fiscal sólidas.  En 1994 estas políticas no respondieron adecuadamente a las condiciones cambiantes el mercado, que fueron factores principales de la crisis.

Otra conclusión interesante es que no queda claro cuál era la mejor alternativa que se pudo instrumentar en ese año.  Dentro de la comisión, hubo diferentes opiniones sobre qué era lo que el gobierno debería haber hecho.

Sin embargo, una conclusión esencial en la que sí hubo consenso es que la creación de un fondo multilateral, junto con una devaluación, pudo haber producido un alivio en el corto plazo.  Sin embargo, este tipo de soluciones casi siempre traen consigo distorsiones mayores en el mercado y en los costos verdaderos, y por lo tanto, nunca deben sustituir a políticas monetarias, fiscales y estructurales sólidas y profundas.

Desde mi punto de vista, lo que quieren decir es que un programa de rescate financiero de la magnitud del que experimentamos, es el equivalente a una impunidad económica.  Al rescatar al gobierno después de haber cometido esos errores, virtualmente se está perdonando a los responsables y permitiéndoles escapar sin pagar las verdaderas consecuencias de sus errores.  El problema radica en que no se eliminan los incentivos para volver a cometer los mismos errores.

Después de la crisis devaluatoria de 1982, el gobierno recibió un rescate de alguna manera comparable al del año pasado. La lección fue que si cometemos errores mayores de política económica con los que vulneramos a todo el sistema financiero y económico, vamos a ser rescatados por la comunidad internacional: por lo tanto, es una opción viable.

No obstante, esta impunidad económica no se aplica únicamente a los errores macroeconómicos.  Hoy en día, estamos observando la impunidad en nuestro sistema financiero, en las empresas grandes y en general en muchas diferentes partes de nuestra economía.  Estamos otorgando impunidad a todos los que comparten el poder económico en nuestro país y la factura la estamos pasando a la sociedad.

Cuando se privatizó la banca, se vendieron las instituciones a los grandes millonarios del país.  Como resultado de una mala administración, los nuevos dueños cometieron múltiples errores que llevaron a los bancos a una situación de quiebra.  A través de Fobaproa, Procapte y demás esquemas, el gobierno los rescató sin que tuvieran que pagar los costos verdaderos.  El resultado fue una impunidad económica.

Ahora el gobierno nos está anunciando un nuevo programa de impunidad para unas 25 empresas grandes del país.  Para asegurar que los dueños no vayan a tener que pagar los costos de una quiebra, el gobierno los está rescatando.

Al final de cuentas, la factura se las están pasando a la mayoría de la población, que no tuvo vela en el entierro.  Cada peso gastado en rescatar a los banqueros, es un peso menos para la educación pública, un peso menos para un hospital o un peso menos para combatir la pobreza extrema.

Cada vez que el gobierno interviene en un esquema similar, está ocasionando distorsiones irreparables en el mercado.  La lección principal que se debe aplicar es que si no logramos manejar eficientemente una empresa, vamos a perder.  Pero si evitamos que quién cometió el error lo pague, entonces estaremos alentando la ineficiencia.  Lo que debemos entender es que al final de cuentas alguien tiene que pagar y no es justo que pague quien no debe.

La impunidad política significa que alguien puede violar las leyes del país sin recibir ningún castigo.  La impunidad económica es que alguien puede violar las leyes del mercado sin pagar las consecuencias.  Hoy, nuestra tarea es trabajar para erradicar la impunidad en todos los ámbitos.



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jueves, 1 de febrero de 1996

¿Habrá Recuperación?

 

Pulso Económico


¿Habrá Recuperación?


Por: Jonathan Heath



“El Hombre no vive únicamente del PIB”, Paul Samuelson

Ya tiene tiempo que el gobierno nos viene diciendo que existen signos de recuperación de la recesión tan tremenda que empezó hace ya un año. Sin embargo, por afirmar esto y después preguntar ¿de qué país están hablando? Para la gran mayoría la recuperación parece ser un concepto muy alejado de la realidad.

