jueves, 20 de marzo de 1997

El Consumo y la Distribución del Ingreso

 

Pulso Económico


El Consumo y la Distribución del Ingreso


Por: Jonathan Heath


El viernes pasado, el INEGI dio a conocer las cifras sobre la actividad económica correspondientes al último trimestre del año anterior, pero ahora por el lado de la demanda.

Obviamente, estos datos confirman las cifras del Producto Interno Bruto (PIB) por el lado de la oferta, dadas a conocer hacia casi un mes, en las que se observa claramente una firme recuperación de la economía.

Las cifras más sobresalientes son el crecimiento de 34.2 por ciento en el consumo privado de bienes duraderos y el aumento de 35.0 por ciento en la inversión privada, ambas con respecto al mismo trimestre del periodo, anterior.

La recuperación en las ventas de los bienes duraderos es significativa, dado que nos regresa e un nivel muy cerca del que existía en el mismo trimestre de 1994 (1.4 por ciento abajo). Sin embargo, con todo y el aumento significativo en la inversión privada, todavía estamos 18.5 por ciento por debajo del mismo periodo de 1994.

A pesar de la recuperación en el consumo privado, algunos de los datos llaman la atención.  El consumo total viene recobrando terreno con respecto al año pasado, aunque todavía se encuentra muy por debajo de los niveles de 1994.  Esto no nos debe de sorprender, dada la caída tan significativa en el poder adquisitivo de los salarios y los desajustes que han existido en el mercado laboral.  Sin embargo, las cifras revisadas muestran un comportamiento extraño en su descomposición, entre bienes duraderos, no duraderos y servicios.

Anteriormente, las cifras para 1995 reflejaban una caída dramática en el consumo de bienes duraderos, una disminución en el rubro de servicios y un crecimiento pequeño en el consumo de bienes no-duraderos.  Esto tenía sentido, dado que se podría interpretar como que la mayoría de la población había dejado de comprar coches, refrigerados y estufas, había dejado de ir al dentista y a los restaurantes, pero todavía comía bien y tomaba cervezas.  En un lo de recesión este comportamiento parece razonable.

Pero ahora las cifras revisadas muestra en 1995 una baja importante en el consumo de bienes no-duraderos y un aumento en los servicios con respecto a las cifras anteriores, mientras que el consumo de los bienes duraderos se presenta con una caída menor.

A pesar de que la disminución en los bienes duraderos es menor que antes, se registra aún una caída significativa de 32.8 por ciento.  Sin embargo, la cifras que no parecen tener sentido son las del consumo de bienes no-duraderos y los servicios.

Según las cifras revisadas, el consumo de los bienes no-duraderos cayó más que el de los servicios.  Esto significa que dejamos de comer y de comprar ropa, pero seguimos yendo al cine y al médico.  Habría que buscar una explicación adecuada a este comportamiento, dado que a primera vista no obedece a la lógica económica.

Tampoco tiene sentido las cifras revisadas para 1996.  Existen una recuperación importante en el consumo de servicios, a tal grado que hemos regresado al mismo nivel observado en el último trimestre de 1994.  No obstante, sigue el deterioro en el consumo de bienes no-duraderos y se presenta una disminución en siete de los últimos ocho trimestres (la única excepción fue el primer trimestre de 1996).

En el último trimestre del año pasado, el consumo de bienes percederos estaba todavía 12.9 por ciento por debajo de lo observado hace dos años.  Mientras que se ve una recuperación muy sólida en el consumo de bienes duraderos y en los servicios, se mantiene el deterioro en el consumo de los bienes más necesarios.

Para poder entender esta aparente irracionalidad, tenemos que examinar los niveles de consumo y no únicamente observar las tasas de crecimiento.  Los bienes de consumo duraderos son los coches, televisores y demás, que normalmente l mayoría de la población no consume en grandes cantidades. Representan menos del 10 por ciento del total de consumo.  El hecho de que su consumo haya aumentado tanto seguramente obedece a que las clases media y más acomodada han sentido la recuperación en forma importante.  Este mismo segmento de la población también está utilizando más servicios.  Sin embargo, las clases más empobrecidas, que nunca llegan a comprar un coche, ir al cine o visitar a un dentista y cuyo consumo está caso totalmente localizado en los bienes no-duraderos, es decir, tortillas, leche, zapatos y jitomates, no han visto ninguna recuperación en sus salarios.  Mas bien, siguen observando cómo se va deteriorando su poder adquisitivo.

Esta parte de nuestra población no tiene ninguna riqueza cumulada, sino que vive al día de sus salarios.

Las estadísticas que produce el INEGI nos dicen que casi el 50 por ciento de la población que trabaja, gana dos veces el salario mínimo o menos.  Seguramente estamos observando los efectos de un deterioro de la distribución del ingreso como resultado de la recesión económica.

Los segmentos qie han repuntado son aquellos relacionados con el mercado de exportación, o bien, el secor moderno de la economía.  La mayoría de las personas que han encontrado trabajo en las empresas exportadoras o en las empresas con tecnologías de vanguardia, tienen ingresos mayores y seguramente se encuentran entre las clases media y alta.  En cambio, la mayoría de las personas que trabajan en el sector informal o en los segmentos más tradicionales de la economía, son los que menos ingresos perciben y los que más han padecido los efectos negativos de la crisis.

Una persona de la clase media o media alta que haya perdido su trabajo, tuvo que posponer la compra de su automóvil nuevo por seis meses.  Quizás en los casos más graves, tiene que utilizar un volkswagen viejito como su coche para el “hoy no circula”.  Otra persona de clase media baja en las mismas circunstancias, no puede darse el lujo de un coche adicional y comparte un coche viejo con su esposa en os días que no puede circular. Para algunos, la recesión significó cancelar sus vacaciones a Acapulco. Para otros, es todavía peor situación, tener que vender su único coche y sujetarse al transporte público.-

En cambio, más del 50 por ciento dela población, de las clases más bajas, tuvo que dejar de comer carne, ni siquiera una vez a la semana; tuvieron que sacar a sus hijos de la escuela y tienen que aguantar los agujeros en los zapatos por lo menos por otro año.

Lo más difícil de una crisis económica es el deterioro que ocasiona sobre la distribución del ingreso.  Cada vez los pobres son más pobres, mientras que los ricos acumulan más riqueza y la diferencia entre los dos extremos se agiganta.



Comentarios, observaciones y críticas al Email: heath@infosel.net.mx


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