jueves, 6 de abril de 2000

La Guerra de las Calificadoras

 

Pulso Económico


La Guerra de las Calificadoras


Por: Jonathan Heath®


Las empresas calificadoras del riesgo país han intensificado su competencia a través de apreciaciones muy distintas de la situación actual en México.

Actualmente existen cinco empresas reconocidas que se dedican al negocio de calificar a países y empresas.  De las cinco, dos son las más grandes y las que gozan de mayor prestigio.  La primera es Standard & Poor’s, conocida por sus siglas como S&P, mientras que la segunda es Moody’s Investor Service, conocida simplemente como Moody’s.  Las dos siguientes, Fitch IBCA de Londres y Duff & Phelps (D&P) de Nueva York, anunciaron hace poco su fusión y todavía no queda claro cuál de las dos terminará por dominar.  La otra es Thompson Financial Bankwatch, de Canadá, conocida como Bankwatch.  Aunque es la menos acreditada, parece que su especialización es la calificación de bancos.  Es interesante observar como cada una de estas empresas tiene una opinión distinta sobre el riesgo que representa nuestro país para la comunidad financiera internacional.

De todas, Moody’s es la más optimista sobre México.  Es la única que nos da grado de inversión, que es una clase superior en la amplia escala de calificaciones.  “Grado de inversión” significa que las características predominantes del país son buenas y que su capacidad de pago de intereses y principal no está sujeta a especulación, por lo que se considera una buena inversión.  El analista principal de esta empresa para México, Luis Ernesto Martínez, considera que no existe incertidumbre de importancia en nuestro país.  El piensa que en México la democracia ha madurado mucho y es tan sólida que el proceso de la sucesión presidencial ha dejado de representar un punto de vulnerabilidad.  Lo más importante es que las relaciones de deuda externa a PIB y a exportaciones han mejorado mucho y que el perfil de amortización es de los mejores entre los mercados emergentes.  Sin una carga excesiva de deuda a corto plazo y con un manejo muy profesional del crédito público, no existe riesgo alguno de incumplimiento en las obligaciones al exterior.

S&P reconoce la mejoría que ha sustentado México en los últimos años y que la vulnerabilidad a shocks externos ha disminuido sustancialmente.  Sin embargo, su analista principal, Boris Segura, opina que la fragilidad del sistema bancario es un factor grave.  Tiene implicaciones fiscales y microeconómicas que ante circunstancias adversas pudiera dificultar el pago oportuno de las obligaciones al exterior.  También considera que la falta de consensos políticos y las dificultades que representa la sucesión presidencial son señas de una falta de maduración política.  Por lo mismo, considera que México está un nivel por debajo del grado de inversión y aunque la clasifica como especulativa, está cerca del umbral que separa las dos clasificaciones mayores.

La fusión de D&P con Fitch representa una confusión para el caso de México, ya que las dos empresas sostenían puntos de vista y calificaciones diferentes.  El analista de D&P, Jaime Sanz, tiene un análisis similar a S&P y por lo tanto le da la misma calificación.  Existe una coincidencia sobre los riesgos políticos inherentes a la transición hacia un sistema más plural y democrático, sin embargo, le da más importancia al bajo nivel de ahorro interno y opina que la posición de liquidez externa es aún frágil.  Pero existe un contraste con el analista de Fitch, Richard Fox, que alega que México tiene la mayor deuda de corto plazo de cualquier país de América Latina y que la deuda externa de corto plazo, junto con la baja tasa de liquidez externa, nos hace vulnerable a shocks externos.  Por lo mismo, Fitch coloca a México a dos niveles por debajo del grado de inversión y por sus comentarios, uno pensaría que nuestra perspectiva sería negativa.

Lo que sorprende del análisis de Fitch es su falta de profesionalismo y la superficialidad de su análisis, ya que el analista no está enterado del manejo de la deuda externa que ha realizado Hacienda en el transcurso de los últimos años.  A pesar de que toda la información está disponible por Internet y se publica un informe trimestral, Fitch basa su análisis en las cifras de la publicación ya obsoleta del Databook, que surgió de los compromisos de México con los bancos acreedores a raíz de la renegociación de la deuda externa de 1983.  Sin embargo, es de esperar que predomine el análisis superior de D&P en el proceso de fusión que se lleva a cabo.

Igualmente sorprende la calificación de Bankwatch, que hasta la semana pasada era de tres niveles por debajo del grado de inversión.  Parece que su analista Luis Bravo Aguilera le da mucha importancia a la incertidumbre generada por la sucesión presidencial.

¿Quién tendrá la razón?


Sugerencias y comentarios al email: heath@infosel.net.mx


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