Esto nos lleva a preguntar, ¿realmente existen indicios de una recuperación?  La respuesta a esta pregunta es algo muy relativo, dado que depende de qué entendemos por recuperación, al mismo tiempo, para quién es la recuperación.

Según el gobierno, ya hemos dejado atrás la recesión.  Primero, porque son políticos y su instinto natural es decirnos que todo va bien y que en el futuro estará mejor, especialmente por las acciones y políticas que están instrumentando.

Segundo, porque son tecnócratas y definen una recesión como dos trimestres consecutivos de un crecimiento negativo en el PIB.  En el momento en que el PIB muestra un crecimiento positivo, se acabó l recesión.  Esta es una definición exacta y aceptada universalmente por los economistas.  Lo único que tenemos que hacer es aplicar un ajuste estacional a las cifras del PIB y veremos cómo el PIB del tercer trimestre del año pasado fue mayor al dl segundo trimestre.  Por lo tanto, la recesión terminó a partir del tercer trimestre de 1995 (por si no se habían dado cuenta).

Para la mayoría, esto es muy difícil de creer, dado que las cifras del PIB, como estamos acostumbrados, nos dicen que el tercer trimestre del año pasado hubo una caída de 9.5 por ciento, muy lejos de algo que suene como recuperación.  Lo que parece que nos están diciendo las autoridades, es que si manipulamos las cifras lo suficiente, podemos encontrar algo positivo.

Tercero, nos dicen que veamos otras cifras como el desempleo.  En agosto del año pasado tuvimos una tasa de desempleo de 7.6 por ciento.  Ya para diciembre esta tasa disminuyó al 5.2 por ciento, lo que indica que la economía está creando una cantidad impresionante de empleos.  Sin embargo, esto ya lo hemos analizado antes.  Es más bien indicativo de un gigantesco desempleo disfrazado y una habilidad muy buena de la mayoría de la población para adaptarse a situaciones adversas.

Para los empresarios, la respuesta es muy confusa y dispersa.  Por un lado, algunos nunca vieron la recesión, como los afortunados que exportan.  Para otros, la recuperación se empieza a ver a través de un modesto incremento en sus ventas.  Sin embargo, para otros, las cosas están igual de mal o peor.  Aquí juegan un papel interesante los líderes del sector privado, que más bien parecen funcionarios públicos diciendo que ya llegó la recuperación.  Parece que nos quieren convencer de que nuestra miseria es únicamente una ilusión.

Sin embargo, para la mayoría de la población y especialmente a nivel familiar, la respuesta es un NO rotundo.  Para esta gente el PIB es un concepto muy obscuro, y lo más probable es que ni siquiera lo han escuchado.  Estos definen la recuperación simplemente en términos de su poder adquisitivo.

Primero, ven el desempleo abierto, el desempleo disfrazado y el subempleo por todos lados.  Seguramente conocen muchos amigos, primos, hermanos y compadres que perdieron su empleo y como consecuencia, su poder adquisitivo.  Dado que apenas conservan su propio empleo y escuchan al jefe hablar todo el tiempo de lo mal que están las cosas, ni se atreven a pedir un aumento.  No se tienen ahorros ni activos para respaldarlos durante estos tiempos.  Sus pocos amigos que encontraron una chamba, ganan ahora menos que antes.

Después ven directamente su propio poder adquisitivo.  Sus salarios compran mucho menos hoy en día que en 1994.  Saben que el aumento que les va a tocar va a ser menor que el aumento en los precios, lo que significa que van a poder comprar menos en 1996 que en 1995.  Cuando el gobierno les habla de recuperación, simplemente les dan una mirada de no entiendo lo que me dicen.

En México, la mayoría no hablamos de recesión, sino de crisis.  La crisis es un concepto mucho más amplio, que incluye entre otras cosas, la caída continua en el poder adquisitivo, las devaluaciones recurrentes y una falta de consideración permanente para las clases bajas.  En este sentido, se puede hablar de una crisis continua desde 1976, dado que este fue el año pico del poder adquisitivo del salario mínimo. Para alguien que gana el salario mínimo, su poder de compra ha registrado una caída libre desde entonces.

