jueves, 5 de octubre de 1995

La Estrategia de Liberalización

 

Pulso Económico


La Estrategia de Liberalización


Por: Jonathan Heath®


Hace diez años, México se encontraba en una fase altamente protegida con restricciones cuantitativas sobre las importaciones.  Tenía un control de cambios sobre los flujos de capital y sus mercados financieros se encontraban segmentados y reprimidos (terminología utilizada por McKinnon a principios de los setenta para describir a los mercados financieros de los países en desarrollo cuyos gobiernos controlaban las tasas de interés).  El crédito se distribuía a través de un sistema bancario primitivo controlado por el gobierno.  El mercado laboral se caracterizaba por ser de tipo “dual”, es decir, segmentado entre una fuerza laboral industrial urbana, relativamente organizada y no muy diferente a la de un país desarrollado, y otra fuerza laboral rural, informal y poco organizada.  Existía una gran cantidad de regulaciones y controles en los diferentes mercados que limitaban el ámbito empresarial y la flexibilidad laboral.

Con estas características, éramos el prototipo para una reforma profunda, para movernos de un sistema cerrado y protegido, hacia otro abierto y más eficiente.  Muchos estudios realizados en años anteriores (por ejemplo, los de Krueger y Bhagwati), apuntaban cómo países en estas circunstancias podrían “liberalizarse”.  Unos decían que primero habría que remover todas las restricciones en contra del flujo libre de bienes y servicios.  Otros sostenían que un mercado financiero interno eficiente tenía que ser uno de los pasos iniciales.  Sin embargo, muy pocos discutían el proceso de transición en sí y las dificultades que se podrían enfrentar en esta etapa.

Ignorar la existencia de un periodo importante de transición fue quizás el error más grande del sexenio pasado.  Los funcionarios encargados de empujar el gran cambio estructural (o la modernización económica), nos hicieron pensar que simplemente con reducir los aranceles, desregular la industria, privatizar las empresas públicas y sanear las finanzas públicas, amaneceríamos como un país abierto y liberalizado.  Entre más rápida fuera la apertura comercial y financiera, más pronto nos convertiríamos en un país eficiente, productivo y competitivo.  Sin embargo, nunca nos dijeron que la transición de una economía cerrada a una economía abierta era un proceso que cuando menos podría tardar de diez a quince años.  Tampoco nos avisaron de las dificultades específicas que iban a aparecer durante esta etapa.

No es obra de la casualidad que Michael Bruno, uno de los economistas más reconocidos de Israel, advirtiera sobre este punto hace ya diez años.  El decía que la estrategia de transición de un régimen pre-reformista a una economía abierta post-reformista es más importante que el producto final. (Por favor lector, vuelve a leer la última oración varias veces y medita el significado).

En esta reflexión, Bruno decía que quizás podría ser preferible un proceso de liberalización muy rápido a un proceso gradual, simplemente por razones de credibilidad y de eficiencia.  Sin embargo, la consideración principal es que el costo en términos de desempleo laboral durante el periodo de transición podría ser enorme.

Siendo esta la consideración principal, obviamente era de una importancia especial que el gobierno tomara medidas especiales para ayudar a minimizar el impacto durante la etapa de transición.  Sin embargo, no solamente no tomaron estas medidas, sino que ignoraron por completo la existencia del periodo de transición.  El costo es hoy en día muy evidente.  Según cifras oficiales (del INEGI) el número de personas empleadas en el sector manufacturero ha mostrado una tendencia declinante ininterrumpida desde hace cinco años.  En otras palabras, mes con mes durante cinco años, son menos las personas empleadas.  Ha existido una expulsión enorme de mano de obra de este sector.

Al final de cuentas, el proceso de mayor eficiencia de la industria mexicana pide una recomposición de la mano de obra empleada en búsqueda de una mayor productividad.  No hay de otra.  Para poder competir a nivel mundial, la industria tiene que utilizar la tecnología más eficiente que pueda minimizar los costos.  Pero el costo en términos de desempleo es tan grande, que habría que planear este proceso de transición con mucho cuidado.  Aquí falló lamentablemente la administración pasada.

Se ha comentado mucho acerca del incremento en la tasa de desempleo abierto de diciembre del año pasado (3.2 por ciento) al mes de julio (7.3 por ciento).  Sin embargo, la crisis devaluatoria ha agudizado el problema del desempleo, pero no ha sido la causa principal.  Más bien, ha sido esta transición hacia una economía más eficiente lo que ha ocasionado la erosión de la capacidad de generación de empleos de la economía.  Hasta antes de la crisis, el sector informal y el sector de servicios habían podido absorber la mano de obra expulsada del sector moderno (industrial), a través de empleos improductivos y de baja remuneración.  La crisis agotó esta salida y ahora se refleja en un desempleo abierto.

Al finalizar la etapa de transición, deberemos llegar a una economía mucho más eficiente con capacidad de generación de empleos.  El problema es sobrevivir el resto de esta transición sin ninguna política especial o apoyo gubernamental.


