jueves, 9 de enero de 1997

¿Ajustes a la Política Cambiaria?

 Pulso Económico


¿Ajustes a la Política Cambiaria?


Por: Jonathan Heath


En los últimos días el tipo de cambio se ha apreciado como resultado de una entrada de dólares a la economía mexicana mayor a la demanda.

Este fenómeno se ha visto reflejado en una baja importante en las tasas de interés y un aumento en el índice de precios y cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores.  Algunos dicen que es resultado de una mejoría en las perspectivas de las economía, mientras que otros afirman que regresó la confianza al mercado mexicano.  Sin embargo, algunos muestran preocupaciones por esta apreciación de la moneda por el efecto que pueda tener sobre la economía real, es decir, no sobre la parte financiera sino más bien en las posibilidades de producción y distribución de los bienes y servicios.

El argumento es bien conocido por todos.  La apreciación de la moneda ayuda a reducir las presiones inflacionarias y disminuye el costo de los insumos importados.  No obstante, provoca una tendencia deficitaria en la balanza comercial al ser más baratas las importaciones y más caras las exportaciones.  Esto a su vez hace más vulnerable la balanza de pagos y puede llegar a provocar una devaluación.  Mientras tanto, para atraer más capital para financiar el déficit, suben las tasas de interés y obstaculizan el crecimiento económico.

Para evitar la situación descrita, el Banco de México ha instrumentado una política cambiaria de flotación, en la que el tipo de cambio se va fijando día con día a través de la oferta y la demanda.  Anteriormente, el Banco Central mantenía una cantidad de dólares en reserva y la utilizaba para asegurar que el tipo de cambio se mantuviera dentro de una banda preestablecida.  El problema surgía cuando las reservas se agotaban y ya no se podía mantener un tipo de cambio dado.  Ahora el Banco ya  no se preocupa por mantener reservas ya que no las necesita.  Si existen presiones en el mercado, el tipo de cambio se ajusta inmediatamente..

Aunque la teoría dice que el régimen cambiario de flotación es el recomendado bajo las circunstancias actuales, existe una discrepancia entre el equilibrio de corto y de largo plazos.  Mientras que el equilibrio de corto plazo se da inmediatamente a través de la oferta y la demanda, el de largo plazo se determina a través de la diferencia de inflación entre México y el resto del mundo (entre otras cosas).  De esta manera, si existe más inflación en nuestro País, se puede tener la seguridad que en el futuro el tipo de cambio se va a ajustar en esa dirección.

El problema que estamos viendo surge cuando la diferencia entre el equilibrio de corto plazo (el tipo de cambio del día) empieza a discrepar notablemente con el equilibrio percibido de largo plazo.  Sabemos que el tipo de cambio se va a ajustar en un momento dado, pero no cuándo ni necesariamente cuánto.  Lo peor viene cuando observamos que los ajustes que se dan en forma desordenada.

Ya hemos experimentado dos momentos difíciles de ajuste: uno entre septiembre y noviembre de 1995 y el otro en octubre del año pasado.  El ajuste no se da de manera gradual, sino a través de mucha volatilidad.  Esto provoca una alza importante en las tasa de interés y mucho desconcierto para el empresario.  Precisamente ahora que el tipo de cambio se empieza a fortalecer de nuevo y las tasas de interés van bajando, volvemos poco a poco a tener una situación vulnerable que seguramente terminará con un ajuste.

Para eliminar estas incertidumbres han existido varias propuestas de modificación de la política cambiaria.  Sin embargo, la que más se ha escuchado últimamente es la de establecer una banda inferior al tipo de cambio que evite la apreciación, pero sin banda superior para no regresar al régimen anterior.  Como una variante, se ha dicho que se debe fijar una política cambiaria similar al esquema chileno que busca fijar el tipo de cambio real.  Como resultado de estas propuestas, podríamos acumular más reservas.

Hemos escuchado los beneficios de una banda inferior y de una mayor acumulación de reservas internacionales.  No obstante, esta política tiene también sus costos.  El primero es que la acumulación de reservas tiene un costo fiscal para el Gobierno que es la diferencia entre nuestra tasa de interés y la tasa externa.  Por ejemplo, hoy en día Chile mantiene una reserva muy elevada que implica no solamente un costo de oportunidad de utilizar esos recursos en otro fin, sino que no pueden hacer nada para reducir.  Su reserva en términos equivalentes (en números de meses de importaciones) a México, sería como mantener 120 mil millones de dólares, lo cual implicaría un costo anual de 18 mil millones de dólares.

Antes de pensar en un esquema que facilite la acumulación de reservas, tenemos que pensar en sus consecuencias.  El Gobierno Federal busca reestructurar el patrón de amortizaciones de la deuda externa con la exterior.  En la medida en que se logre, va a ser más fácil para el Banco Central acumular reservas.  Sin embargo, con mayores reservas van a existir mayores presiones políticas para modificar el régimen cambiario, ya sea para establecer bandas de intervención o para utilizarlas para defender un tipo de cambio determinado.

Una política cambiaria de este tipo podría provocar mayores flujos de capital con la obligación de comprar divisas.  Estaríamos regresando a una dependencia mayor sobre los flujos de capital del exterior y al mismo tiempo, incurriendo en una política costosa.  Si se va a mantener una política de flotación, no se necesita una acumulación mayor de reservas.  Si las reservas aumentan mucho, el costo de oportunidad aumentaría en forma absurda, especialmente si consideramos que únicamente sirven para propósitos del “show”.

El simple hecho de tener mayores reservas será fuente de presión para fijar el tipo de cambio o establecer una política de bandas.  Si n un momento dado existe un choque que causara una depreciación repentina, seguramente habrá presiones para utilizar las reservas para minimizar las fluctuaciones, lo cual sería equivalente a una banda superior.  En otras palabras, ya mayor acumulación de reservas puede llevarnos de regreso a los mismos problemas que existían antes de la devaluación.

Antes de considerar cambios en la política cambiaria o una política de acumulación de reservas, debemos considerar el costo y el riesgo.


Comentarios, observaciones y críticas al Email: heath@infosel.net.mx


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