La clase media mexicana tiene un salario medio que se considera muy por debajo del nivel de pobreza en los Estados Unidos.  Salinas nos prometió el primer mundo y le creímos.  Adquirimos hipotecas, préstamos de automóviles y aspiramos a un mejor nivel de vida.  Como resultado, no solamente tenemos una gran pérdida en nuestro poder adquisitivo, sino una deuda imposible de cubrir.  Para esta gente, la gran mayoría de la población, es simplemente un insulto hablar de recuperación.

Así es que cuando escuchen hablar de recuperación, recuerden que es una recuperación para pocos y una recuperación del PIB.  Pero como lo dijo Paul Samuelson, el hombre no puede vivir únicamente del PIB.


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jueves, 25 de enero de 1996

¿Año de Elecciones, Año de Devaluación?

 

Pulso Económico


¿Año de Elecciones, Año de Devaluación?


Por: Jonathan Heath


El programa que tenemos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) termina en agosto de este año, el gobierno tendrá que tomar la decisión de renovar el programa o darlo por terminado.  Parte de esta decisión involucra el apoyo financiero que hemos recibido a través del último año.  Sin embargo, también se debe considerar la vigilancia y condicionalidad que impone el FMI.

Para el gobierno mexicano, la vigilancia del FMI es una molestia.  La condicional le resta margen de maniobra a las decisiones de política económica.  Lo acepta porque necesita el apoyo financiero para afrontar los pagos al exterior y restablecer la confianza después de la devaluación.

Para el FMI, la vigilancia y condicionalidad son necesarios, dado que se tiene que asegurar que las acciones realizadas restablecen la estabilidad en la economía y se crean las circunstancias apropiadas para sostener sin interrupción los pagos al exterior.

Para la comunidad financiera internacional, esta vigilancia resulta importante, dado que no existe la confianza en la habilidad del gobierno mexicano de restablecer la estabilidad por sus propias acciones.  La credibilidad en la información que proporciona en forma regular se mermó, después de proporcionar en años anteriores información incompleta o desvirtuada.

A esta lista de interesados debemos agregar a la mayoría de los mexicanos.  Por un lado, muchos ven la condicionalidad del FMI como una violación a nuestra soberanía.  A ellos les interesa dar por terminado el actual.  Sin embargo, por el otro lado, muchos ven al FMI como una institución que nos asegura que nuestro propio gobierno no vaya a cometer de nuevo los mismos errores.  Para este grupo de gente, la confianza y credibilidad en su propio gobierno casi no existe.

Esta falta de confianza no es algo gratuito o accidental.  El gobierno se lo ha ganado a pulso a través de muchas devaluaciones durante los últimos veinte años.  Debemos reconocer que tenemos un sistema político que, independientemente del modelo económico que se aplica, hace que los políticos tomen decisiones equivocadas.

Durante la presidencia de Echeverría se aplicó un modelo de alta intervención gubernamental y de una economía cerrada.  Al final terminamos con una devaluación.  Durante la presidencia de López Portillo, utilizamos el petróleo como una garantía de una política de endeudamiento acelerado.  Terminamos con devaluación.  Con De la Madrid, se aplicó una política mixta con más regulaciones en ciertas áreas y menos en otras.  Durante su sexenio hubo tres devaluaciones.  Finalmente con Salinas, vimos una economía abierta, sin déficit fiscal.  También terminó con una devaluación.

En todo este tiempo, lo único que no cambió fue el sistema político. ¿Qué hemos hecho para evitar que los políticos no tomen las mismas decisiones equivocadas que resultan en una devaluación?

Recuerden lo que pasó entre 1983 y 1985.  En 1983 aplicamos una política restrictiva para ayudar a que la economía se ajustara al choque devaluatorio de 1982.  Terminamos con una caída importante en el poder adquisitivo de la población.  A mediados de 1984, el gobierno empezó a gastar más y a relajar la política económica, con miras a restablecer el crecimiento a tiempo para elecciones en 1985.  Dos semanas después de estas elecciones, el gobierno volvió a devaluar y a aplicar una política restrictiva.