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jueves, 28 de septiembre de 1995

¿Cuál debería ser el Régimen Cambiario?

 

Pulso Económico


¿Cuál debería ser el Régimen Cambiario?


Por: Jonathan Heath®


A raíz de la devaluación del año pasado y del nuevo régimen cambiario de flotación, ha surgido un nuevo debate nacional en torno a la política cambiaria.  Los medios de comunicación han contribuido significativamente a la discusión al subrayar las aparentes diferencias de opinión entre el Banco de México y la Secretaria de Hacienda, haciendo ver que existe cierta controversia.  Son muchos los puntos de vista de diferentes analistas, funcionarios, empresarios y líderes de opinión.

El Banco de México ha dejado muy claro su punto de vista.  En el corto plazo, ante la dificultad de instrumentar casi cualquier alternativa, debemos mantener el régimen de flotación.  Sin embargo, más adelante conviene seguir esta misma política, ya que es la que más se puede acercar a una valuación correcta del peso.  No conviene mantener un tipo de cambio constantemente subvaluado, ya que dificulta el abatimiento inflacionario, representa un subsidio a las exportaciones y estimula la exportación de capital, que es un bien escaso en nuestra economía.

Conviene aclarar que el encauzamiento del Banco Central es el que se denomina enfoque monetario de la balanza de pagos.  Esto significa que toma en cuenta todas las fuentes y usos de divisas, es decir, toda la oferta y demanda de dólares, para determinar el precio de equilibrio.  Esto es diferente al enfoque de la paridad del poder adquisitivo, que se limita a encontrar un tipo de cambio que pudiera equilibrar únicamente la balanza comercial y que se determina en forma muy subjetiva, a través de las diferencias de inflación entre México y el exterior.  Este último enfoque es el que utiliza la mayoría de las personas para determinar si el tipo de cambio está sub o sobre valuado, no obstante, que es muy simplista y muchas veces lleva a conclusiones erróneas.

Por otro lado, está la posición aparente de Hacienda y del Presidente Zedillo, quienes sostienen que el régimen cambiario debe otorgar una ventaja continua a las exportaciones (Primer Informe de Gobierno) y que debe dar certidumbre tanto nominal como real (Plan Nacional de Desarrollo). Muchos han interpretado esto como el anuncio de un eventual cambio a un régimen similar al de Chile en donde se fijan las bandas en terminos reales.

En muchas ocasiones me he referido a los problemas que pueden ocasionar tanto una política sistemática de subvaluación como de sobrevaluación.  Tal y como lo dije aquí el pasado 10 de agosto, lo que más aconsejable es un tipo de cambio real bien valuado.  En otras palabras, ni sobre ni sub valuado.  Sin embargo, el problema fundamental es cómo saber cuál es la valuación correcta y después qué hacer para mantenerla.

Debe quedar bien claro que la paridad del poder adquisitivo no funciona para determinar el tipo de cambio real de equilibrio.  Es decir, tomar el diferencial de inflación entre México y el resto del mundo y sumar lo a lo que alguien cree que fue un tipo de cambio ideal tiempo atrás, es demasiado simplista.  El tipo de cambio real de equilibrio no es constante a través del tiempo.  Es muy diferente el equilibrio de una economía cerrada al de una economía abierta.  Es muy diferente cuando existen flujos de capital a cuando no existen.  Es muy diferente cuando hay cambios fundamentales en la productividad.  Es muy diferente cuando un país tiene un nivel elevado de ahorro interno a cuando no lo tiene.  En otras palabras, son muchas las variables que influyen sobre el equilibrio en el mercado de divisas: la inflación, el salario, la productividad, los flujos de capital, el ahorro, los niveles de infraestructura, la tecnología, el grado de apertura, las desregulaciones e inclusive el déficit público.  El tipo de cambio teórico que resulta de los cálculos de la paridad del poder adquisitivo, está suponiendo que todas estas variables son constantes a través del tiempo, cuando no lo son.  Si tiene tantas dificultades esta forma de calcular la valuación del tipo de cambio, ¿por qué lo sigue usando la gran mayoría de la gente (incluyendo analistas sofisticados)?  La razón principal es que es la única forma sencilla que resulta con un porcentaje específico de sub o sobre valuación.

Al final de cuentas, el tipo de cambio es el precio del dólar y como cualquier otro mercado, tiene su oferta y su demanda.  Lo que queremos determinar es cuál es el precio de equilibrio de este mercado.  Lo que debemos hacer es tratarlo como cualquier otro bien y dejar que el mercado determine su precio.  La experiencia nos ha demostrado una y otra vez que nadie puede determinar un mejor precio que el propio mercado.  Esto es el equivalente a utilizar un régimen de flotación.

El siguiente problema es cómo aseguramos que el tipo de equilibrio (ya determinado por el mercado), se quede donde debe estar y que no se provoque una situación en la que esté mal valuado. En ocasiones pasadas se han puesto bandas para limitar las fluctuaciones.  Sin embargo, esta política simplemente restringe la posibilidad de ajuste al tipo de cambio, cuando su valuación cambia hacia afuera de la banda.  Tenemos que recordar que el nivel de equilibrio no es un concepto constante o fijo y que varia según las circunstancias mencionadas anteriormente.  En este sentido, una política de flotación le permite la flexibilidad necesaria para cambiarse de un nivel de equilibrio a otro.

¿Cuáles son las objeciones a un régimen de flotación?  Primero, que los exportadores quieren una subvaluación continua.  Pero ya vimos los perjuicios de esta política.  Segundo, que no brinda certidumbre.  Sin embargo, ya vimos que un tipo de cambio de flotación no necesariamente implica cambios constantes muy grandes.  La variación observada en nuestro tipo de cambio durante los últimos tres meses ha sido sustancialmente menor a la variación del yen o del dólar en los mercados mundiales.  En mi opinión y para concluir, el régimen cambiario apropiado para nuestro país es el de flotación.


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jueves, 21 de septiembre de 1995

Convicción y no Obligación

 

Pulso Económico


Convicción y no Obligación


Por: Jonathan Heath®


Hace dos días, el INEGI dio a conocer las cifras de su encuesta mensual sobre el desempleo.  La tasa de desempleo abierto del mes de julio fue de 7.3 por ciento, substancialmente por arriba de la del mes anterior, que fue de 6.6 por ciento.  Lo que estamos observando es la continuación de una tendencia alcista que arrancó de 3.2 por ciento en diciembre pasado y que ha aumentado cada mes hasta la fecha.  La única excepción en esta tendencia fue la cifra del mes de junio, que resultó igual a la de mayo.  Sin embargo, debe quedar claro que la excepción fue junio, cuando no aumentó y no la cifra última.

Es interesante observar cómo las autoridades siguen con el viejo vicio de querer minimizar el problema que refleja una cifra, o bien, tratan de tapar el dato de una forma u otra.  En esta última semana hemos observado dos casos muy claros: los datos del PIB por el lado de la demanda, que se dieron a conocer justo hace una semana y los de desempleo, que acabamos de mencionar.

Dado que los datos sobre el desempeño de la economía durante el segundo trimestre fueron excepcionalmente malos, el INEGI no presentó las cifras tal y como debería de haberlo hecho.  Más bien dio a conocer los datos del PIB del primer semestre en su conjunto, para promediar un primer trimestre no tan malo con el segundo.  Para algunos, que no tenían a la mano las cifras del primer trimestre o no saben cómo separarlos, quizás dio resultado.  Sin embargo, para la mayoría de los analistas simplemente representó una irritación adicional.  Al separar los datos del segundo trimestre y aplicando tasas de crecimiento con respecto al mismo trimestre del año anterior, se obtienen los siguientes datos:

Tasas de Crecimiento


Primer Trimestre Segundo Trimestre

PIB                                                 -0.6                             -10.7

Consumo privado                         -8.7                             -15.9

Consumo del Gobierno                 -1.9                             -5.6

Inversión Fija Bruta                 -18.4                     -35.2

Exportaciones                                  29.4                      26.7

Importaciones                                -20.2                           -30.4


En el caso del desempleo, lo que hicieron las autoridades fue dar a conocer al mismo tiempo las cifras de asegurados permanentes del IMSS para el mes de agosto.  Estas cifras muestran un aumento de 0.01 por ciento en el número de asegurados.  El periódico El Economista publicó en su primera plana a ocho columnas el día de ayer:  “Cede el desempleo, según cifras del IMSS”.  Una de dos cosas: o ese periódico no sabe interpretar bien las cifras o recibió instrucciones de alguien para tratar de cubrir una realidad: el desempleo va en aumento y no en retroceso.

Primero, debemos entender que los afiliados del IMSS representan solamente una parte del mercado laboral y no incluyen los empleados por cuenta propia, los que trabajan en la economía informal, los que ganan menos de un salario mínimo y muchos otros.  Segundo, sabemos que muchas veces las afiliaciones al IMSS no reflejan una mejoría en las oportunidades de empleo, ya que pudieron haber realizado una campaña de afiliación o bien, pudo haber sido un efecto de la extensión del periodo de afiliación al desempleado que anunció el gobierno.  En cambio, las cifras del desempleo abierto tienen una cobertura mayor.

El desempleo representa hoy en día uno de los problemas más grandes de nuestro país.  No lo vamos a resolver tratando de dar cifras imprecisas o dando noticias positivas sin mucho fundamento. Debemos reconocer la realidad y buscar cómo instrumentar medidas para resolver el problema de fondo.  No podemos darnos el lujo de ver al desempleo simplemente como un problema estadístico.

Otro ejemplo de proporcionar información incompleta o por lo menos de difícil interpretación, son las cifras semanales del Banco de México.  Según esto, la justificación de dar a conocer las cifras semanales es para que los analistas privados puedan realizar un diagnóstico más acertado acerca del desempeño de la política monetaria.  Sin embargo, nunca nos han dicho cuáles son las metas trimestrales que debemos cumplir.  Entonces, ¿cómo podemos asegurarnos de su cumplimiento?  Aun en el caso de tratar de observar el cumplimiento de la única meta anual que conocemos, el tope del crédito interno neto, no se ha dado a conocer oficialmente la metodología para hacer el cálculo.  Se puede calcular el número relevante para comparar con la meta, únicamente después de realizar toda una serie de operaciones que no todos conocen.