La vigilancia del FMI va a terminar exactamente un año antes de las elecciones de 1997.  El gobierno va a estar bajo mucha presión por el combate electoral que se avecina como nunca antes.  ¿Qué garantías tenemos que no se van a tomar otra vez las mismas decisiones equivocadas?  ¿Qué hemos hecho hoy para evitar la devaluación de 1997?

Pudiera parecer muy cínico pensar en estos momentos en una devaluación el año entrante.  Sin embargo, el gobierno nos ha enseñado que así es como deberíamos pensar.  Ya sabemos que no basta con cambiar el modelo económico.  Existen hoy en día los mismos motivos políticos de siempre que orillan a tomar las mismas decisiones.

En lo que va del año, el tipo de cambio se ha apreciado.  El gobierno plantea un tipo de cambio parecido de 7.70 para el año, dos pesos por debajo del tipo de cambio al final del año pasado.  Esto implica una apreciación real muy fuerte, que es un elemento esencial para reducir la inflación durante el año.

Al mismo tiempo, estamos observando un regreso incipiente de capitales al país.  De continuar, el tipo de cambio dejará de depreciarse más y la proyección de 7.70 pudiera ser factible.  Esto significa que pudiéramos llegar a principios de 1997, año de elecciones, en una situación muy vulnerable, similar a 1985.  En ese momento, las autoridades tomarán sus decisiones en base a las elecciones de mediados del año y no en base a lo que conviene económicamente.

Estamos a muy buen tiempo de evitar esta situación.  Sería el colmo que nos vuelven a sorprender dormidos.  Sin embargo, son cambios políticos y no económicos los que se tienen que aplicar.


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jueves, 18 de enero de 1996

El Pago Pendiente a los Estados Unidos

 

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El Pago Pendiente a los Estados Unidos


Por: Jonathan Heath


El problema de la amortización de Tesobonos por más de 29 mil millones de dólares (mmd) quedó resuelto el año pasado gracias a la ayuda de la comunidad financiera internacional.  A través del programa de rescate financiero, los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, otorgaron a México suficientes recursos para afrontar satisfactoriamente todas las obligaciones existentes.  Ahora, en 1996, tenemos un perfil de amortización normal que podemos pagar sin  ningún problema.

Durante todo el año no tenemos que realizar ninguna amortización del dinero recibido, más que 1.3 mmd de un “swap” de corto plazo que vence el 29 de enero.  Como parte del programa de rescate, el gobierno de Estados Unidos otorgó a México 2 mmd, el 2 de febrero del año pasado; la mitad provino del Departamento del Tesoro y otra mitad de la Reserva Federal.  Este préstamo fue un swap de tres meses a una tasa de 5.25 por ciento, que se renovó por otros tres meses en mayo y en agosto.

Sin embargo, en octubre el gobierno de los Estados Unidos no renovó el swap completo, sino exigió a México que pagáramos una parte.  De esta forma, se pagaron 700 millones de dólares el 11 de octubre y se otorgó una extensión de tres meses más a los 1.3 mmd restantes.  Ahora debemos pagar este monto el 29 de enero, o bien, conseguir una extensión adicional.

Este pago no debe resultar oneroso para México, ya que tenemos reservas suficientes para afrontarlo, además de que el FMI otorgó a México 1.7 mmd adicionales en diciembre pasado.  Dado el régimen cambiario existente, el pago no debe afectar el precio del dólar, ni crear presión alguna sobre los mercados financieros.  Sin embargo, esta deuda esta representando problemas a la comunidad financiera internacional.  ¿Por qué?

El problema radica en la relación existente entre el FMI, el gobierno de Estados Unidos y los países europeos.  Si México realiza el pago, lo haríamos con dinero de las reservas, que son casi en su totalidad pasivos con el FMI.  En otras palabras, México le pagaría a Estados Unidos con dinero del FMI, lo cual esta causando irritación entre los países europeos.