¿Por qué tenemos esta política de información por parte del gobierno?  Principalmente, porque la información la dan a conocer por obligación y no por convicción.  La información es poder y reflejo del sistema político que estamos tratando de cambiar.  Si queremos un sistema más democrático, debemos cambiar (entre muchas cosas) la política de informar del gobierno.  Pero no por obligación, sino por convicción.  La información es un bien público. ¿Pido demasiado?


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jueves, 14 de septiembre de 1995

Consideraciones de una Subvaluación

 

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Consideraciones de una Subvaluación


Por: Jonathan Heath®


Uno de los temas que se está debatiendo mucho últimamente es el de la política cambiaria.  Se ha comentado abiertamente sobre las diferencias de opinión entre el Banco de México y la Secretaría de Hacienda, en torno a cuál deberá ser esta política en el futuro.  El Banco de México se ha pronunciado por mantener la política de flotación, para que el tipo de cambio sea lo que refleja la oferta y la demanda de divisas.  En cambio, Hacienda se ha manifestado por una política que dé certidumbre nominal y real al tipo de cambio y que aliente permanentemente la exportación.  El sector empresarial se ha expresado en múltiples ocasiones a favor de una política de subvaluación, para otorgarle competitividad a las exportaciones y limitar las importaciones que puedan representar competencia a sus productos.

Donde sí existe más consenso es en torno a la sobrevaluación.  Esta política le resta competitividad a las exportaciones, incrementa las importaciones, reduce la producción interna, disminuye el empleo y finalmente termina en una devaluación con efectos sumamente nocivos para la población, los políticos, los empresarios e inclusive los socios comerciales.

Si debemos escoger entre un tipo de cambio sobrevaluado o subvaluado, la mayoría a de los argumentos apunta hacia la subvaluación como el menor de los males.  Sin embargo, lo que muchos empresarios no saben es que una política de subvaluación trae consigo problemas que van más allá de ser una fuente de presión inflacionaria.

Lo primero es que la política cambiaria tiene efectos importantes sobre la distribución del ingreso.  Existe una relación directa entre el tipo de cambio real y el salario real.  Cuando existe una subvaluación que otorgue competitividad a un país, casi siempre habrá salarios reales bajos, mientras que la rentabilidad de las exportaciones será alta.  En el caso contrario, de una sobrevaluación, habrá una ganancia en los salarios y menor rentabilidad en los bienes comerciables.  Por lo tanto, si se sostiene el tipo de cambio real subvaluado, habrá una redistribución del ingreso hacia el capital en los sectores de los bienes comerciables, en perjuicio del factor trabajo.  Una subvaluación ayudara a incrementar la inversión, pero a un costo importante.

La segunda consideración es que la subvaluación trae un superávit en la balanza comercial, lo cual provoca la adquisición de activos externos a través de un incremento en reservas, la compra de activos financieros y el pago de deudas anteriores, lo cual equivale a una exportación de capital.  Un incremento en reservas es deseable dado que actúa como amortiguador en casos de shocks.  Sin embargo, el Banco Central tiene que pagar un precio por mantener las reservas, que si son excesivas, puede representar un costo innecesario.

El pagar la deuda también puede ser positivo, especialmente en el caso de que el peso de su servicio sea muy elevado y los recursos que se destinan a los pagos de interés pudieran tener una alternativa mejor.  No obstante, en nuestro caso casi siempre resultará más productivo invertir estos recursos en nuestra economía.  Donde si se convierte en una política indeseable, es cuando la subvaluación origina un superávit que actúa como un mecanismo para exportar capital.  Siendo el capital uno de los bienes escasos en nuestra economía, no tiene sentido sostener una política que lo haga todavía más escaso.  Llevada al extremo, una subvaluación provoca que los mexicanos inviertan sus recursos en el exterior, lo cual se debería catalogar como una política que promueve la fuga de capitales y la evasión de impuestos.

La siguiente consideración es en torno a las posibilidades de crecimiento.  Si la subvaluación estimula que los recursos se inviertan fuera del país, es decir, que se exporte capital, entonces habrá menos recursos para financiar la inversión interna.  Para tener crecimiento sostenido se necesita inversión.  Para poder invertir se necesita ahorro, ya sea interno o externo.  Una subvaluación que ocasiona un superávit en la cuenta corriente, no sólo no permite el ahorro externo, sino que estimula un ahorro externo negativo, y reduce la cantidad de recursos disponibles para financiar la inversión.  En otras palabras, una política de subvaluación no es compatible con una política que estimula el ahorro interno.