Para los europeos, los recursos del FMI son para resolver los problemas de todos los países miembros.  En este momento, México está muy por encima de su cuota permitida y no ven por qué el FMI debe pagar una deuda a los Estados Unidos.  El gobierno de Estados Unidos fue el autor del paquete y se lleva todo el crédito, pero utiliza al FMI para que le pague su participación.  Ellos reclaman que Estados Unidos renueve la línea de crédito y que México no utilice los recursos del FMI para pagarlo.

Para Estados Unidos, el problema radica en la percepción política de los votantes en un año de elecciones.  Desde un principio no fue bien recibida la ayuda que otorgó Clinton a México.  El prepago de los 700 millones de dólares fue exigido por su gobierno para disminuir las críticas en su contra.  Ahora que inicia la plena campaña para su reelección, Clinton no puede permitir las criticas por renovar el préstamo otra vez.  En cambio, si México paga la totalidad a fines de este mes, Clinton podrá afrontar a su oposición argumentando que el préstamo a México sí funcionó.

El FMI se encuentra justo en medio de esta discusión.  Tanto Estados Unidos como los europeos son miembros con pleno derecho en el consejo del FMI.  La discusión no tiene una solución fácil, ya que involucra puntos inclusive filosóficos del papel que debe desempeñar la propia institución.  Al final de cuentas, todo parece indicar que el gobierno norteamericano no renovará la línea de crédito y México pagará lo que debe al final del mes.

Es importante recalcar que el pago no debe perjudicar a nuestro país.  Si nos renuevan el préstamo, a la tasa actual de 5.25 por ciento, lo aceptaríamos con gusto.  Sin embargo, tenemos las reservas disponibles y no representaría una distorsión en el mercado cambiario la realización del pago.  El único problema que pudiera causar sería de expectativas.  Si existiera una percepción por parte del mercado de que la disminución en reservas implicaría una escasez de divisas, podríamos pensar en un aumento en la demanda de dólares que se reflejaría en un tipo de cambio más elevado.  Sin embargo, sería un efecto menor y pasajero.

Lo interesante de esta situación, es que ahora amortizar o no este año lo que debemos, ya no es problema de nosotros, sino más bien de la comunidad financiera internacional.  No obstante, pesará mucho sobre los casos futuros que se presentarán en otros países.


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jueves, 11 de enero de 1996

La Evaluación de la Política Monetaria

 

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La Evaluación de la Política Monetaria


Por: Jonathan Heath


Ahora que el Banco de México ha reportado sus cifras finales de 1995, podemos observar el incumplimiento en varias de las metas trazadas para el año.

Cuando el Banco de México delineó sus metas para el año pasado, se estableció un programa de política monetaria consistente con un aumento de 17.5 por ciento en la base monetaria.  Dado que el Banco Central no puede controlar completamente la base monetaria, se acordó con el FMI, establecer metas por separado sobre la expansión del crédito interno neto, que sí controla, y el aumento en las reservas internacionales, que no controla.

Mientras observamos el incumplimiento en estas metas individuales, la expansión de la base monetaria durante el año terminó muy cerca del 17.5 por ciento.  Con una inflación estimada en 52 por ciento para el año, esta expansión nominal se convierte en una contracción cercana al 23 por ciento en términos reales.  En este sentido, no podemos decir que la mayor inflación observada durante el año (52 por ciento comparado con la meta del 42 por ciento), fue producto del incumplimiento de las metas.

Después de traducir las definiciones del Banco de México a las equivalencias del FMI, encontramos que la expansión del crédito interno neto del año quedó cerca de los 30 mil millones de pesos.  Esta cifra es sustancialmente superior al techo establecido de 10 mil millones de pesos-  al mismo tiempo, observamos que las reservas internacionales netas (según el FMI) disminuyeron cerca de 2.9 mil millones de dólares (18.4 mil millones de pesos) en el año, también por debajo de la meta de no perder reservas.