Muchas de estas consideraciones se producen con una política de una subvaluación fuerte, de tal forma que provocara un superavit en la balanza comercial y en la cuenta corriente.  Queda claro como resultado de nuestras experiencias, que no queremos un tipo de cambio sobrevaluado.  Sin embargo, resultaría peligroso ir al otro extremo de sostener una política de subvaluación.  En este sentido, se debe buscar una política cambiaria que permita sostener un tipo de cambio real de equilibrio, es decir, ni sobre ni subvaluado.  Dado que esto resulta muy difícil de estimar, se podría pecar un poco en la dirección de una ligera subvaluación, pero siempre asegurando que no llegáramos al extremo.


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miércoles, 6 de septiembre de 1995

Lecciones del Modelo Chileno

 

Pulso Económico


Lecciones del Modelo Chileno


Por: Jonathan Heath®


Desde el inicio de esta década, México y Chile habían sido los países modelo para el resto de América Latina.  Ambos aplicaron un esquema similar de abrir la economía al comercio internacional, utilizar más los mecanismos de mercado para asignar eficientemente sus recursos y reducir el papel del Estado dentro de la economía.  Los dos tuvieron problemas de deuda externa a principios de los ochenta.  En ambos países ha surgido una crisis bancaria; en Chile hace diez años, en México hoy en día.  Sin embargo, hubo diferencias básicas entre las estrategias adoptadas.  Hoy en día, México está sumergido en una crisis profunda mientras que Chile está brillando por sus buenos resultados.  ¿Cuáles fueron estas diferencias?

Algunas de las diferencias fueron fundamentales.  Chile realizó su reforma microeconómica antes de abrir su economía.  Mantiene restricciones a la entrada de inversiones de portafolio.  Su política cambiaria consiste en bandas que fluctúan en términos reales.  La autonomía de la Banca Central incluye funciones adicionales no incluidas en el caso mexicano.  Instrumentaron un sistema de ahorro para el retiro mucho más robusto que el mexicano.  Privatizaron su sistema de Seguro Social.  Introdujeron UDI’s (llamadas Unidades de Fomento) hace tiempo, para lidiar con los problemas que causa la inflación sobre los intereses.  Cuando tuvieron problemas mayores de desempleo, las autoridades accedieron a crear un programa emergente de empleo, llamado red social del gobierno, con un alcance más profundo que el actual del gobierno mexicano.  Esto fue algo de lo que aprendí personalmente después de realizar un viaje a Chile hace unos meses.


La reforma microeconómica

Para los chilenos, fue muy importante asegurar que los mercados internos estuvieran funcionando antes de la apertura.  Esto significa que se tuvieron que realizar las desregulaciones primero.  No obstante, esto fue difícil dado que realizaron la desregulación financiera sin tener una cultura financiera ni banqueros de experiencia, lo que finalmente coadyuvó a la crisis bancaria.  Pero si no tienes empresarios genuinamente competidores, no vas a lograr una tasa de crecimiento genuina y sostenida.  En este sentido, la determinación de liberar primero el mercado interno antes del externo, fue esencial.


La política cambiaria

Para evitar la apreciación del tipo de cambio real, Chile fijó su política en función de una cotización llamada el dólar-acuerdo, que es una ponderación de dólar, yen y marco.  A diferencia de México, en donde fijábamos techo y piso de la banda mediante alguna regla, en Chile el acuerdo-dólar se va ajustando sólo en función de las variaciones entre los tipos de cambio de dólar, yen y marco y la propia inflación chilena.  Esta cotización de referencia, siempre es el punto medio de su banda de flotación, ya que tanto el techo como el piso se determinan automáticamente tomando más 10 por ciento para el techo y menos 10 por ciento para el piso, partiendo del acuerdo-dólar.  De esta forma, se garantiza un tipo de cambio real que evita sistemáticamente la sobrevaluación y se ofrece una mayor predictibilidad a la cotización cambiaria con un sistema de flotación dentro de una banda preanunciada.


La autonomía del Banco Central

Reconociendo (tal como lo hace nuestro Plan Nacional de Desarrollo), que la política cambiaria, por su propia naturaleza, es complementaria a la política monetaria, los chilenos no separaron la responsabilidad de las dos políticas como existe actualmente en nuestro país.  La responsabilidad, tanto de la política monetaria como de la política cambiaria, es del Banco Central.  Por lo mismo, a la finalidad primordial del Banco Central se añade un objetivo adicional.  En ambos países los Bancos Centrales buscan asegurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda y propiciar el buen funcionamiento de los sistemas internos de pago.  En el caso del Banco Central de Chile, se agrega el de mantener un funcionamiento normal de los pagos externos, lo cual lo traducen en mantener un déficit razonable de la cuenta corriente.  En este sentido, el Banco Central ha puesto como objetivo que el déficit en la cuenta corriente, como tendencia de mediano y largo plazos, no exceda el rango de 3 a 4 por ciento del PIB.


La administración de fondos de pensión

Para atacar el problema de una insuficiencia de ahorro interno, los chilenos implantaron un sistema de ahorro para el retiro, llamado fondos de pensión.  Las diferencias básicas con el fracaso mexicano del SAR fueron: una tasa de ahorro del 10 por ciento contra 2 por ciento del SAR; cuentas individualizadas desde un inicio para otorgar una transparencia total y hacer sentir a cada persona que es su dinero y no simplemente un impuesto más, a diferencia del SAR que únicamente ofreció una promesa no cumplida de cuentas individualizadas; la eliminación del beneficio anterior de jubilación por parte del Seguro Social a través de un bono de reconocimiento a cada individuo por lo que había pagado al sistema anterior, a diferencia de la experiencia mexicana que agrega el SAR (que es insuficiente) al sistema anterior (que no sirve); y la Superintendencia de Administradoras de Fondos de Pensión en Chile es una entidad autónoma, mientras que en nuestro país la administración del SAR está escondida entre Hacienda y Banco de México.


El programa emergente de empleo

En Chile, durante los años 1982-84, la crisis económica llegó a un nivel tan crítico que el gobierno tuvo que instrumentar un programa de emergencia, llamado “red social”, para afrontar los problemas de pobreza y desempleo.  Se crearon subsidios de alimentos, empleos, etc. y combatieron intensamente los problemas de desnutrición infantil y analfabetismo.  La crisis laboral era tan agobiante que se procedió a implantar esta política que por su naturaleza pudiera parecer muy populista, precisamente el tipo de política que el gobierno mexicano ha buscado evitar.  Las diferencias con el Programa Emergente de Empleo Temporal anunciado por Zedillo, es simplemente el alcance.


Nota final

Como podemos apreciar, son muchas las lecciones que nos ofrece la experiencia chilena.  Si vamos a introducir un sistema de ahorro, más vale hacerlo bien y agresivo.  Si vamos a darle autonomía al Banco Central, hay que incluir la política cambiaria y la responsabilidad de asegurar los pagos externos.  Si vamos a abrir la economía al exterior, vamos a asegurar primero la eficiencia interna.  Si establecemos una nueva política cambiaria, hagámoslo de tal manera que evite la sobrevaluación.  Si queremos mitigar el problema del desempleo, vamos al fondo.  Al final de cuentas, a ellos les funcionó y a nosotros no.  Mi máximo reconocimiento al pueblo chileno que está bien encaminado para resolver sus problemas.


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jueves, 31 de agosto de 1995

Confusiones en Torno a las Cifras de la Política Monetaria

Pulso Económico


Confusiones en Torno a las Cifras de la Política Monetaria


Por: Jonathan Heath®


El año pasado hubo una expansión importante del crédito interno neto del Banco de México. Muchos analistas sostienen que esta expansión facilitó las salidas de capital del año pasado y al final de cuentas, jugó un papel fundamental en la determinación de la devaluación de diciembre pasado. No obstante, el Banco de México argumenta que esta expansión fue una reposición necesaria de la liquidez que salía del país como consecuencia de ciertos actos delictivos conocidos.  Dado que interpretaron que estos eventos habían causado salidas temporales de capital, decidieron no restringir la liquidez para no provocar aumentos mayores en las tasas de interés, que hubieran complicado más la crisis bancaria.


Independientemente del resultado final de este debate, la credibilidad de esta institución resultó dañada, justamente en el primer año de su autonomía.  Para restablecer la confianza del público, el Banco de México anunció una meta techo en cuanto al crédito interno neto para el año.  De esta manera, el crédito interno neto no podrá rebasar los 10 mil millones de nuevos pesos (mmnp) durante el año, lo cual ayudara a poner un tope al crecimiento de la base monetaria para el año. Comparado con 1994 y tomando en cuenta la inflación esperada de este año, esto representa un freno importante para la base monetaria y por lo tanto, para los agregados monetarios.  Definitivamente, es la parte medular de la estrategia antiinflacionaria para el año.


Hasta ahora ha sido muy efectivo: se ha reducido la inflación del 8.0 por ciento de abril a 2.0 por ciento en julio y se estima que será de menos del dos por ciento en agosto.  Dado que la inflación esperada ha disminuido, las tasas de interés han bajado sustancialmente, permitiendo un alivio importante para las empresas y los deudores de la banca en general.


Sin embargo, se ha permeado una confusión acerca del techo de los 10 mmnp.  Por un lado, muchos analistas en México han argumentado que la política monetaria ha sido mucho más restrictiva de lo necesario y que esto ha provocado, entre otras cosas, la caída tan pronunciada en el PIB (de 10.5 por ciento en el segundo trimestre del año).  Observando las cifras que reporta el Banco de México sobre este rubro, se puede ver que se ha sostenido una cifra promedio negativa de 35 mmnp durante los últimos meses, dejando un margen de 45 mmnp de expansión posibles.  Siendo esta cifra nada despreciable, las autoridades monetarias podrían aumentar la liquidez de la economía en forma importante, ayudando a las empresas en problemas y todavía cumplir con sus metas.  ¿Por qué no lo hacen?


Por otro lado, los analistas extranjeros han afirmado que este techo se debe calcular empleando la definición de las reservas netas del FMI, que difiere de la que utiliza el Banco de México.  Esto significa que las cifras que nos reportan no sirven para medir el cumplimiento de las metas de las autoridades monetarias.  ¿Entonces por qué nos reportan cifras que no nos sirven?