Sin embargo, si sumamos  la expansión del crédito neto al flujo (negativo) de reservas, encontramos que la expansión en la base monetaria fue de 17.3 por ciento.  En otras palabras, dado que el Banco Central no pudo acumular suficientes reservas durante el año (para cumplir con la meta), compensó la diferencia con expansión adicional del crédito interno neto.  De no haberlo hecho, la cantidad de liquidez en la economía hubiera sido todavía menor, causando un aumento mayor en las tasas de interés.

Al final de cuentas, el FMI justificó el fracaso del cumplimiento de la meta-techo del crédito interno, a través del hecho de que no se pudieron acumular suficientes reservas.  Al examinar esta situación a fines del año pasado, el FMI llegó a la conclusión de que el incumplimiento se justificaba.  En consecuencias, se llevó a cabo la siguiente entrega de fondos de la institución al gobierno mexicano.

Bajo un régimen de flotación como el de hoy en día, l Banco cede el control sobre el tipo de cambio, pero asume control sobre la inflación a través de la base monetaria.  Al ajustar el crédito interno neto, el Banco busca evitar variaciones no deseadas en la base monetaria.  La base es el componente principal de los agregados monetarios, que a su vez puede causar presiones inflacionarias si se permite un aumento no deseado.

En este sentido, el Banco Central estima la demanda de dinero que existe diariamente en la economía y ajusta la oferta, evitando así desequilibrios.  Aunque fallaron las autoridades en el cumplimiento de la meta del crédito interno, mantuvieron la expansión de la base monetaria dentro de los lineamientos necesarios para evitar presiones inflacionarias.

La falla en contener la inflación por debajo del 42 por ciento, no se debió a una expansión inadecuada del crédito interno, sino más bien a las presiones ocasionadas por la depreciación brutal del tipo de cambio, debido, a su vez, a la ausencia repentina de flujos de capital hacia el país.

Por otro lado, aunque se pudieron reconstituir las reservas internacionales brutas, no se pudo provocar una acumulación más allá de los recursos prestados por el FMI.  En parte, esto se debió al mismo régimen del tipo de cambio.  Hoy en día, si existe una mayor oferta de dólares, el ajuste se hace a través del tipo de cambio y no de una acumulación de divisas.  Sin embargo, la razón principal fue la amortización tan grande de Tesobonos que se tuvo que realizar durante el año y las expectativas no tan alentadoras sobre la recuperación de la economía.

Aunque parecía tener éxito la política de estabilizar el tipo de cambio hacia mediados de año, a partir de septiembre pasado, se observó de nuevo una depreciación adicional del tipo de cambio, en un ambiente de mucha inestabilidad.  Al mismo tiempo, se falló en la intención de buscar una declinación consistente en las tasas de interés como resultado de la formación de expectativas de inflación a la baja.  De hecho, la inflación observó un repunte significativo a partir de septiembre.

¿Fue culpa de la política monetaria?  En forma directa, no.  La política fue consistente a través del año y evitó una expansión innecesaria en la base monetaria.  Sin embargo, indirectamente sí lo fue.  Dado que todavía no se ha logrado una mejoría en la credibilidad y la confianza, los eventos fortuitos causa un impacto mayor sobre las expectativas y presionan a su vez la inflación.

No obstante, la credibilidad se puede lograr únicamente a través del tiempo.  Si el Banco de México mantiene una política transparente, cumpliendo cabalmente sus metas, la confianza regresará poco a poco.  Pero para esto es necesario mejorar aún más la política de divulgación.


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jueves, 4 de enero de 1996

Las Perspectivas de 1996

 

Pulso Económico


Las Perspectivas de 1996


Por: Jonathan Heath


Una de las conclusiones más importantes a la que podemos llegar después de examinar el año pasado, es que los principales resultados fueron consecuencia de errores de política económica cometidos en años anteriores y no de malas políticas instrumentadas durante el año.  Entender a fondo esta distinción es crucial.

El evento singular que más tuvo que ver con lo que pasó en 1995 fue la ausencia repentina de flujos de capital.  Esta caída enorme en el ahorro externo causó un desplome en la inversión, que a su vez fue el elemento catalizador de la gran recesión.  En el mismo sentido, la desaparición de recursos externos causó una escasez de divisas, que causó una depreciación aguda en el tipo de cambio.  El aumento tan fuerte del precio [en pesos] del dólar fue lo que causó el retorno a una mayor inflación.  Claro está, la pérdida de confianza por parte de los inversionistas ayudó a profundizar la crisis.