La siguiente confusión radica en el cálculo de las reservas internacionales.  Como sabemos, el Banco de México nos reporta ahora semanalmente las reservas netas según como lo define la Ley del Banco.  Estas son las mismas reservas de las que nos informaban únicamente tres veces al año y que se conocen como las reservas brutas (los activos internacionales del banco), menos las obligaciones menores de seis meses con el exterior.  Anteriormente, los analistas manejaban otras dos definiciones que podríamos conocer mes a mes pero con mucho retraso: las reservas brutas, que se tomaban de la hoja de Recursos del Banco de los Indicadores Económicos de la misma institución; y las reservas netas (llamémoslas las reservas netas-netas para diferenciarlas de la definición del Banco), que se calculaban restando las obligaciones con el sector externo de la hoja de Obligaciones del Banco. Hoy en día ya no podemos calcular estas definiciones dado que el Banco modificó su presentación de Recursos y Obligaciones.


A toda esta confusión debemos agregar una cuarta definición: la del FMI.  Ellos toman las reservas brutas y les restan las obligaciones que existen con su propia institución (además de algunas diferencias en cuanto a la valorización del oro y la plata).  En tiempos pasados, esta definición se acercaba mucho a la de la reserva neta-neta, ya que casi todas las obligaciones con el exterior eran con el propio FMI.  Al mismo tiempo, los analistas sostenían que las obligaciones menores a seis meses siempre fluctuaban entre 300 y 900 millones de dólares (mdd), por lo que conociendo las reservas brutas, se les restaban 500 mdd y teníamos una aproximación a las reservas que manejaba la definición propia del Banco.


Con la nueva presentación de los datos por el Banco de México, ganamos en que ahora sabemos semanalmente las reservas según la definición de la ley del Banco, y perdimos, porque ya no podemos calcular las reservas brutas, ni las netas-netas.


La confusión continua con el cálculo de las reservas según el FMI.  Algunos dicen que simplemente le restamos a las reservas que presenta el Banco de México, los pasivos que tenemos con el FMI, que se reportan semanalmente.  Si esto fuera el caso, las cifras del crédito interno neto andarían por los 44 mmnp, sustancialmente por arriba del techo permitido.  Sin embargo, este no es el caso.


Para poder calcular las reservas del FMI, tenemos que partir de las reservas brutas (que no podemos calcular).  Las podemos aproximar suponiendo que las obligaciones de corto plazo andan alrededor de los 700 mdd, cifra que sumamos a las reservas (en dólares) que publica el Banco. Ahora les restamos las obligaciones con el FMI, tomando los pasivos que reporta semanalmente (convertidos a dólares).


Para poder calcular el crédito interno neto que utiliza el FMI para medir el techo permitido, no podemos simplemente restar esta cifra (convertida en pesos) a la base monetaria.  Debemos ahora tomar la cifra y restárselo al nivel de reservas netas (de la definición del FMI), al 31 de diciembre de 1994, para calcular el flujo.  El resultado lo multiplicamos por un tipo de cambio promedio de los últimos siete meses y se lo restamos a la variación que ha tenido la base desde el 31 de diciembre. En otras palabras, el techo de los 10 mmnp se debe interpretar como el flujo máximo que puede crecer el crédito interno neto, partiendo de la definición de reservas del FMI.


La cifra que resulta es muy cercana a cero, lo cual implica que el Banco de México está cumpliendo con las metas y tiene un poco de margen para acomodar el aumento en la demanda estacional que se presenta hacia finales de año.


¿Complicado?  Bastante.  El problema radica en que la nueva filosofía del Banco de México en torno a la publicación semanal de las reservas y demás cifras, es darle mucho más transparencia a las cifras monetarias. Yo propongo, dentro de este mismo espíritu, que el Banco de a conocer también semanalmente toda la información necesaria para calcular la definición de reservas del FMI; que nos proporcione las cifras del crédito interno neto que se utilice para calcular las metas; que publique la metodología exacta para realizar los cálculos; y que de a conocer todas las metas trimestrales y no únicamente las anuales.


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jueves, 24 de agosto de 1995

Las Salidas de Capital del Año Pasado

 

Pulso Económico


Las Salidas de Capital del Año Pasado


Por: Jonathan Heath®


El Washington Post publicó el lunes pasado, los resultados de un estudio del Fondo Monetario Internacional en el que se dice que la crisis fue más resultado de salidas de capital de los mexicanos que de los extranjeros.  ¿Será cierto?  Esta idea fue el punto central de mi columna en este mismo espacio el 15 de junio pasado y fue la hipótesis que presenté hace un par de semanas en un seminario organizado por la UNAM, titulado “Mercado de Valores: Desarrollo Económico, Integración y Crisis”.

He sostenido que se debe diferenciar el comportamiento entre el inversionista mexicano y el extranjero ante las variaciones en el tipo de cambio esperado.  Cuando éste aumenta, es decir, aumentan las probabilidades de una devaluación, el mexicano responde rápidamente cambiando su capital a dólares.  La experiencia de varias devaluaciones repentinas, la conversión forzosa de depósitos en dólares a pesos y la introducción del control de cambios, nos han enseñado que primero hay que convertir a dólares y después preguntar.  En cambio, el inversionista extranjero utiliza su amplia experiencia internacional para comparar el riesgo con otros países, momentos y circunstancias.  Después, fríamente, toma su decisión.

El mejor ejemplo de este comportamiento diferenciado lo pudimos observar después del asesinato de Colosio.  En los siguientes 30 días a este evento trágico, las reservas internacionales disminuyeron en casi 11 mil millones de dólares.  Específicamente, la tenencia de valores gubernamentales en circulación pasó de 130,252.1 millones de nuevos pesos (mnp) en marzo de 1994, a 108,957.3 mnp en abril del mismo año; una caída de 21,294.8 mnp en un mes (6,517.6 millones de dólares), es decir, una disminución del 16.4 por ciento.  Sin embargo, si analizamos estas mismas cifras por nacionalidad, encontramos que la tenencia en manos de mexicanos disminuyó 15,806 mnp, mientras que la tenencia en manos de extranjeros cayó únicamente en 5,488.6 mnp, siendo que en marzo el 59.9 por ciento de la tenencia total estaba en manos de extranjeros.

Hubo una venta masiva de Cetes, tanto por extranjeros como por nacionales.  Los extranjeros disminuyeron su tenencia de Cetes en 14,912.9 mnp, mientras que la tenencia en manos de nacionales disminuyó 17,621.8 mnp.  Sin embargo, la mayoría de los extranjeros vendieron Cetes y compraron Tesobonos, aumentando su tenencia en Tesobonos en 13,646.7 mnp (4,263.3 millones de dólares), ya que sentían que el mayor riesgo radicaba en la posibilidad de una devaluación y con los Tesobonos quedaban protegidos.  En cambio, los registros indican una venta masiva de Cetes en manos de mexicanos, sin un aumento correspondiente en Tesobonos, ya que la tenencia en manos de mexicanos aumentó únicamente 6,273 mnp.  De esta manera, se observa que el 74.2 por ciento de las salidas de capital durante el mes de abril fue de mexicanos en lo que respecta al mercado de dinero.

Durante los siguientes cuatro meses, es decir, entre mayo y agosto, hubo una cierta repatriación de este capital, observándose un aumento en la tenencia de valores gubernamentales de 13,463.1 mnp.  Sin embargo, el 90.7 por ciento fue de extranjeros.  De esta manera, si tomamos el flujo total de abril a agosto, la tenencia total disminuyó en 7,831.7 mnp, de los cuales los mexicanos sacaron 14,547.5 mnp (fuga de capital) y los extranjeros trajeron 6,715.8 mnp (entradas de capital).  En otras palabras, el capital que trajeron los extranjeros durante este periodo ayudó a financiar las salidas de capital de los mexicanos, en ausencia de una política monetaria más restrictiva.

Ahora examinemos las cifras acumuladas de abril a noviembre.  Los extranjeros aumentaron su tenencia en valores gubernamentales durante este periodo en 69.0 mnp, es decir, el saldo final fue que terminaron por sacar lo que trajeron durante el periodo, manteniendo casi el mismo saldo de noviembre de lo que habían tenido en marzo.  Es más, su contribución total a nuestro país en los primeros once meses del año fue positivo, registrando 8,280.6 mnp de entradas al país, equivalentes a 2,400.3 millones de dólares (al tipo de cambio de 3.45 de noviembre).  Con estos números, difícilmente se puede argumentar que los extranjeros contribuyeron a la crisis.

En cambio, los mexicanos disminuyeron su tenencia entre abril y noviembre en 17,450.7 mnp.  Su saldo final durante los primeros once meses del año fue una disminución de 22,376.7 mnp, equivalentes a 6,486.4 millones de dólares.  Se podría argumentar que no todo este dinero fueron salidas de capital.  Sin embargo, creo que sería una posición medio ingenua.

Esto nos demuestra que los extranjeros seguían confiando en la habilidad del gobierno para manejar la crisis iniciada por el asesinato de Colosio y simplemente se cubrieron del riesgo cambiario.  A pesar de que las tasas de interés se estaban incrementando durante este periodo en los Estados Unidos, los extranjeros aumentaron su participación en nuestro país.  En cambio, nosotros reaccionamos más en forma especulativa, provocando la mayor parte de las fugas de capital.

¿Podemos culpar a los inversionistas mexicanos?  ¿Son malos mexicanos?  Creo que no.  Simplemente estaban buscando proteger su ahorro.  Actuaron en forma racional, en base a su experiencia.  Después de tantos sexenios en que hemos perdido una y otra vez nuestro patrimonio, no podemos esperar una respuesta diferente.  Más bien, la culpa la tienen los forjadores de nuestra política económica, que han buscado la sobrevivencia de un sistema político obsoleto por encima de los intereses de la mayoría de los mexicanos.


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