En este sentido, la pregunta más relevante que tenemos que responder, para asentar las perspectivas para este año, es si el desplome de los recursos del exterior va a continuar o no.  Si existe un desplome igual este año, las perspectivas podrían ser peores de lo que fue 1995.  Sin embargo, si no vuelve a ocurrir otro desplome igual, difícilmente podríamos pensar que 1996 será un año tan negativo como fue el año pasado.

Antes de contestar la pregunta, conviene entender algunos puntos básicos.

Primeramente, la fuente más grande de salidas de capital durante el año pasado (la amortización de los Tesobonos), ya no se presentará este año.  Durante el año pasado se liquidaron cerca de 29 mil millones de dólares, resolviendo el problema de una maduración enorme de deuda en el muy corto plazo.  En el mismo sentido, la fuente de entradas de capital más importante de 1995 (que fue la ayuda financiera internacional), tampoco se presentará.

Segundo, un superávit en la cuenta de capital es necesario únicamente si existe un déficit en la cuenta corriente.  Si existe un déficit pequeño, entonces un superávit pequeño en la cuenta de capital será ineludible.  Suponiendo que no habrá un cambio importante en las reservas internacionales (dado el régimen cambiario de flotación), entonces las dos cuentas tienen que sumar cero.

Tercero, cuando ocurre un desplome repentino de entradas netas de capital, el proceso necesario de ajuste en la economía es de una vez por todas y no un proceso continuo.  La economía tiene que ajustarse a un nuevo conjunto de precios relativos (causado principalmente por el cambio drástico en el tipo de cambio) y a un nuevo nivel de ahorro (derivado de la ausencia de flujos de capital).  Ya que este proceso de ajuste concluye, entonces la economía podrá empezar a crecer de nuevo, aunque de un nivel más bajo, y la inflación podrá iniciar una nueva tendencia a la baja.

Durante este año, deberíamos observar un flujo moderado de entradas de capital.  Habrá algunas colocaciones internacionales, habrá un flujo importante de inversión extranjera directa y habrá un retorno incipiente de inversión de portafolio.  Estas entradas deberían ser suficientes para financiar las salidas normales que habrá en forma de amortización de capital.  Dado que no nos enfrentaremos a una amortización extraordinaria (como en 1995), podríamos pensar en un pequeño superávit en la cuenta de capitales.

Aunque seguirá siendo una entrada sustancialmente menor a la de 1994, no será un descenso con respecto a 1995.  Siempre y cuando la economía se haya ajustado a la nueva situación (un nivel de ahorro más bajo y un conjunto de precios relativos diferentes), no tenemos por qué seguir dentro de la recesión.

Tomando en cuenta todo esto, el costo tan elevado que tuvimos que pagar durante 1995, no tiene por qué continuar con la misma fuerza durante este año.  Podríamos observar el regreso a un crecimiento económico, aunque a tasas mesuradas.  Igualmente, podríamos observar una caída en la inflación, aunque a un paso también moderado.

Sin embargo, los efectos de la crisis se seguirán sintiendo en distintas formas por muchos años más.  Pero esto no tiene que ver tanto con los efectos de la devaluación, sino más bien con los de la transición de una economía cerrada a una economía abierta.  Muchas empresas seguirán buscando incrementar su productividad a través del empleo de menos gente.  Otras empresas seguirán quebrando al no poder obtener un nivel mínimo de competitividad.  La recuperación moderada que podemos esperar sin duda no generará muchos empleos, lo cual obstaculizará una recuperación rápida en el poder adquisitivo de la población.

En conclusión, podemos esperar una recuperación moderada, pero difícil para este año.  Lo más triste es que no presentará una solución para millones de mexicanos que han perdido su empleo y visto mermado su poder adquisitivo.


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La Marcha de la Economía

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